FICHA TÉCNICA



Título obra El juego que todos jugamos

Autoría Alejandro Jodorowsky

Dirección José de Jesús Terraza

Elenco Javier Rodenas, Fernando Nesme, Rocío Zazua, Marta Garay, Alfonso Carranco, Isabel Anaya

Espacios teatrales Teatro 20 de noviembre

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El juego que todos jugamos” en El Día, 9 mayo 1983, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El juego que todos jugamos

Malkah Rabell

Espectáculo que se hizo famoso en 1971, cuando Alejandro Jodorowsky, lo escribió y puso en escena, todavía impresiona a público, critica y gente del teatro en general, y lo vuelven a montar en los lugares menos esperados, como escuelas, institutos, festivales, o simplemente, con grupos de aficionados. Actualmente se inició su presentación en el teatro 20 de Noviembre bajo la dirección de José de Jesús Terrazas, y aunque el púbico ya no responde con igual entusiasmo que hace 13 años, la interrogante sigue abierta: ¿por qué esta "obra" de Jodorowsky sigue vigente?

Espectáculo con pretensiones más filosóficas que dramáticas, realizado con todo lo que no quise hacer" según dice el autor, creo que su secreto reside sobre todo en el gusto que tiene el público, todos los públicos del mundo, por sentirse "inteligentes" a muy bajo precio y con muy poco esfuerzo. El hombre ama lo que entiende. Y nada más fácil de entender que la "profunda" filosofía de la vida que le endilga el texto jodorowskiano. Son las mismas verdades que ya hemos oído a maestros de escuela primaria, a sacerdotes, o a oradores demagógicos de izquierda o de derecha en mítines de masa. Verdades que en el teatro adquieren su valor cuando las sostiene la dramaticidad o la poesía. Lo que aquí no es el caso. Mas, esta vez las obviedades vienen preparadas a la salsa vanguardista, lo que le da un sabor novedoso y audaz para ciertos gustos. Aún recuerdo la buena voluntad de aquel público de hace 13 años, que se traslucía en las respuestas que daban a Saldaña. Aunque por fortuna la nueva dirección de José Jesús Terrazas ha suprimido muchas actitudes excesivamente pretenciosas, lo que aligera la obra y recorta la duración del espectáculo de 3 horas a una y media. Sí, aún recuerdo los esfuerzos que hacia Saldaña en una especie de entrevista colectiva con el auditorio, al cual trataba de sonsacar respuestas audaces, afirmaciones escandalosas. y sólo recibía las más clásicas y tradicionales contestaciones: "Amo a mi mamá: amor materno es lo más grande" o "la moralidad debe ser nuestra regla de conducta". Y si Alejandro creyó sublevarse contra la sociedad de consumo, esta sociedad lo aceptó como a un profeta de su propia moral. Y hasta había buenas amas de casa que reclamaban para Jodorowsky el Zócalo para llevar su tan adoctrinadora representación.

Hoy, el público se muestra menos entusiasta. Ya no cree que estrecharse las manos en la oscuridad de la sala le va a ayudar a superar la crisis. ¿Ha madurado? No lo creo. Simplemente el auditorio que iba a escuchar a Alejandro, estaba dispuesto a entregárselo como a un genio, como a una voz mesiánica. No sucede lo mismo con el auditorio que asiste a este espectáculo en el 20 de Noviembre, donde ya se hizo costumbre ver representaciones más fáciles, como La ratonera. Parece, según me ha dicho el director José de Jesús Terraza que El juego que todos jugamosno gusta mucho al público, pero encanta a la crítica. ¿Será que la crítica ha madurado menos que el espectador? Más bien creo que ante esta representación mucho menos pretenciosa que la de su estreno, el crítico se siente más inclinado a mostrarse benévolamente y a simpatizar con los nuevos organizadores.

Y algo más. Este espectáculo llevado a cabo por un reparto de muy jóvenes intérpretes, por actores principiantes, con muchos bríos y entusiasmo, con mucha entrega y disciplina, resulta simpático, y el tanto "bla-bla-bla". los "rollos" (como hoy se da en llamar a los excesivos discursos), se hacen menos "mesiánicos". Desde luego, la famosa moral del "hombre pequeño" que sólo ve la paja en el ojo ajeno, e ignora la viga en el propio, es tan vieja como el mundo, y la repentina introducción del nombre y de las teorías del psicólogo alemán, Wilhelm Reich, se hace bastante tirado de los pelos. Pero, dicho todo ello por estos seis jóvenes actores: Javier Rodenas, Fernando Nesme, Rocío Zuazua, Marta Garay, Alfonso Carranco, y sobre todo Isabel Anaya, adquiere ángel, simpatía y nos hace sonreír con benevolencia. Con mucha más benevolencia que ante actores profesionales de mayor categoría.