FICHA TÉCNICA



Título obra Bodas de sangre

Autoría Federico García Lorca

Dirección Alejandro Bichir

Elenco Félix de Pablo, Martha Unda, Guadalupe Villa, Maricruz Nájera ,Enrique Berosa, Raúl García

Escenografía Félida Medina

Grupos y compañías Compañía Estatal de Teatro de la Dirección de Cultura y Recreo del Gobierno del Estado de Oaxaca

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Eventos Jornadas Culturales Oaxaqueñas organizadas por el FONAPAS

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Teatro de Oaxaca en el DF. Bodas de sangre” en El Día, 11 octubre 1982, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro de Oaxaca en el DF. Bodas de sangre

Malkah Rabell

Bodas de sangre es una de las más hermosas obras teatrales de Federico García Lorca. Es también una de las más difíciles para poner en escena del poeta granadino. Drama, o mejor dicho tragedia, en cuya médula parecen clavados, como puñales en el corazón, ciertas partes que ya se hacen extrañamente envejecidos. La poesía dentro de la prosa, el poema en prosa, hoy, cuando la humanidad ha envejecido siglos en 50 años, cuando el ser moderno se avergüenza de todo sentimentalismo y hace gala de cierta dureza, pues el poema en prosa ya no posee la misma atracción que en los años de pre-guerra. Se necesita toda la autoridad artística de un García Lorca para que escenas donde árboles y luna hablan, y una mendiga pronuncia discursos alambicados, no provoquen sonrisas irónicas. No fue poca la ambición de la Compañía Estatal de Teatro de la Dirección de Cultura y Recreo del Gobierno del Estado de Oaxaca al enfrentar, con sus relativamente pocos medios, con sus insuficientes posibilidades creativas, una obra de semejante magnitud. Y para lograrla llamaron en su ayuda a un joven director del DF: Alejandro Bichir, quien emprendió tan gigantesca tarea con todo su entusiasmo, con todo su corazón. No es posible afirmar que ha triunfado en un 100 por ciento. Pero ya es suficiente si con actores en su mayoría no profesionales logró poner en pie un espectáculo que no le queda en zaga a muchos profesionales.

En el escenario circular del Polyforum Siqueiros –donde se ponía fin a las jornadas culturales oaxaqueñas organizadas por el FONAPAS desde el 28 de septiembre hasta el 5 de octubre–, 21 participantes se colocaron en rueda en torno del foro, para ir penetrando poco a poco, a medida que le llegaba a cada uno su turno, en el núcleo de la acción. Y en este escenario circular se inició esa tragedia de amor y de sangre, de pasión y de muerte. Drama de una joven apasionada, abandonada por un novio que fue a casarse con otra, para el colmo con una prima, en ese pueblo español donde todos son un poco, o mucho, consanguíneos. Y de repente, el día de la boda con su nuevo pretendiente, la novia se enfrenta con su viejo amor que nunca pudo ahuyentar del corazón. Y ya casada ella, y ya padre de familia él, ambos huyen en uno de esos briosos caballos para los cuales Lorca encuentra infinidad de sinónimos. La fiesta del casamiento se transforma en una fiesta de sangre, en la cual los dos rivales se entrematan, dejando a tres mujeres enlutadas, a dos esposas y a una madre, separadas por el odio y el rencor, pero unidas por el mismo infinito dolor. Tragedia donde el autor intercala muchas de sus ideas acerca de la mujer española esclava de las costumbres medievales; de la madre posesiva y de las familias ibéricas campesinas dispuestas a entrematarse por venganza de honor o por razones no siempre muy claras... Tragedia española, ¡tan española! Y que tan fácilmente hubiese podido transformarse en mexicana. ¡O más aún, en oaxaqueña! Y me vino la idea que así como Julio Castillo hizo de Los bajos fondos de Gorky, un drama mexicano, así Alejandro Bichir pudo de esta Boda de sangre de Lorca, hacer una tragedia casi oaxaqueña.

¡Si, oaxaqueña! Para la cual Alejandro Bichir contó con actores típicamente regionales, como Félix de Pablo, el padre de la novia, o Martha Unda, la criada, una de estas criadas lorquianas, abnegadas y parte de la familia, que son como el alma de sus dramas.

Pero Alejandro Bichir, con mucho respeto, quedó fiel al texto y a las intenciones lorquianas. No cambió casi nada al verbo original. Sin embargo, la intervención de la "Luna" o de la mendiga, casi no se dejaban sentir. Fue en el segundo acto, cuando el director colocó en torno del escenario a todo el conjunto de actores, armados cada uno de largos tallos de bambú, cuyos movimientos hacían toda clase de ruidos necesarios a la creación de la atmósfera dramática, y cuya caída insinúa el trágico fin de dos vidas, fue en ese acto donde Bichir logró sus mejores efectos.

En cuanto a los actores, Guadalupe Villa como la madre, tiene voz y claridad de dicción, pero tanto ella como casi todo el reparto, caen en una excesiva gesticulación. Desde luego, es más fácil gesticular para insinuar el dramatismo de las situaciones y de los personajes, que obtenerlo por medios estáticos. Los que mejores resultados obtuvieron de sus actuaciones, fueron: en el papel de la novia, Maricruz Nájera, actriz profesional que sigue siendo bella y posee mucho temperamento dramático, así como una perfecta pronunciación; Enrique Berosa como Leonardo tiene buena presencia y supo matizar su papel; de iguales virtudes hizo gala Raúl García como el novio. En cambio, no logran dar :a medida las escenas colectivas, escenas de conjunto. Los grupos de invitados, de acompañantes de la novia, los mozos y las muchachas, así como los leñadores resultaban inexpresivos y se notaba excesivamente su inexperiencia.

Espectáculo ambicioso, los esfuerzos de este grupo, cuyo vestuario y escenografía se debían a Félida Medina, los esfuerzos de su director, Alejandro Bichir, pueden resultar de gran provecho para una ciudad de provincia que no cuenta con muchos medios teatrales. Pero tampoco tendrá que avergonzarse ante numerosos grupos de la capital.