FICHA TÉCNICA



Título obra A lo mejor todavía

Autoría Daniel González Dueñas

Dirección Daniel González Dueñas

Elenco Marta Irene Alcántara, Pablo Baksht, Sergio Bustamante, Graciela Doring

Espacios teatrales Foro Eón

Notas de espacios teatrales Sergio Bustamante / Director de la Escuela Dramática del Foro Eón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. A lo mejor todavía, en el Foro Eón” en El Día, 10 noviembre 1982, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

A lo mejor todavía, en el Foro Eón

Malkah Rabell

No sé a qué se refiere este título, ni entiendo muy bien su significado. Son esos títulos-misterio que tanto les gustan a los autores jóvenes. Y Daniel González Dueñas es joven, muy joven. Aunque me han dicho que tiene 24 años, su aspecto no revela más de 18. Tampoco sus protagonistas, los dos héroes de la obra A lo mejor todavía, son mayores de 14 ó 15 años. Son dos adolescentes, dos hermanos, Anny y Ambrosio, que juegan en el escenario uno de esos juegos que se parecen mucho el incesto. ¿Consciente o inconscientemente? No resulta muy claro, tampoco importa. Toda la obra del joven dramaturgo es poco clara. No sabemos cuáles son sus fuentes y sus raíces, ni qué finalidad pretende y persigue. Mas, es un experimento que posee un extraño encanto, que nos atrae y mantiene tensos durante casi dos horas.

El Foro Eón es una escuela de actuación dirigida por Sergio Bustamante, que posee un pequeñísimo teatro, con un cupo a lo sumo para 100 asistentes. Sala que desde un principio fue ocupada por los propios alumnos, bajo la dirección y la participación en las figuras centrales del mismo Bustamante. Mas, poco a poco la salita fue también pedida en préstamo por otros grupos, sobre todo universitarios. Allí vimos Marat-Sade el drama de Peter Weiss, dirigido por Marta Luna bajo los auspicios de la Universidad Veracruzana. Allí vimos Educando a Rita en la puesta en escena de Germán Castillo. Y ahora vemos A lo mejor también de la nueva dramaturgia nacional, del autor Daniel González Dueñas, que también dirige la obra. La que me parece su primera dirección.

En los papeles de los dos hermanos, Marta Irene Alcántara como Anny y Pablo Baksht como Ambrosio, son aún muy inmaduros para tan difícil tarea. Cuando dos personajes ocupan un escenario durante el transcurso de toda una obra, se le exige –aunque el director y autor diga lo contrario– muchísimos conocimientos profesionales, matices de voz cambiantes y temperamento dramático de auténticos actores. Lo que esos dos jóvenes intérpretes, por primera vez en el foro, ignoran. Calidades de las cuales aún carecen por completo. El primer acto, con su frescura de tono, con esa voz de la madurez que se escucha por micrófono y que pertenece a ese magnífico actor, Sergio Bustamante, o a la voz de contralto de otra excelente intérprete, Graciela Doring, dan alas a la obra, y la poca experiencia de Marta Irene Alcántara y Pablo Baksht, pasa casi desapercibida. Pero en el segundo acto, mucho más largo y más difícil, en el cual los parlamentos de los jóvenes son excesivamente prolongados, la monotonía, la falta de matices a veces se hace insoportable.

Y los personajes, ya niños, ya adolescentes, o ya adultos, expresados a través de voces de actores maduros, con su juego dramático que permanece estático a pesar de lo cambiante del argumento, a veces se tornan incomprensivos y caóticos. Cuando un protagonista ha de ser un adolescente, se exige al actor que lo parezca, y no que sea auténticamente, realistamente Adolescente, con toda la ignorancia de tal edad. Un escenario completamente desnudo, con solo una cama por todo decorado y dos actores excesivamente jóvenes e inexpertos como todo reparto, dan muy pocas posibilidades de crear un espectáculo movido y cambiante al director, aunque éste ha usado con mucha fantasía las luces. Sería injusto pretender que la representación ha sido mala o fría. ¡No! Este constante retroceso en el pasado; estas vueltas al presente, que creaban en el espectador un estado de perplejidad, no dejaban de ser interesantes y hasta misteriosos. A la obra quizá le faltaba acción y contenido, y al espectáculo le hacía falta mayor perfección interpretativa, pero A lo mejor todavía le sobraba atmósfera, ambiente y lo que podríamos llamar corazón. ¡Una extraña atmósfera onírica! Elementos que nos prometen a un dramaturgo que todavía tiene mucho que decir. Y quien seguramente lo dirá.