FICHA TÉCNICA



Título obra El beso de la mujer araña

Notas de autoría Manuel Puig / autor de la novela homónima; Manuel Puig / adaptación teatral

Dirección Arturo Ripstein

Elenco Gonzalo Vega, Héctor Gómez

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El beso de la mujer araña” en El Día, 16 febrero 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El beso de la mujer araña

Malkah Rabell

He aquí un título que nos hace pensar más bien en películas de vampiros, con las cuales nada tiene en común. Título sumamente desagradable para una obra no menos desagradable, con su excesivo realismo. Por fortuna para ciertas escenas se emplea la oscuridad y sólo se oyen voces. Mas, hasta la oscuridad ha sido usada con exceso, y a veces desordenadamente. Por otra parte, el novelista argentino, Manuel Puig, al enfrentar la dramaturgia y transformar su novela homónima en una obra teatral, conservó la técnica del relato. Y este drama, de dos presos encerrados en la misma celda: un homosexual y un revolucionario; un político y un delator que no obstante no puede escapar a su condición humana y tal vez a una innata Maldad; parece más bien el capítulo de una novela.

La representación se salva por la actuación de dos excelentes intérpretes: Héctor Gómez y Gonzalo Vega. Sobre todo el primero tiene la posibilidad de lucirse en su papel de homosexual, aunque a veces sobreactúa y hace tanto empleo de las manos que logra cansar. Pero se comprende muy bien que se ve obligado a ello por cierta monotonía repetitiva de la pieza. El personaje ha de contar una y otra vez, y durante demasiado tiempo, algún episodio de una película que a nadie interesa, y cansa tanto a su oyente, su compañero de celda, como al público. Pero su manera tan expresiva y exagerada de narrar los inútiles episodios cinematográficos, hacen estallar de risa y alegran al auditorio. Ya se sabe que semejantes personajes tienen el extraño don de agradar a los espectadores. Pero el homosexual en el presente caso, Molina, logra distinguirse tanto por su actuación, como por su psicología y conducta, de sus demás "colegas" que tanto abundaron en los últimos tiempos en el repertorio de los escenarios capitalinos.

En cuanto a Gonzalo Vega, en el papel del preso político, hace gala de una gran naturalidad que contrabalancea la sobreactuación del otro protagonista. Su sobriedad demuestra cuan capaz de cambiar de rasgos psicológicos y de características interpretativas de una obra a otra, es este joven actor. Y entre los dos, entre Héctor Gómez y Gonzalo Vega han logrado una mancuerna espléndida, aunque no siempre lograban salvar las situaciones repetitivas o monótonas.

El director, Arturo Ripstein, considerado en el campo cinematográfico como uno de los más originales creadores mexicanos, da en El beso de la mujer araña sus primeros pasos en el área teatral, y para colmo eligió para su debut un escenario circular como lo es el Polyforum Siqueiros. Probablemente en un escenario de estilo italiano, tradicional, no se hubiese notado tanto su novatez, pero en el escenario construido –como una balsa– dentro del foro circular, resultaban muy visibles sus dificultades para orientarse. Héctor Gómez se pasó todo el primer acto de espaldas a una gran parte del público. En el segundo acto se les veía, a los dos intérpretes, sólo de perfil, por lo menos desde el lugar donde me encontraba. Y hasta el propio Ripstein, al salir al final, para saludar al público, parecía descontrolado por la redondez del ambiente. Tampoco el ritmo de la representación poseía la rapidez e intensidad exigidas.

No sé si en México se presentó en escena alguna otra obra dramática de Manuel Puig, que tiene cuatro escritas y publicadas. Por lo menos ya no las he vista, y por lo mismo me resulta imposible hacer comparaciones. Como novelista es muy famoso tanto en su país, Argentina, como fuera de sus fronteras y ha sido traducido a diecinueve idiomas. Pero como dramaturgo no se me hace muy interesante, salvo que las otras tres obras dramáticas suyas sean mejores que este Beso de la mujer araña, o que lo sean las futuras cuando se familiarice con las necesidades del escenario y del drama.