FICHA TÉCNICA



Título obra Ajuste matrimonial

Autoría Tennessee Williams

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Carlos Navarro, Emilia Carranza, Sergio Bustamante, Julia Marichal, Andrea Palma, Alberto Galán, Julieta Velasco

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Ajuste matrimonial”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 1 agosto 1965, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Ajuste matrimonial

Mara Reyes

Teatro Jesús Urueta. Autor, Tennessee Williams. Dirección, Dimitrios Sarrás. Escenografía, David Antón. Reparto (por orden de aparición): Carlos Navarro, Emilia Carranza, Sergio de Bustamante, Julia Marichal, Andrea Palma, Alberto Galán y Julieta Velasco.

Extraño parece que Tennessee Williams se haya decidido a escribir una comedia con happy end. ¿Será acaso la influencia de Hollywood? ¿Será que su éxito profesional le ha dado una más optimista perspectiva de la vida? ¡Quién puede saberlo! El hecho es que a pesar del cambio operado en el tipo de desenlace, el tratamiento no difiere en mucho de los de sus dramas. Sus personajes buscan la huida, sólo que en esta ocasión terminan por enfrentarse a su vida. Isabel ha abandonado a Ralph, pero acaba por volver al hogar conyugal. Ralph tiene pensado marcharse al día siguiente del abandono de su esposa, para que ella no lo encuentre en casa “esperándola” en caso de que ella decida retornar. George piensa abandonar a su esposa al día siguiente de su matrimonio, debido al rechazo sufrido en la noche de bodas. Susie pretende escapar de ese hombre con el que se ha casado y que la trata tan brutalmente, sin ternura. Pero a pesar de que todos los personajes ven en la fuga una posible salida, no se dejan atrapar por esa voz de sirena y mantienen al final de cuentas sus respectivas ligas. O sea, que son personajes menos enfermos que tantos otros de los dibujados por Williams, puesto que sus problemas sicológicos no les impiden convivir con otro ser.

Como siempre, la obra de Williams acusa algunas de sus constantes: personajes ineficaces en su trabajo, víctimas de la sociedad (la guerra, en el caso de dos de ellos, aparece como la motivación de sus frustraciones); el personaje masculino que contrae matrimonio por conveniencia y sin amor; el simbolismo de tiempo: la acción ocurre en Nochebuena, noche de paz; el simbolismo en el nombre de los personajes: Dorothy (que insinúa la posesión del oro); el simbolismo en la localización del lugar de la acción: la casa se encuentra situada en un barrio que está en el punto alto de una caverna y cada año se hunde una pulgada, lo que sugiere que su vida se hunde cada día un poco; casa que Ralph se decide a abandonar, lo que promete la salvación de sus vidas. Los problemas eróticos no podían faltar ¡si estuvieran ausentes, dejaría de ser Williams!, la diferencia fundamental con otras de sus obras, es que sus personajes superan o sugieren la próxima superación de tales problemas.

Dimitrios Sarrás, el director de escena, se apegó con todo esmero al realismo que el autor da a las escenas, ya que a pesar de la utilización de ciertos símbolos, el tratamiento es eminentemente realista. Su mayor acierto es la justeza con que supo proyectar las diferentes sicologías de los personajes, haciendo resaltar todas las angustias devastadoras de ellos, a base de un juego escénico abigarrado, que es como el espejo de sus almas que de tan condimentadas han perdido su sabor natural.

De ahí que Emilia Carranza, excelente intérprete de Isabel, aparezca con una voz artificiosa, llena de tics nerviosos y de movimientos compulsivos. Sergio de Bustamante traduce admirablemente la ansiedad de George, su violencia es como la de un niño que no se atreve a pedir prestado un juguete por miedo a que se lo nieguen y cree que lo mejor será arrebatarlo, pero su miedo lo traiciona; es una violencia por defensa contra la frustración. Carlos Navarro –en una verísima actuación– y Julieta Velasco –que venturosamente retorna a nuestros escenarios– al encarnar a Ralph y Dorothy lo hacen como un contrapunto con la otra pareja –contrapunto del que tanto gusta Williams– apareciendo más adaptados a su ambiente, actitud que corresponde a su situación espiritual, puesto que la crisis por la que atraviesa su liga conyugal está colocada en un lugar más avanzado del proceso de ajuste del uno al otro.

Andrea Palma, Alberto Galán y Julia Marichal, pasan sólo como una ráfaga por la escena, una ráfaga que nos hace saber cómo es el ambiente que rodea a la pareja (Ralph y Dorothy) y contra el que han tenido que luchar.

Y sumada a la esplendidez de la dirección y de las actuaciones, está la escenografía de David Antón, que da a la acción la atmósfera adecuada para que ésta se desenvuelva. Supo aprovechar Antón las propias paredes del teatro y hacerlas funcionar como parte del decorado. Los colores son un elemento importante para marcar la afectación del medio ambiente en que viven los personajes. En mi opinión un solo detalle escapó a David Antón: las cuarteaduras de las paredes –que debían ser visibles– de las que habla el texto y que simbolizan el hundimiento paulatino de la casa y por ende el de las situaciones vitales.