FICHA TÉCNICA



Título obra Equus

Autoría Peter Shaffer

Dirección Enrique Gómez Vadillo

Elenco Carlos Ancira, Jaime Garza, Carmen Molina, Miguel Gómez Checa, Ariadna Welter, Tina Romero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Equus: dramatización de un psicoanálisis” en El Día, 18 octubre 1982, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Equus: dramatización de un psicoanálisis

Malkah Rabell

Los que han visto la película Equus aseguran que el filme posee mayores valores estéticos que la obra teatral. Como no lo he visto no puedo discutirlo. Pero para mi lodo de ver, el drama en dos actos del inglés Peter Shaffer es muy apasionante, ese a carecer casi por completo de acción. as das horas de duración –en realidad casi tres– se reducen a un psicoanálisis, a un diálogo entre el psicoanalista y su paciente, un joven de diecisiete años, acusado de un extraño crimen: el de haber cegado a arios caballos de cuyo cuidado estaba encargado. Sería indudablemente muy positivo lograr seguir paso a paso el estudio e esta alma juvenil enferma y descubrir, a la vez que lo hace el especialista, los recovecos de su mal y el avance de su dolencia. ero a falta del texto, que tan necesario se tan necesario se haría a todo crítico, es menester contestarse con los aportes de la memoria, que no siempre logra retener el curso de la pieza, en sus constantes idas y venidas a través de largos parlamentos. ¡Felices los críticos literarios que pueden recurrir a la novela, al ensayo o al drama escrito! Sus olvidos son compensados por el material que viene rellenar las lagunas de la memoria. Nada de semejante le está permitido al crítico de los espectáculos, que ha de rememorar después de una sola función, todo lo visto y oído. Y en el presente caso, recordar los pormenores de una larga serie de sesiones sicoanalíticas resulta nada fácil.

No sé, si ese médico, Martín Dysart logra finalmente convencer a sus jueces de la inocencia de su paciente, Alan Strang. El drama se termina cuando el psicoanalista Tanta o por lo menos cree arrancar la confesión de cómo habían sucedido los hechos; de cuáles eran las razones de la extraña conducta del joven. Mas. ¿quién puede realmente asegurar cuáles son las causas de una conducta humana? Si no me equivoco, Shaffer, por boca de su protagonista, el Dr. Dysart, asegura que el hombre es producto de sí mismo, de su propio temperamento y de sus vacilaciones. Ni sus padres, con sus debilidades o egoísmo, ni el ambiente, ni todas las demás causas a las cuales se trata de involucrar en la culpabilidad de una conducta humana, son responsables. Se empeña en demostrarlo la madre, Dora Strang, que apasionada y dolorosamente se defiende de esa creencia moderna de que la "niñez es destino"; es decir que la conducta de los niños, adolescentes y más tarde adultos se debe en resumidas cuentas a la intervención de los desdichados padres. Quienes a su vez no son más que productos de su propia niñez.

Cuando la obra se estrenó en México hace algunos años, sus protagonistas fueron José Galvéz, como el doctor Martín Dyart, y Jaime Garza como su paciente Alan Strang. Interpretación que lo lanzó a la fama y le valió el premio como la revelación del año, otorgado por la Asociación mexicana de críticos de teatro. Actualmente Jaime Garza vuelve al mismo papel. Ya no es tan joven, ni tampoco principiante, pero sigue pareciendo un adolescente y no deja de ser tan estupendo actor como lo fue en el estreno.

En cuanto a Carlos Ancira, en el papel del Dr. Martín Dysart, no cambia mucho su específica manera de actuar, lo que no impide que logra crear con su temperamento dramático, a un personaje que mantiene el interés del público a todo lo largo de la obra. Y este científico, con su inclinación por la antigüedad griega, como una segunda personalidad, entusiasma a los espectadores quienes la noche del estreno recibieron cada final de acto con una ovación.

El resto del reparto, Carmen Molina como la madre, Miguel Gómez Checa como el padre, y Ariadna Welter como Esther, la amiga íntima y confidente del psicoanalista, no poseían el mismo atractivo. Ni siquiera Tina Romero, en el papel de la jovencita Jilmenson, resultó muy llamativa, salvo en su escena de la desnudez, cuando es muy bella y más seductora que seducida. Todos estos papeles son, en realidad, de muy corto aliento.

Bajo la dirección de Enrique Gómez Vadillo, el espectáculo cuenta con un ritmo muy acertado, y una interpretación muy disciplinada de todos los actores. La técnica del drama, que lleva a una parte del público al escenario (como lo hacían antiguamente, sobre todo en la época isabelina, cuando los grandes señores ocupaban los lugares más estratégicos del foro) ya no es tan novedoso como lo fue hace algunos años. Tampoco lo es sentar en torno del escenario a los actores al terminar sus escenas, lo que provoca cierto desencanto en el espectador. Asistir a la transformación del intérprete de un ser dramático en pleno apasionamiento, en un simple hombre de carne y hueso, con su frialdad e indiferencia, no deja de molestar.

En resumen un espectáculo interesante, a veces apasionante, que la noche del estreno pareció entusiasmar a la audiencia.