FICHA TÉCNICA



Título obra Los chicos de la banda

Autoría Mart Crowley

Notas de autoría Nancy Cárdenas / adaptación

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Sergio Kleiner, Otto Sirgo, Rodolfo Rodríguez, Ernesto Rendón

Escenografía Guadalupe Kyriakides

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los chicos de la banda” en El Día, 4 octubre 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los chicos de la banda

Malkah Rabell

Vuelve a presentarse en la capital la comedia dramática del norteamericano Mart Crowley: Los chicos de la banda, que hace ocho años se había estrenado en nuestro ambiente igualmente bajo la dirección de Nancy Cárdenas. Este espectáculo viene a agregarse a la ya larga lista de obras con temática homosexual muy de moda en la actualidad, probablemente como reflejo de una moda en los Estados Unidos. La nueva puesta en escena se anuncia como: "versión mexicana de Nancy Cárdenas", adaptación que se hace bastante innecesaria. Los personajes son típicamente norteamericanos, y por más que se los coloque en el marco geográfico de, México, seguirán extraños a nuestra idiosincrasia, aunque sus problemas sean los mismos.

La obra es fuerte y logra mantener en tensión al público, aunque casi carece de argumento, y se mantiene debido a una situación que permite toda clase de anécdotas y hasta conflictos, algunos dramáticos y otros cómicos. Los dos actos transcurren durante una fiesta de homosexuales, organizada para festejar los cumpleaños de uno de los miembros de la "banda". Inesperadamente aparece en ella un amigo del dueño de casa que jamás había sospechado el carácter especial de su compañero de infancia. Como se comprende, semejante situación se presta a las sorpresas, a los choques, a las violencias y a las reacciones de cada uno de los presentes. La mayoría de los ocho protagonistas están bien adaptados a sus personajes y sería absurdo hacer comparaciones con las actuaciones de los actores de hace ocho años. Sin embargo no podemos dejar de establecer un paralelo entre dos espléndidos intérpretes en el mismo papel que han logrado tal diferencia de matices, que el mismo personaje adquirió por completo otras características. Me refiero a Sergio Jiménez y Sergio Kleiner, ambos como Mauricio, el festejado por los "chicos de la banda". El primero, en 1974, creó un carácter extraño, tieso y hasta duro en ese ambiente afeminado. Actitud que en el transcurso de la representación adquiere una razón de ser: la del judío que no quiere serlo y exagera su introversión para distinguirse de sus hermanos étnicos que por lo general son extravertidos. Por lo mismo, su actuación cerrada, como de hombre hermético, lo diferenciaba de todo el conjunto y hacía de él, en cierto modo, el centro del drama. En el mismo papel, Sergio Kleiner llega, como polo opuesto, a tales extremos de extraversión de "loca" exagerada, que en un principio se hace antipático y hasta insoportable. Pero su calidad de actor es tal, que logra transformar su pathos en el dramatismo de un gran intérprete que obtiene su clímax en el discurso shakespeariano del Mercader de Venecia, que pronuncia como sin querer, como desprendido de los efectos provocados.

Quizá en la presente puesta en escena, los intérprete sean más jóvenes en su mayoría que los de la anterior versión. Sobre todo Otto Sirgo como Miguel, el dueño de casa, el mayor del grupo, un carácter extremadamente nervioso y violento, y Rodolfo Rodríguez como Octavio, la "Loca", ya cansado y envejecido para sus eternas extravagancias, son algo fuera de edad. Pero la juventud y la agradable presencia física nunca fueron defectos graves en él escenario. Se puede en cambio reprochar a la dirección una exagerada búsqueda de escenas hilarantes, que al público encantan pero que no son de un gran mérito artístico. Tampoco algunos chistes "locales" son muy necesarios para la buena marcha del espectáculo. Por fortuna en general la dirección tiene un ritmo acertado, y la obra en sí tiene suficiente fuerza dramática como para resistir cualquier imperfección, como, por ejemplo, la completa inexperiencia del "vaquero", Ernesto Rendón, que a todas luces ha sido elegido por su físico.

Lo único que me ha chocado en esta representación fue la escenografía, debida a Guadalupe Kyriakides. Por lo general se considera que los homosexuales se distinguen por su buen gusto y su sentido artístico. ¿Por qué a la escenógrafa se le ocurrió pintar las paredes de ese domicilio de un arquitecto en insoportable color rojo? Por fortuna, hasta esta falla el espectáculo lo pudo aguantar sin perder nada de su valor.