FICHA TÉCNICA



Título obra Quiero ser alguien

Autoría Joseph Stein

Notas de autoría Torban / traducción

Dirección Rafael Banquells

Elenco Héctor Suárez, Eduardo Alcaraz, Irma Lozano, Fanny Schiller, León Barroso, Carlos Nieto, Rosanelda Aguirre, Horacio Salinas, Gina Romand, Juan Saro

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 mayo 1965, p. 4.




Título obra Grandes escenas del teatro universal

Autoría Varios autores

Elenco Ignacio López Tarso, María Teresa Rivas, Pablo López del Castillo

Notas Declaraciones del actor Ignacio López Tarso a la prensa de Hermosillo durante una gira

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 mayo 1965, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Quiero ser alguien]

Mara Reyes

Quiero ser alguien. Teatro de los Insurgentes. Autor, Joseph Stein. Traducción, Torban. Dirección, Rafael Banquells. Escenografía, David Antón, Reparto: Héctor Suárez, Eduardo Alcaraz, Irma Lozano, Fanny Schiller, León Barroso, Carlos Nieto, Rosanelda Aguirre, etc. Estreno: 21 de mayo.

Quiero ser alguien es una comedia superficial, simpática y agradable de la que se sirve Joseph Stein para dibujar ciertos tipos humanos de los que habitan en ese Nueva York al que ha llegado a llamarse la “capital del mundo”. La comedia posee como cualidad principal la forma en que el autor maneja los diálogos, fluidos, ágiles y que denotan su sentido de observación. Los diálogos, por ejemplo, entre los padres de David, así como los que se suscitan entre David y su amigo Marvin o entre Foreman y David están estructurados con excelencia. La anécdota, trivial, sirve de marco para el lucimiento de los actores que en ella toman parte, especialmente para el que interpreta el personaje de David, que en esta representación fue Héctor Suárez, quien después de presentarse como un actor dramático brillantísimo en Víctimas del deber, de Ionesco, ahora lo hace como actor de comedia demostrando así que posee un dominio de su oficio. Este es el caso verdadero de una revelación teatral.

Otros actores sobresalen también en sus caracterizaciones: Fanny Schiller y León Barroso, en escenas llenas de gracia. Eduardo Alcaraz y Horacio Salinas, cuyos personajes se prestan más que otros al lucimiento, por la fina comicidad con que están escritos. Buenos trabajos son también los de Irma Lozano, Gina Romand y en dos muy breves apariciones: Carlos Nieto y Juan Saro.

Algunas escenas sin embargo perdieron mucho de su gracia precisamente por tratar Rafael Banquells de exagerar esa gracia. Aquella en que David trata de interpretar al personaje de Otelo es tan exagerada que se rompe el equilibrio con el resto de la comedia. La bufonería pasa a reemplazar a la comicidad. Rafael Banquells tiene la suficiente experiencia para no perder la mesura; si lo hace es entonces como una transacción para complacer al público poco exigente, a aquel que prefiere lo obvio a lo fino, la carcajada a la sonrisa. Sólo que si complacer el gusto del público implica rebajar el nivel del espectáculo, ¿no será éste un precio demasiado alto para un director de escena?

López Tarso de gira

Al recorrer la pasada semana varias ciudades del noroeste del país tropecé con los ecos que dejaran Ignacio López Tarso y María Teresa Rivasal pasar por esas mismas ciudades la víspera de mi arribo. En Culiacán supe que el teatro estuvo concurrido aproximadamente por mil quinientas personas (aunque el espectáculo fue gratuito, tal asistencia delata el interés de nuestra provincia por los actos teatrales y en general culturales), un éxito similar obtuvo en la capital sonorense. El programa consistió en una selección de fragmentos de algunas obras: Diálogo, de Salvador Novo; Medea, de Séneca; Edipo rey, de Sófocles; Moctezuma II, de Sergio Magaña; Los melindres de Belisa, de Lope de Vega; Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand; Tigre a las puertas, de Jean Giraudoux; Macbeth, de Shakespeare; Juan Pérez Jolote, de Ricardo Pozas-Ignacio Retes; finalizando el programa con la puesta en escena de las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique.

Cito aquí las declaraciones que Ignacio López Tarso hizo a la prensa de Hermosillo, por considerarlas de interés:

“Actualmente en nuestro país tenemos ya los tres elementos básicos para hacer teatro: dramaturgos, intérpretes y público. No es cierto que el público mexicano no entienda o no guste del teatro básico (supongo que se trata de una errata de imprenta y que López Tarso quiso decir: “clásico”). La mayor ovación que he recibido en mi carrera ha sido la proporcionada por 8,000 espectadores en la concha acústica del parque Agua Azul de la Ciudad de Guadalajara, en una representación de la obra Edipo Rey, de Sófocles; también en Culiacán, más de tres mil almas nos brindaron su aceptación y eran públicos carentes en general de conocimientos profundos sobre este tipo de representaciones. Se debe hacer llegar al pueblo, que las recibe acertadamente, esta clase de actuaciones; nada de “obritas”, comedias y demás”.

Hablando de los personajes que más satisfacción le han proporcionado al interpretarlos, López Tarso respondió que “Moctezuma II, porque a mi juicio es uno de los personajes de la historia de México, más sobresalientes, más interesantes. La historia lo ha tratado con injusticia, pero el autor de esa obra, Sergio Magaña, lo reivindica y yo, que soy un enamorado de nuestro país, de nuestro pueblo, de sus costumbres, sentí al interpretar ese papel, una comunión completa con el personaje, volqué en él todos mis sentimientos y me dejó gratos recuerdos”.

Cuando le preguntaron que en su opinión en qué país se hace mejor teatro, el actor respondió: “Indiscutiblemente que en Inglaterra, los franceses dirán que en Francia, los italianos que en su país, pero imparcialmente es allá donde se encuentran los mejores actores. Tienen además grandes autores, tradición teatral inmensa, un público conocedor y exigente. Además el gobierno ayuda económicamente en forma generosa. Hay más de 30,000 grupos de teatro experimental y todos reciben subsidio oficial”.

Al hablar sobre la función del teatro López Tarso indicó que “no debe tomarse sólo en el sentido de diversión; debe crear en el público inquietudes, despertar en la persona interés por problemas humanos. Es un magnífico medio educativo de difusión de ideas, de formas de vida. Respecto a Sonora, viene a mí mente la magnifica obra de Luisa Josefina Hernández: La paz ficticia, que versa sobre el problema yaqui y que creo la Universidad de Sonora pudiera montar en escena”.

Ojalá la Universidad escuche la sugerencia de López Tarso...