FICHA TÉCNICA



Título obra Un amante a la medida

Autoría Alfredo Varela

Dirección Lepoldo Ortín (Polo)

Elenco Oscar Morelli, Lepoldo Ortín (Polo), Kippy Casado, Arlette Pacheco, Borolas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un amante a la medida: teatro, sin medida” en El Día, 6 octubre 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un amante a la medida: teatro, sin medida

Malkah Rabell

Se hace imposible enfrentar el movimiento teatral de México, sin tomar en cuenta esta lacra que se llama "teatro comercial frívolo", el cual, por fortuna, en los últimos años ha disminuido su preponderancia. Todos sabemos que el público en un 90% va al teatro para divertirse. Y lamentablemente este "teatro comercial frívolo" parece ser del gusto de muchos espectadores. Pero, también creo que éstos, en su mayoría ignoran la existencia de otro género de espectáculos. Por diversas razones se han acostumbrado a las Viudas sin sostén, a las Pulquerías y a los Saltos del tigre, y por pereza mental conservan los mismos hábitos. Estoy casi segura que gran parte de este auditorio si se le empujara un poco hacia representaciones de mejor calidad, aunque no dejaran de ser al alcance de un público mayoritario, rápidamente adquiriría nuevas costumbres. El desconocimiento de la clase media de todo lo que es escenario en nuestro país, es tal, que sigue considerando como lo único válido en este campo a la Sra. Nadia Haro Oliva y su repertorio. Me parece que son la Compañía Nacional y el Teatro de la Nación, que más han hecho y siguen haciendo para conquistar a ese nuevo auditorio.

Ahora bien, creo que nunca he visto tantas "comedias frívolas", tanto "teatro vaudevillesco" como en el presente año. Y lo que más me molesta de estas incursiones al sub-teatro es que ni siquiera me divierte. Todo lo contrario. Es de un aburrimiento y de una idiotez que acalla la risa. Mi última experiencia fue Un amante a la medida que no entiendo de qué medida habla. Desde luego, ni el autor, Alfredo Varela, ni los actores, ni tampoco el auditorio se preocupan mayormente de la lógica en esta absurda historia, donde "alguien" llamado Alfonso, tiene a su disposición un departamento de soltero y se lo presta a otro "alguien" llamado Ataulfo, quien a su vez le teme a un tercer "alguien" llamado Inocencio, que es un Padrino mafioso. La historia, o historieta se redondea (?) con la aparición de dos mujeres: Chela y Rosita, quienes por turno y no se sabe por qué, tienen relaciones sexuales con los tres hombres que acaban de conocer. Y al final, cinco minutos antes de la caída del último telón, parece que el festín termina con relaciones de los tres hombres entre sí. Para no ser menos que Los chicos de la banda. Ay, las "comedias blancas", por lo menos tenían la simpatía de la inocencia. Además permitían la reunión de toda la familia en la sala.

Por fortuna –o lamentablemente, depende de qué angulo se mira– esa increíblemente estúpida comedia, cuenta con dos excelentes actores: Óscar Morelli, a quien de pena ver reducido a semejantes menesteres, pero también el actor necesita comer; y Polo Ortín, ya muy familiarizado con la rutina del género, al cual domina con no poca simpatía personal. Kippy Casado, cuya sobreactuación y vulgaridad nunca puede soportar, ante la vulgaridad de este vaudeville, hasta parece una gran dama, y comparada con su compañera de tablas, la "monumental" Arlette Pacheco, hasta se antoja una gran actriz. En cuanto a la Srta. Pacheco, que de monumental nada tiene, ni siquiera se le puede considerar mala actriz. Simplemente NO es actriz. Del conjunto queda un señor Borolas, a quien veo por primera vez, y quien en el papel del "Padrino", hace surgir la pregunta: ¿debe un cómico a toda costa ser sudo, feo, ridículo y además mal actor? Las comedias cinematográficas de los cómicos , con protagonistas gordos o demasiado flacos, con pelucas y trajes ridículos, deformes y víctimas de los pasteles, ya pasaron a la historia.

La dirección se halla a cargo del propio Polo Ortín, que se contenta con ser guía de tránsito e impedir que los actores tropiecen entre sí. La escenografía nada tiene de común con la intención del autor por crear una atmósfera "pecaminosa". Simplemente es la misma escenografía que se ha usado en el mismo teatro en todos los espectáculos anteriores.

Y en cuanto al público, ocupaba tan solo las primeras cinco filas, a pesar de tratarse de una función dominical. ¿Crisis? ¿excesiva carestía de entrada a $200? ¿O el público es más inteligente de lo que se supone?