FICHA TÉCNICA



Título obra El estupendo cornudo

Autoría Fernand Crommelynck

Dirección Ignacio Retes

Elenco Laura González de León, Fernando Balzaretti

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve Crommelynck con El estupendo cornudo” en El Día, 15 septiembre 1982, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vuelve Crommelynck con El estupendo cornudo

Malkah Rabell

Hoy, ya muy pocos recuerdan a Fernando Crommelynck, el célebre en su tiempo vanguardista francés de quien Ignacio Retes dice en el programa de mano, que ya en 1920, cuando se estrenó su Estupendo Cornudo: "...anticipa y anuncia voces que habrían de sacudir la dramaturgia universal cuarenta o cincuenta años más tarde". Pero caso raro, el más acérrimo enemigo de esas "Voces", entre quienes se cuentan Beckett e Ionesco, asi como un Arrabal con su Fando y Lys, fue precisamente Crommelynck en persona, quien declaró en una entrevista: "Hoy, los Beckett y los Ionescos hacen teatro para escuela nocturna. Un hombre que crece en el escenario a ojos vistas, cuyos pies llegan a tener un metro cincuenta... Una mujer medio sepultada que se va enterrando poco a poco para simbolizar la brevedad de la vida . . .; ¡Eso es alegoría bastante primaria . . .!"

Y en cuanto a su propia pieza: El estupendo cornudo el autor afirma: "...la máscara, el disfraz de Stella, se justifican en todos los planos. Un celoso que secuestra a su mujer, que le impide toda coquetería, que la sustrae a las miradas, como hace Bruno, es algo corriente".

Pero la Stella que nos presenta Ignacio Retes no usa máscara ni disfraz, y el celoso marido no la distrae a todas las miradas, sino al contrario. En su demencia la va desnudando ante todas las miradas, proclamando sus mayores intimidades anatómicas y morales a todo oído que se presta a escucharlo. Es un personaje muy poco corriente, pero muy creíble desde el punto de vista psiquiátrico: ¡Es un demente!

He leído una media docena de obras de Crommelynck por los años 1946-47, cuando fueron traducidas al español y el nombre del autor empezó a circular entre los latinoamericanos amantes del teatro. Con el correr de los años, los textos de Crommelynck han escapado a mi memoria. Sólo recuerdo que este dramaturgo no fue mucho de mi agrado. Prefiero al Crommelynck que nos representa Ignacio Retes, aunque no sé si es fundamentalmente diferente del original. Retes no usa máscara ni disfraces. Cubre el rostro de la mujer martirizada con su propio pelo y deja casi al desnudo su cuerpo envuelto en una red. Un desnudo que resulta natural, necesario al desarrollo del texto. Retes logra una dirección super-realista, muy de moda actualmente.

En cambio, lo molesto de esta dirección, y probablemente de este texto, es la cansadora repetición de los hechos y de los sentimientos de las escenas violentas y de las escenas eróticas. Con una sola violación de la víctima, Stella, bastaría. ¿Para qué hemos de presenciar una violación tras otra; una persecución tras otra realizada por la población femenina contra Stella; una martirización de la misma mujer acusada de infidelidad tras otra. Un tema que en los primeros quince minutos desarrolla todas las complejidades de la situación y de las reacciones anímicas, llega a repetirse en el transcurso de dos horas.

Y sobre todo ¿para qué este escenario tétrico? ¿Por qué esta escenografía que cubre el foro de lodo y deja a la joven actriz, Laura González de León, desnuda, mojada y cubierta de fango? ¿Acaso un molino de viento necesita forzosamente un paisaje de ciénaga como telón de fondo? Entre este paisaje y los personajes no existe contrapunto. Ninguna diferenciación! ¡Lodo, lodo, lodo por todas partes, en la tierra y en las almas! En la escenografía y en los protagonistas!

El papel de Bruno, el celoso, el demente, el "estupendo cornudo" que se empeña en serlo, y ya no sabe qué inventar para convencerse a sí mismo que lo es, es uno de los más difíciles que he visto. Fernando Balzaretti es un excelente actor de carácter, por el cual siento desde hace mucho una especial admiración. Y no obstante, lo repetitivo de este personaje es tal, que no convence, y llega a cansar. No puedo asegurar si es el actor quien no da el ancho, o es el papel que no ofrece asidero para mayor creación y cambios de tonos y emociones.

En el papel de Stella, pese a que el personaje es igualmente repetitivo y se reduce a lloriquear constantemente, la joven actriz Laura González de León, crea una figura tierna, que despierta piedad. Tal vez por ello se nos hace indignante que la tiren tantas veces al agua, y del agua al lodo, y vuelta al agua, y vuelta al cieno. ¿Para qué? ¿Para que terminé con una pulmonía?

Sin embargo, pese a los excesos de realismo, a la violencia y hasta al sadismo, o tal vez debido a todo ello, que no poco tiene de influencia de Antonin Artaud, la representación parece gozar de mucho éxito, y los espectadores, la noche del estreno, aplaudieron con especial entusiasmo cada final de acto.