FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre y la danza

Elenco Roberto Dumont / voz

Coreografía Raúl Flores Canelo

Grupos y compañías Ballet Independiente

Notas de grupos y compañías Raúl Flores Canelo / director

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El hombre y la danza 100 funciones” en El Día, 16 marzo 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El hombre y la danza 100

Malkah Rabell

No es fácil, nada fácil, crear la historia de la danza universal en un escenario con un reducido número de elementos, en realidad con once bailarines entre figuras femeninas y masculinas, Raúl Flores Canelo, director del Ballet Independiente y coreógrafo de este espectáculo: El hombre y la danza, logró realizar la pesada tarea de una manera muy amena, ligera como una espuma, de una perfecta unidad. La hora media de duración se esfumó sin darnos cuenta, y cuando caía el telón del segundo acto, el espectador exclamaba sorprendido: ¿ya?

El programa de mano lleva una preciosa introducción que vale la pena reproducir: "En el principio el hombre estaba solo, pero con el ritmo de su respiración se insinuaba ya el amanecer de la danza, madre de todas las artes y el medio de comunicación más antiguo de la historia de la humanidad". Y esta historia antigua, Flores Canelo la inicia, como es comprensible, con la danza de los cazadores que llevan el alimento a la tribu y cuyas siluetas se pueden aún encontrar dibujadas en las antiguas como el mundo de las cavernas.

De la danza de los cazadores se pasa a los bailes religiosos y sacerdotales. Y si bien la primera aún no muestra huellas nacionales ni geográficos, es de todo el mundo, de toda aquella primitiva humanidad que empezaba a poblar el globo, la danza religiosa que nos muestra el coreógrafo parece ya ubicarse en los límites de las regiones orientales, probablemente en Asia.

Suavemente, sin huecos ni pausas, el espectáculo dancístico va deslizándose hacia la Edad Media. Y son las danzas campesinas de la Europa Central que aparecen, branle, gavota, gallarda, con sus símbolos de la fertilidad, con las frutas que ofrece la madre tierra, que llevan en sus manos esos hombres que ya no viven de la cacería sino de la agricultura. Y nuestros bailarines mexicanos, cuyo folclore es tan distinto, realizan esas danzas europeas con una gracia única, en tanto una voz, la del actor Roberto Dumont, explica los movimientos, los cambios y el arribo de esas danzas populares a la corte de los señores, donde la pesada vestimenta las transformaba en lentas y solemnes. Y ya tenemos ante nosotros la pavana y el minueto.

El coreógrafo tampoco se olvida de las primeras escuelas profesionales de la danza que crean una codificación para el entrenamiento de los bailarines profesionales. Es como una especie de academia que impone leyes para cada movimiento, tal como sucedía en la misma época con la literatura, la dramaturgia y las artes plásticas. El bailarín, producto de ese entrenamiento se vuelve ligero como un pájaro, estupendo técnico, que dio más tarde los ballets románticos, pero también queda como encorsetado, como preso dentro de las obligaciones de la danza oficial, aprisionado por leyes y codificaciones. Lástima que el programa no nos dice los nombres de los bailarines que intervienen en cada escena. Ignoramos como se llaman esas dos bailarinas que interpretan a la maestra y a la discípula de la Escuela de Danza. Perfectas técnicas ellas mismas, que también recurren a la comicidad de intérpretes teatrales.

Y por fin, la segunda y última parte del espectáculo dancístico se dedica a bailes tanto de salón del siglo XIX, como el vals, la mazurca y la polca, y el ballet romántico, como asimismo a los bailes populares nacidos en América como el ragtime, tango, foxtrot, charlestone, danzón, mambo, blues, swing y rock. Es decir danzas que bailan aficionados en salones, clubs y cabarets, sin exigencias profesionales. Fue la parte más alegre, más divertida, que levantaba al público en sus asientos, con su música muy bien adaptada para cada episodio y con el temperamento de los bailarines que transformaba cada danza en un pequeño acto interpretativo teatral.

Quizá lo que menos me ha gustado fue la última parte anunciada en el programa como: El empleo de la nueva técnica para expresar los sentimientos del hombre contemporáneo. Se me hizo una expresión excesivamente sentimental para ser danza contemporánea por lo general tan abstracta. Probablemente esta realización bailable de los sentimientos se refería a la danza entre las dos guerras, que ha perdido ya bastante su importancia y de la cual nos hemos olvidado.

Mas, en resumen, esta centésima función del programa: El hombre y la danza resulta de lo más ameno y divertido, realizado no sólo con mucho sentimiento e imaginación. sino con una excelente técnica y disciplina. Esta centésima función del mismo programa, no ha perdido nada de los valores de su estreno. Muy al contrario. Da la impresión que todos y cada uno de los miembros del Ballet Independiente ha mejorado y adquirido mayor dominio de su cuerpo y de su arte.