FICHA TÉCNICA



Título obra Perdóneme señora

Autoría Claude Magnier

Dirección Manolo García

Elenco Maria Luisa Merló, Sergio Ramos, Carlos Piñar

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Perdóneme señora, una comedia sin pretensiones” en El Día, 15 noviembre 1982, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Perdóneme señora: una comedia sin pretensiones

Malkah Rabell

Comedia en dos actos del francés Claude Magnier, no muy conocido en su país, y aún menos en el nuestro. Se presenta en el teatro Arlequín, pero esta vez sin su estrella habitual, Nadia Haro Oliva, sino con un grupo de tres actores de comedia que alquilaron la sala por una temporada: la actriz española María Luisa Merlo, y nuestros dos conacionales Sergio Ramos y Carlos Piñar; bajo la dirección del no muy popular fuera de la comedia frívola, Manolo García.

El texto no es muy genial que digamos. Hasta se antoja bastante descabellado. ¿Es posible imaginar que un señor –que no es ladrón ni criminal– entre en una casa sin que nadie se dé cuenta de ello, empeñó su teléfono sin pedir permiso, se ponga a beber el cognac de los dueños, y luego, siempre sin pedir permiso se acueste en una cama desocupada. Desde luego, el desfachatado huésped resulta tan mentiroso, casi mitómano, o sin casi, que psicológicamente lo consideramos capaz de todo. Las demás aventuras, las que resultan de ese acostarse en una cama desconocida, en una casa extraña, pertenecen al mundo de los quid pro quo cómicos que cualquier comediógrafo admite como derecho profesional y los busca. Este Perdóneme señora no es estreno en México, y si no mal recuerdo, ya lo vi con el título de No hagas el amar de pie, cuyos intérpretes se escapan a mi memoria. Creo que el título actual, si no es Más apropiado, por lo menos es más discreto.

En el papel de la señora de la casa, cuya cama ocupó un desconocido, y que la acompaña durante toda la noche sin que ella se diera cuenta, dormida bajo los efectos de un tranquilizante muy efectivo (¡cuantos desesperados insomnes le pedirían de rodillas semejante receta! Sobre todo actualmente, cuando los somníferos para nada sirven), María Luisa Merlo, está muy dentro del personaje. Para interpretarla abandonó esa preciosa representación de la obra de Emilio Carballido, Orinoco, lo que se hace difícil de perdonar. Aunque uno comprende que para un actor "profesional", lo principal es actuar ante una sala llena, lo que por lo general no sucedía en el teatro Comonfort, o Celestino Gorostiza. En fin sea como sea, María Luisa Merlo es indudablemente una actriz muy competente, con dotes especiales tanto para el género cómico como para el dramático (como lo vimos en Orinoco). Además con una gracia física muy llamativa. Creo que tiene las piernas más perfectas de la farándula mexicana. Y como la actriz lo sabe, las exhibe usando chaquetas en lugar de vestidos, tanto en Orinoco como en Perdóneme señora. Lo que no dejaba de entusiasmar al público.

A Sergio Ramos, todos lo conocemos muy bien. Y cada vez me convenzo mejor que se trata de un excelente actor, que nada tiene de un "cómico", sino de un intérprete de carácter, capaz de emplear toda clase de estilos artísticos para hacer reír de manera sana, casi blanca, sin jamás caer en el mal gusto o en el chiste grueso. Y además de hacer reír, sabe crear un tipo con mucha gracia e inteligencia para comprender a su personaje. En Perdóneme señora es el marido que llega a tiempo para impedir cualquier desbarajuste extra-marital y es el único dispuesto a creer en la inocencia de su esposa, hasta mucho más que ella misma.

En el papel del mitómano, Carlos Piñar, es un actor joven a quien veo por primera vez, me parece bastante dotado para la comedia, aunque ni él, ni los otros dos intérpretes han logrado hacerme reír. Pero ello tal vez es culpa de mi propio carácter. Tampoco me parecía el público muy dispuesto a reírse constantemente.

En cuanto a la dirección de Manolo García, no me parece muy capaz de crear una representación especialmente original. Los espectadores se divertían a ratos, y a ratos se cansaban, aunque la comedia ofrecía la ventaja de nunca caer en un exceso de comicidad, ni en la farsa, ni en la obscenidad. Mas, tampoco la dirección o la obra ofrecían a los tres intérpretes material suficiente para entusiasmar a la audiencia. Se trata de una comedia sin pretensiones.