FICHA TÉCNICA



Título obra Póngase en mi lugar

Autoría Aldo Benedetti

Dirección Alberto Rojas (El Caballo)

Elenco Gina Romand, Aarón Hernán, Frank Moro

Espacios teatrales Teatro Venustiano Carranza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Póngase en mi lugar” en El Día, 9 marzo 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Póngase en mi lugar

Malkah Rabell

Italiana, como en el presente caso, francesa, inglesa o norteamericana, todas estas comedietas de los "bulevares", es decir frívolas, son de igual insignificancia. Póngase en mi lugar, de Aldo Benedetti, adaptada a México por una pluma anónima, sólo interesa y atrae al público por los tres actores del reparto, conocidos por la mayoría de los espectadores por sus intervenciones en la televisión: Gina Romand, (la ex Rubia de Categoría); Aarón Hernán, (excelente actor merecedor de mejor suerte que la obra de Aldo Benedetti); y sobre todo Frank Moro, el galán de moda, que de los tres es el menos actor, y ni siquiera tiene la rutina escénica de los otros dos.

Historia de un ministro que sólo sabe hablar de lechugas, su especialidad en el gobierno. Tonto, pero honesto (lo que no deja de ser un fenómeno bastante raro), se resiste en reemplazar en la cartelera el nombre de un joven comediógrafo que ve en semejante substitución un medio de propaganda que le quitará un poco de gloria, pero le dará grandes posibilidades económicas que en su situación famélica le hacen gran falta. Y ese joven comediógrafo, nada tonto, pero en cambio muy poco honesto (y según supone el autor, para los "creadores" la falta de honestidad es la mejor causa de simpatía), se sale con la suya. Deja al ministro figurar en la cartelera, en tanto lo reemplaza en la cama de la "Rubia de Categoría", a quien el hombre de Estado persigue con su amor. El joven escritor ha tomado al pie de la letra la exclamación del maduro estadista: ¡Póngase en mi lugar!

Tal es la historia. El auditorio del teatro Venustiano Carranza no se ríe mucho. Prefiere los chistes gruesos en lugar de un cuento bobo. Lo único que provoca la risa son las morcillas muy locales por cierto. Empero resulta que el ministro bobo, cuya situación de hombre de letras ignorante de sus obligaciones, crea condiciones cómicas, interpretado por Aarón Hernán, tiene una cara inteligente, pese a todos los esfuerzos por mostrarse imbécil o ingenuo. En cambio, el super vivo comediógrafo, Frank Moro, de quien la muy despampanante periodista se enamora a primera vista, tiene un rostro bastante baboso. Y no sabemos si ello se debe a las exigencias del espectáculo, o así nació. Sus escenas cuando aparece vestido ya de cocinero, ya de músico o de mesero, son de una auténtica estupidez y no divierten a nadie. Desde luego, estas situaciones dependen mucho del director, y a Alberto Rojas, "El Caballo", de director aún le falta mucho. Buen actor en su género de comedia gruesa, y hasta podría serlo; de comedia fina, la dirección es una especialidad muy difícil, cuyas características todavía no logró adquirir.

¿Cuál es la diferencia entre una comedia mexicana y una de los "Bulevares"? Por de pronto los comediógrafos mexicanos que tratan de hacer reír sin preocuparse mayormente de la calidad artística, ni ética de esa risa, en la mayoría de los casos recurren a elementos fol clóricos, o que ellos consideran tales, o costumbristas. Mas, en lugar de profundizar en los elementos humanos o nacionales de sus personajes, recurren a todo lo superficial, a los chistes gruesos y a menudo a lo pornográfico. Como ejemplo podemos citar La pulquería o Hay que enterrarlo parado. Por fortuna tenemos comediógrafos de calidad, como Emilio Carballido, Rafael Solana o González Caballero, quienes no sólo hacen reír sino pensar, y hasta a menudo verter unas lágrimas, y sobre todo se preocupan por cambios de estilo, por nuevas tendencias artísticas modernas. Lo que nunca hacen los autores frívolos.

En cuanto a la comedia de los "bulevares", casi siempre permanece encerrada en el "Salón" de buenas familias, con protagonistas preocupados por enredos amorosos que basan su risa en la comicidad verbal y en situaciones de quid pro quo. Adaptadas a México, de inmediato se nota la diferencia. Este Póngase en mi lugar puede servir de ejemplo. Ni su ministro es mexicano, ni lo son los demás personajes. En México un ministro es un personaje importante, a quien si bien no respetan, por lo menos temen. En cambio, un comediógrafo, y en general un escritor, por bueno que sea, por nadie es temido, y por lo mismo tampoco respetado. Póngase en mi lugar, adaptada o no, sigue siendo comedia italiana y de los "bulevares", aun que éstos no sean de París.