FICHA TÉCNICA



Título obra Los hombres subterráneos

Notas de autoría Alejandra Gutiérrez / adaptación teatral a novelas y personajes de Fiodor Dostoyevksy

Dirección Alejandra Gutiérrez

Elenco Álvaro Guerrero, Macrosfilios Almilcar

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Sala del Centro Universitario de Teatro (CUT)

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los hombres subterráneos” en El Día, 7 marzo 1983, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los hombres subterráneos

Malkah Rabell

Aunque el subtítulo de este espectáculo ofrecido en la reducida salita del CUT (Centro Universitario de Teatro) reza: "Dostoyevsky", no se trata de una dramatización de novela dostoyevskiana, ni tampoco de una biografía del mismo escritor, por más que ese gran novelista ruso siempre ha tentado a los hombres de teatro. Más bien el interés de la adaptadora y directora Alejandra Gutiérrez, según dice el programa de mano: "Se ha centrado, más que en la "dramatización" de sus novelas, en aprisionar en un acto teatral la visión trágica que el escritor tiene de ese mundo convulsionado y lacerante que lo alberga y que presiente, en su desgarradora tensión interna, gestador necesario de un nuevo humanismo".

Y para lograr su finalidad, la maestra Alejandra Gutiérrez, catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras ha realizado una especie de guión teatral donde enfrenta a diversos personajes dostoyesvskianas con su creador el propio Dostoyevsky. Sobre todo destaca ese extraño y complejo protagonista, probablemente su figura más popular, Raskolnikoff, (interpretado por Álvaro Guerrero), el estudiante que asesina a una vieja usurera, por considerarla como un piojo maligno, inútil a la humanidad.

Todos esos protagonistas –Raskolnikoff; Svidrigailov; Sonia la prostituta santificada por su buen corazón y por sus sufrimientos; Mermeladoff, su padre que se autoflagela y sigue emborrachándose y viviendo del dinero de su hija; y el propio Dostoyevsky en la época de su juventud cuando fue condenado a muerte e indultado ya frente al pelotón de fusilamiento y sobre todo el Dostoyevsky ya maduro, encerrado en su propio mundo intelectual torturante y jamás definido–, todos ellos dialogan entre sí, se encuentran y desencuentran, tratan de convencerse mutuamente de la justa dialéctica de sus pensamientos y de sus actitudes. Tanto ese guión como su puesta en escena, son sugestivos y en ningún momento dejan de interesar. Más, pese a la abundancia de textos, no es el drama en sí, con sus diálogos y sobre todo sus monólogos, que mantienen en tensión al público, sino las imágenes, que subraya la música con sus canciones y melodías eslavas, dando a toda la representación una dramaticidad muy peculiar. Espectáculo sobre todo visual, presenta cierta influencia del director polaco que ya nos ha visitado en diversas oportunidades: Tadeusz Kantor. Lo que a su vez nos retrae al espectáculo de Luis Tavira: Novedades de la Patria. Mas, así como en este último todo resulta mexicano, en este Hombres subterráneos todo se torna ruso, con su vestuario tan fiel al hombre del pueblo, ausentes esas imitaciones falsificadas. Hay una atmósfera rusa que rara vez se encuentra en las puestas en escena realizadas por NO rusos. La autora del guión, Alejandra Gutiérrez, como ha radicado largos años en la URSS posee un profundo conocimiento de la vida de ese pueblo, de esa "alma eslava" tan compleja, de las cuales nos transmite unas imágenes transidas de sensaciones, aunque no siempre se comprende las intenciones de la figura central, ni tampoco de las demás figuras. Pero la emoción queda y trastorna.

Frente a ese Dostoyevsky que clama su amor a la vida que quisiera conservar pese a todos los sufrimientos y a todas las decadencias, se yergue una multitud de cadáveres, ya suicidas, ya asesinados por un mundo cruel, por una sociedad despiadada. Cadáveres que lo rodean, fantasmas que lo asfixian, lo ahogan con su oscuridad sin fin y parecen acusarlo de ese infierno que acaban de abandonar. Con un grupo de jóvenes actores del CUT, encabezados por el ya veterano Macrosfilio Amilcar en el papel central de Dostoyevsky, todos sometidos a una perfecta disciplina escénica, la representación adquiere una atmósfera de misterio, de extrañeza, a la que da mayor fuerza dramática la escenografía, con su primer plano que parece como un laboratorio donde las creaciones intelectuales y literarias aparecen y desaparecen, y su segundo palmo de un túnel subterráneo del cual surgen y donde vuelven a dirigirse todas las creaturas que en el espíritu del escritor han nacido. Una escenografía de ese gran artista: Alejandro Luna.