FICHA TÉCNICA



Título obra Romeo y Jeannette

Autoría Jean Anouilh

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Jorge del Campo, Elda Peralta, Carlos Bracho, Susana Alexander, Tamara Garina, Manuel Zozaya, Alfonso Almazán

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 6 junio 1965, pp. 4 y 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Romeo y Jeannette]

Mara Reyes

Romeo y Jeannette. Teatro Orientación. Autor, Jean Anouilh. Dirección, Maruxa Vilalta. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Jorge del Campo, Elda Peralta, Carlos Bracho, Susana Alexander, Tamara Garina, Manuel Zozaya y Alfonso Almazán.

Maruxa Vilalta, en su nueva actividad de directora de escena acaba de presentar una obra de Jean Anouilh: Romeo y Jeannette que forma parte junto con Jetzabel, Antígona y Medea de las Nuevas piezas negras y que fueron estrenadas por primera vez en París, el año 1947, año prolífico para el teatro ya que, fue el mismo en que O’Neill estrenó Una luna para el bastardo, Williams: Un tranvía llamado deseo, Miller: Todos eran mis hijos y Brecht: la 2ª versión de la Vida de Galileo Galilei.

Tal como en Antígona el eje de esta obra es el personaje femenino, Jeannette –quien a pesar de las disimilitudes anecdóticas tiene una cierta semejanza con Antígona. En ambas anida la misma rebeldía. Ambas se niegan a transigir, a aprender a decir sí. Cuando Antígona exclama que dejaría de amar [a] Hemón si él aprendiera a decir sí, o cuando quiere estar segura de que todo ha de ser tan hermoso como cuando era pequeña o morir, está asumiendo una actitud comparable a la de Jeannette cuando dice a Frederic: “Ah, ¿Por qué no somos ya pequeños?” Tampoco ella quiere madurar, vivir, si la condición para ello es transigir. Jeannette lo quiere todo, o nada. Si no es tan fuerte, estando viva, para arrancar a Frederic de sus ataduras, muerta sí lo es. También Antígona, al morir tiene más fuerza que Creón y todo su ejército. Y así como Antígona al morir arrastra a Hemón a la muerte, Jeannette arrastra a Frederic a lasuya. Las motivaciones son diversas, pero la dinámica es la misma.

Maruxa Vilalta supo comprender la sicología de los personajes en toda su complejidad y lo intrincado de los caminos que esos caracteres tienen para hacerse entender no fue óbice para que ella deshilvanara la madeja y encauzara a los actores de tal manera que éstos otorgan a sus respectivos personajes toda su dimensión. La directora conjuga además con gran acierto todos los elementos escénicos: palabra, movimiento, música (bien resuelta la escena de la distante boda), sonido (como los ruidos de los platos que se lavan en la cocina), decoración (Julio Prieto consigue retratar con su escenografía la personalidad de los individuos que habitan en las dos casas, de tal manera que la palabra y la plástica se fusionan sinestéticamente, en un solo elemento y llegan al espectador como a través de uno solo de sus sentidos. No se comprendería la palabra sin la visión, o la visión sin la palabra).Conjugación ideal en los terrenos teatrales.

Jorge del Campo hace por su parte una creación de su Lucien, el amargado hermano de Jeannette, prototipo de los personajes anouilhianos. Todas sus escenas, elaboradas desde el detalle hasta lo global, van configurando una perspectiva que se hace cada vez más nítida. Cuando alza la voz, es porque el grito está maduro, como el fruto que cae del árbol después de una larga jornada recorrida en el interior del propio fruto. Y si son muchos los frutos que caen es porque todos comenzaron a madurar al mismo tiempo, partieron de una misma semilla, como los gritos nacieron de una misma herida.

Elda Peralta, enfrentándose [p. 8] a uno de los personajes más erizados de dificultades, sale adelante con toda propiedad. Proyectó con justeza a esa Jeannette, inmoral sólo porque no había encontrado un motivo por el cual ser moral, que a pesar de su prostitución, al encontrar al hombre amado queda limpia de mancha y que todavía después de sentirse defraudada porque él no supo amarla con toda su potencia, es capaz de preferir la muerte a la degradación. Elda Peralta supo dotar a su personaje de toda la ternura, de toda la vitalidad salvaje y de toda la sinceridad que era indispensable. Su personaje –dibujado excelentemente por Anouilh con aquel parlamento en que ella explica a Frederic que debe hablar con el hombre que le daba dinero y al que visitaba todas las noches, porque “cada uno tiene que pagar su parte”, sabiendo que en ello le va la vida: “Es como una operación, Frederic –le dice. Y si no pierdo mucha sangre, si no quedo demasiado desfigurada, quizá haya una pequeña posibilidad de que viva. Pero después quiero que me ame como a Julia”–, su personaje –decía– va cobrando vida a medida que la obra transcurre, hasta que en el tercer acto, Elda Peralta ha dejado de llamarse Elda, para llamarse a los ojos del público: Jeannette.

Excelente también es el trabajo de Carlos Bracho, en el papel de Frederic (o alegóricamente: Romeo), así como el de Susana Alexander. Los dos definen el perfil de sus respectivos personajes desde sus primeras frases. Sumamente difícil era para Bracho hacer lógica la atracción que Frederic siente por Jeannette, mujer que encarna todo lo contrario a lo que debiera reunir su mujer ideal, pero esta dificultad fue superada por Bracho al proyectar su ambivalencia hacia Jeannette sin echar mano de recursos obvios. Bien Tamara Garina y Manuel Zozaya, aunque la dicción de ambos es un tanto deficiente, pero esto es sólo peccata minuta.