FICHA TÉCNICA



Título obra Lazarillo de Tormes

Notas de autoría Juan Antonio Castro / adaptación teatral a la novela homónima

Dirección Manuel Manzaneque

Elenco Carlos Lemos, María Luisa Lermo, Carlos Pereira

Grupos y compañías Compañía Tirso de Molina

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Lazarillo de Tormes con la compañia española” en El Día, 21 febrero 1983, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Lazarillo de Tormes con la compañía española

Malkah Rabell

¡Y pensar que muchos "críticos" que se consideran muy serios, odian cualquier modernización de obras clásicas! Creo que la representación de la adaptada al escenario novela picaresca anónima: El Lazarillo de Tormes pudo convencerlos de lo contrario. Se suele decir que asistir a un espectáculo clásico es el castigo a los malos alumnos. Me parece que la noche del estreno de la compañía española Tirso de Molina en el teatro Hidalgo resultamos muchos los castigados. Larga, monótona y gris fue esa novela llevada al foro donde no dejó de ser narrativa. Y aunque no me gusta hacer comparaciones, no puedo ahuyentar el recuerdo de una adaptación de la misma obra realizada en la UAM, por Carlos Liera, con un conjunto de actores NO profesionales, de mucha originalidad, inventiva y dinamismo. Desde luego era un Lazarillo de Tormes modernizado, que sin perder su espíritu tradicional nos divertía mucho más. La presente adaptación se debe a Juan Antonio Castro, quien dice en el programa de mano: "La obra, ya lo veréis –por ser una versión teatral muy libre– no es sólo el 'Lazarillo', aunque lo sea, sino, y sobre todo, un retrato del mundo de la picaresca honrada, la pequeña picaresca, la honesta recreación de los pícaros a la fuerza del hambre". Lo que no deja de ser verdad, y el Lazarillo que nos presenta es un muchachito todo honradez, y todo lloriqueo, que cuenta sus aventuras, como suelen hacerlo en las novelas, pero que en el escenario produce cierto aburrimiento. Por otra parte Juan Antonio Castro aclara: "La obra es plenamente original de quien la firma excepto una docena de frases y media docena de situaciones tomadas del 'Lazarillo'. Lo demás, incluidos romances, oraciones en verso,conjuras y otras cosas, son de mi responsabilidad absoluta". Y así, ni siquiera se puede reprochar todas las fallas al anónimo responsable de esa novela del siglo XVI, que fue la primera muestra de lo que luego se llamaría la picaresca.

En medio de una escenografía muy simple, como realizada para viajar sin trabas, se mueve un conjunto bastante reducido, ya que de los numerosos personajes a quienes Lazarillo acompaña en su vagabundeo de sobrevivencia, sólo dos aparecen en el escenario: el ciego y el famélico hidalgo. Y es el ciego que ocupa el meollo de la representación, interpretado por Carlos Lemos, que, según nos asegura el programa de mano, es "uno de los más grandes actores de habla hispana..." y ha recibido todos los premios que en España a la interpretación se otorga, haciéndose merecedor al título de "Excelentísimo señor" equivalente al tratamiento de "Sir" en Inglaterra. Mas, como todos sabemos, los premios nada significan. Los más grandes artistas en el mundo entero y en las más diversas áreas del arte nunca los obtuvieron, y no podemos dejarnos guiar por la inmensa cosecha de trofeos recibidos por el "Excmo. Sr." Carlos Lemos. Es indudablemente un muy digno actor dé carácter, pero no siempre convence. Tal vez sea desagradable el personaje y la actuación no pudo salvarlo de la sensación de rechazo.

La primera figura femenina es María Luisa Merlo, que parece dedicarse, por lo menos en México, al abandono de una compañía tras otra. Lo que nada de profesional demuestra. Tampoco resulta una actriz muy disciplinada ni sometida a la dirección. Da la impresión de hacer su real gana en el escenario. Ya sabemos que tiene muy hermosas piernas, pero seguramente no fue el director, Manuel Manzaneque quien le ha indicado levantar su falda de mesonera para mostrar las pantorrillas, sobre todo ante un hombre ciego. La señora Merlo hace demasiado gala de su gracia, y los dos personajes que representa, aunque sean muy parecidos físicamente, por lo menos han de ser diferentes en su actuación. En cambio Carlos Pereira, en sus dos personajes, el sacristán y el arcipreste, trata de introducir una fuerte diferencia, lo que le obliga a cierta sobreactuación.

En cuanto a la dirección de Manuel Manzaneque, es bastante plana, y no es lo que pudimos esperar de una compañía que nos visita como intercambio cultural entre su país y el nuestro. Ni tampoco es lo que hemos esperado del director de El corto vuelo del gallo.