FICHA TÉCNICA



Título obra Orinoco

Autoría Emilio Carballido

Dirección Julio Castillo

Elenco Rosa María Moreno, Gemma Cuervo

Escenografía Ernesto Bautista

Grupos y compañías Compañía del Instituto Mexicano del Seguro Social

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Reestreno de Orinoco” en El Día, 07 febrero 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Reestreno de Orinoco

Malkah Rabell

Tanto como hemos esperado la reposición de la bella comedia de Emilio Carballido, Orinoco, para poder admirarla en un teatro más céntrico y agradable que el Comonfort, donde ocupó el escenario durante muchos meses. Y cuando por fin nuestro sueño se hace realidad, resulta que no todo es color de rosa.

Actualmente, reestrenada la obra por la compañía de el Instituto Mexicano del Seguro Social, en el teatro Reforma, el foro de este último se hace demasiado reducido e incómodo para la escenografía creada por Ernesto Bautista para un escenario más amplio y para otro sistema de luces, para una iluminación más rica en colores. En su nuevo contexto la escenografía perdió mucho de su belleza original. Ya no poseía la sugestión inicial este barquichuelo de mala muerte, estilizado como si fuera encerrado en un torso humano, uniendo así simbólicamente el destino del hombre con el destino de un barco. Una embarcación que navega por el amplio Orinoco y lleva como pasajeras, según dice el "Diario de a Bordo", a "dos putas"; que una mañana espléndida en pleno río, al levantarse, se encuentran solas, absolutamente solas. La tripulación había misteriosamente desaparecido.

Y aquí, a la vez que se inicia el drama de las dos protagonistas, también empieza el drama de la puesta en escena. Para quienes hemos visto y gozado a Orinoco en su primera versión, con sus dos intérpretes Gemma Cuervo y María Luisa Merlo, que lograron constituir una mancuerna chispeante de temperamento y gracia, la reposición se resintió mucho del cambio de pareja, que pone en lugar de María Luisa Merlo a Rosa María Moreno. Esta última, excelente actriz, a quien desde mucho no tenemos la oportunidad de ver en el teatro, ocupada, según parece en la televisión, tenía en la época de su brillantez artística, un don especial para la comedia, y una gracia igualmente muy personal para crear personajes extravagantes. Mas, para el papel de Mina en Orinoco es físicamente inapropiada. Cierto que trátase de una mujer envejecida para su oficio de cabaretera, pero la actriz misma ha de tener toda la vitalidad necesaria para bailar, cantar y sostener un constante diálogo temperamental con su compañera. Esta vitalidad física le falta ya a Rosa María Moreno, quien ni canta, ni baila, y sobre todo usa un tono tan bajo que la mitad de sus diálogos se han perdido. En lugar de parecer una cabaretera ya cansada, da la impresión de una gran dama venida a menos, siempre a punto de desmayarse. Todo ello dio como resultado que la otra mitad de la mancuerna, Gemma Cuervo, para mantener el interés del público y el "calor" del escenario, para alzar el tono general de sus escenas, tuvo que sobreactuar como para rellenar los huecos. Desde luego, con ello es espectáculo perdió mucho.

No me gusta hacer comparaciones. Ni es ético hacerlas. Pero sí repito que María Luisa Merlo estaba más apropiada para el papel de Mina, es porque no puedo estar de acuerdo en que una actriz huésped abandone una compañía donde se valoraba su capacidad artística y donde la necesitaban, para dedicarse a una estúpida y frívola comedia de teatro comercial, donde sólo ganan sus intereses monetarios. Después los actores se muestran furiosos porque la crítica toma más en consideración la dedicación al buen teatro. Ojalá lo hicieran todos. Lamentablemente también entre esos "villanos" de la crítica los hay –y muchos– cuyos corazoncitos están al lado del más frívolo de los teatros comerciales.

En cuanto a la obra, dice su autor Emilio Carballido: "...Orinoco fue escrita en Venezuela, está dedicada a una actriz venezolana: no se pretende exactamente que sus dos personajes sean venezolanos. Su lenguaje fue corregido por un dramaturgo de allá, el cual no lo encontró inepto, y cambió rigurosamente 14 palabras. A él mi gratitud, es Roman Chalbaud".

Y así, con sus 14 palabras cambiadas, la comedia de nuestro mejor comediógrafo se halla tan a sus anchas en México como en Venezuela, sin ningún tono falso, aunque uno de sus personajes hable con acento español y el otro a la mexicana. También está a sus anchas el director, Julio Castillo, que le da el tono justo a esa tierna historia de dos mujeres que son como dos símbolos: uno del optimismo y de la alegría de vivir, que siempre y en todas partes ante las peores desgracias alza la cabeza y valientemente espera días más hermosos. ¡Aún más hermosos!; y el otro, el del pesimismo, siempre convencido de las peores catástrofes, interpretando con los colores más oscuros todos los sucesos de la vida. Si algo me pareció exagerado en la puesta en escena, es tanto cambio de trajes extravagantes, típicos de dos "artistas" ambulantes que se dirigen a un campo petrolero para actuar en su prostíbulo. Con uno o dos cambios hubiese sido suficiente; En tanto resulta muy sugestiva la música de fondo de esta bella, tierna y humana comedia.