FICHA TÉCNICA



Título obra Abolición de la propiedad

Autoría José Agustín

Dirección Mario Alcántara

Elenco Patricia Myers, Enrique Caballero

Música Grupo Ramsés

Grupos y compañías Tepito Arte Acá

Espacios teatrales Compañía Shakespeare

Notas En el texto aparece el nombre de la compañía como Arte, Acá Tepito

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Abolición de la propiedad, rock y política ” en El Día, 16 mayo 1983, p. 26.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Abolición de la propiedad, rock y política

Malkah Rabell

En esta Abolición de la propiedad, no hay ni abolición, ni propiedad, como en La cantante calva de Ionesco no había ni cantante ni calva. Obra para dos personajes del novelista mexicano José Agustín, su género es difícil de dilucidar. Estrenada en el nuevo espacio teatral: Compañía Shakespeare, por un grupo que se autodenomina: Arte, Acá Tepito, presenta a dos jóvenes que se encuentran inesperadamente en una casa algo secreta, cuyos dueños se han ausentado. Y mientras esperan la vuelta de una misteriosa Carmen, platican, se agreden, se rechazan, y Norma, la figura femenina hace gala de una agresividad poco común. Este encuentro evolúa [sic] durante dos horas entre el realismo y el hermetismo. La muchacha ha de ser el prototipo de la actual joven politizada, feminista y mujer liberada. Lo que es en realidad, es una muchacha "sangrona" (valga la palabra) desfachatada, insoportable y bastante estúpida. Está lleno de odios, hacia los hombres, hacia los pueblos, los desarrollados y los subdesarrollados, y hasta el mundo entero. A sí misma se considera como un dechado de todas las virtudes: va a las manifestaciones, asiste a los mítines, lee a Carlos Marx, ayuda en las huelgas, canta rock y ama a los Beatles. En cambio, basta que su recién conocido compañero lleve pantalones para mostrarle las uñas, llamarlo: "machito mexicano" y hasta agredirlo a puñetazos. Todo el diálogo de los primeros 60 minutos se antoja de una especial idiotez. Por fortuna el dramaturgo con mucha habilidad logra llegar a un clímax final absolutamente inesperado.

Ese final inesperado puede tener dos explicaciones. O bien existe un misterio en el cual cree el dramaturgo y le gusta (a mí también): una grabadora que en manos de la joven desarrolla las escenas verbales que más tarde suceden realmente entre esa extraña pareja, y crean ese estado de espíritu que suelen inspirar en mucha gente un sentimiento como de ya visto, de ya sucedido. O bien esas voces misteriosas, premonitorias escuchadas por la muchacha, sólo existen en su mente perturbada, y vanamente trata ella de convencer a su compañero de su existencia. Las dos soluciones son interesantes.

Es bien sabido que para sostener el interés de un texto dramático que sólo cuenta con dos personajes, se necesita la presencia de sendos magníficos actores, de dos intérpretes con especial fuerza profesional. No es este el caso ni mucho menos. En el papel de Norma, la joven "politizada", Patricia Myers no estaba mal. Tiene voz clara y agilidad escénica, y es bastante natural. Físicamente es muy apropiada para semejante tipo de mujer. Además canta, no sé si bien o mal. El rock resulta tan ruidoso con sus guitarras eléctricas, que ignoro si la cantante cantaba, aullaba o gritaba. A veces realmente lanzaba gritos estridentes que parecían ser muy del gusto del público. En cuanto al papel de Everio, el joven que quedaba siempre malparado ante la "brillantez" de su compañera, Enrique Caballero da toda la impresión de hallarse por primera vez en el escenario, y le falta mucho aún para adquirir profesionalidad. Puede ser que su falta de oficio lo disminuía no sólo a los ojos de Norma, sino del público. Probablemente un buen actor hubiera sabido triunfar en ese match verbal de la pareja.

Creo que el joven director Mario Alcántara aportó mucho a la obra y ayudó a que ese texto anti-dramático, antiteatral, resulte más accesible a un público de teatro. Mis únicos conocimientos de las actividades creativas de Mario Alcántara fueron hace unos años cuando el joven director de Tepito montó en el teatro Galeón otra obra dramática de José Agustín: El círculo vicioso, bella obra, muy emotiva, bien montada y que contaba con un grupo de jóvenes actores competentes.

Para quienes aman el rock, la intervención del grupo Ramsés, formado por cuatro músicos, dos de ellos improvisados como actores, debe haber significado un auténtico placer. Sobre todo sus oídos deben haber gozado con tanto ruido.