FICHA TÉCNICA



Título obra Un poquito embarazada

Autoría Julio Mathías

Notas de autoría Julio Varela y Alfredo Varela / adaptación

Dirección Alfredo Varela

Elenco Benny Ibarra, Yuyu, Alfredo Varela, Alejandra Meyer, Leticia Perdigón

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un poquito embarazada” en El Día, 23 agosto 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un poquito embarazada

Malkah Rabell

El título es muy poco singular y aun menos interesante. lo anuncian como original de Julio y Alfredo Varela. Pero pienso que más bien se debe al español Julio Mathías y Varela lo adaptó al ambiente mexicano. Es una obra debida a un comediógrafo súper conocedor del oficio, con sus quid pro quo muy hábiles, sus situaciones cómicas y hasta lógicas, que abren y cierran la comedia sin falsas desviaciones. Una comedia redonda. Lástima que la adaptación, como la dirección y la misma actuación introdujo una cantidad increíble de vulgaridades, de payasadas y de ineptitudes. No sé por qué creen que el público necesita semejante mejunje para sentirse contento y reírse.

Personalmente, las únicas escenas que me hicieron reír fueron las que contaban con la presencia de Benny Ibarra. Fue el único actor que hacía reír de buena gana en su papel de agente de seguros que es tomado por otro que tiene el mismo nombre. Aquel principalmente de hace algunos años a quien el director José Luis Ibáñez manejó –en una comedia cuyo título olvidé– como a un objeto mecánico, un poco como títere con gestos y actitudes exageradas, para ocultar su inexperiencia para sacar adelante un papel muy difícil, ha quedado lejos, muy lejos. Hoy, Benny Ibarra es un excelente actor de comedia, con mucha naturalidad y don cómico. Siento en el alma que ha de adaptar su talento a unos espectáculos de poca calidad.

En cambio ¡que insoportable payasa es Yuyu! No parece actriz de teatro. Más bien se antoja salida de algún cabaret o circo. Es el suyo el mejor papel de la comedia: una "dama" estúpida y cursi, demasiado joven para su marido y demasiado vieja para su hija, y hasta excesivamente atrasada mental para su sirvienta. En manos de una buena intérprete sería un triunfo al crear un personaje de carácter. La señora Yuyu en lugar de actuar, se dedicó a lo clownesco, a usar saltitos y brinquitos que no venían al caso, con un lenguaje retorcido de niña idiota, para todo lo cual la dirección le dio alas. Alfredo Varela que además de autor, es también director y hasta actor, en su papel de marido y padre de familia muy "serio" que persigue a la sirvienta, es terriblemente rígido y falto de temperamento, aunque posee una clara dicción. Alejandra Meyer, experimentada cómica de teatro frívolo, no tiene gran cosa que demostrar (salvo los pechos). Y en cuanto a Leticia Perdigón, ya la hemos visto más de una vez como una juvenil promesa. Pero en el presente caso nada tiene que prometer. El personaje de la muchachita soltera un "poquito embarazada", que al final resulta nada embarazada" como siente a una hija de una "lujosa residencia del sur de la ciudad" tradicionalmente moral, ofrece muy pocas posibilidades de lucimiento o de creatividad. Además la doña Yuyu, hace todo lo posible para opacarla y acaparar el escenario, con las más baratas triquiñuelas.

La comedia se anuncia como la de "mayor éxito del año'", y a decir verdad los aplausos que recibieron el último telón, el final, fueron bastante entusiastas. La sala de teatro Sullivan estaba casi llena, lo que no es poca cosa para una noche de jueves, para la primera función, la de la 7.30, y en una época como la nuestra, de crisis económica. Sobre todo que el público parecía bastante modesto. Quizá de clase media que no deja de ser la más afectada, o por lo menos la que más se queja. Y en cuanto a la hora en la cual se inicia el primer espectáculo, casi se me antoja la más apropiada para nuestros días, o noches, cuando la gente que carece de transporte teme entrar después de las 10 a su casa. Según dicen en Nueva York por las mismas razones –el temor a los asaltos– se han hecho cambios en los horarios de los actos públicos. ¿No sería un cambio apropiado también para nosotros? Cambios para el "teatro serio" que sólo ofrece una función y empieza a las 20.30, que podría iniciarse a las 19.30. Me parece que no sería superfluo hacer la prueba. Muchas personas con pocos medios para desplazarse –sobre todo las mujeres solitarias– se lo agradecerían.