FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Compañía de Danza de Raúl Flores Canelo

Espacios teatrales Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque

Notas Presentaciones de las coreografías Las condiciones de un pájaro solitario de Marcela Aguilar; Jaculatoria y De aquí , de llá y de acullá de Raúl Flores Canelo, y Cuarto interior de Silvia Unzueta

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Ballet de Raúl Flores Canelo” en El Día, 16 agosto 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Ballet de Raúl Flores Canelo

Malkah Rabell

No me considero gran conocedora de las técnicas bailables, por lo mismo nunca me atrevo a escribir de las temporadas dancísticas. Mas, cuando veo en el escenario la Compañía de Danza de Raúl Flores Canelo, que hace poco aún se titulaba: Ballet Independiente, se me despierta la tentación de hacerlo, por un cierto parecido de éste con el arte teatral, con un drama bailado, y a veces hasta con una comedia bailada. La temporada de cuatro días que esta compañía realiza actualmente en el precioso teatrito de la Danza en la Unidad del Bosque, consta de cuatro coreografías: Las condiciones de un pájaro solitario; Jaculatoria; Cuarto interior y De aquí, de allá y de acullá; debida la primera a Marcela Aguilar, la segunda y la última al titular Raúl Flores Canelo, y la tercera que es un estreno, a la excelente bailarina Silvia Unzueta. Sentada en la sala durante una hora y media de la duración del espectáculo, lo goce sin pretensiones y sin resistencias subjetivas.

Para la coreografía de Marcela Aguilar, el programa de mano, muy inteligente publica un fragmento de San Juan de la Cruz (creo que si yo fuera el coreógrafo o el director de escena, este fragmento lo proyectaría sobre un telón de fondo). El texto es el siguiente: "Las condiciones de un pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente". Se podría escribir un ensayo para explicar cada una de estas condiciones. Pero contentémonos con entender que sin duda se trata no de un ave cubierto de plumas sino de uno de esos seres humanos muy alto donde nadie las puede alcanzar, más, cuyos pies quedan en tierra. De allí que Javier Romero, el muy joven intérprete, en su danza moderna, muy simple por cierto, hallábase más cerca de San Juan de la Cruz que un bailarín clásico quien en sus saltos y etéreos desplazamientos nos transportaría con mayor familiaridad hacia el vuelo de un pájaro de verdad. Javier Romero era en realidad un hombre, un joven en busca de algo más allá de la vida cotidiana. Quizá en, busca de la santidad, o de Dios quizás .. . Fue una danza muy corta, muy disciplinada técnicamente, y con una extraña y tierna sugestión.

Y en seguida vino la coreografía de Raúl Flores Canelo: Jaculatoria, oración breve y ferviente por el autor de La sangre devota, Ramón López Velarde, muerto en 1921. Década que el coreógrafo reproduce sobre todo por medio del vestuario, con esta imaginación pictórica tan propia de Flores Canelo, el creador de las Camas calaveras del Día de los muertos. Cierto, esta danza carece de las extravagancias de los locos años veinte, y más bien insinúa una cierta suavidad de provincia, con no poco de romántico que fue el tono de los principios del sublime zacatecano. Pero sobre todo nos atrae la plasticidad de todo el conjunto que baila con esta perfecta disciplina técnica que se nota a través de todo el programa.

El estreno de la noche: Cuarto interior, bailado por la propia coreógrafa, Silvia Unzueta, nos vuelve a demostrar que es una bailarina de muchos recursos técnicos y de mucha personalidad, pero con infinitamente menor experiencia en el campo coreográfico. La acompaña con pareja Carlos Tolosa, bailarín muy agradable, pero sin mucho vuelo.

Y por fin, para clausurar el espectáculo, volvió Raúl Flores Canelo con un "divertimiento" semi popular: De aquí, de allá y de acullá, en el cual los mambos y danzones se entrecruzaban con música de Mozart y Verdi. Durante todo el ballet, la alegría y la fantasía reinaban sobre el escenario. Las danzas de moda en los cabarets y en las fiestas de "salón", permitían la decena de bailarines del conjunto hacer gala de todo su temperamento juvenil.