FICHA TÉCNICA



Título obra Trío

Autoría Kado Kostzer

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Sonia Furió, Martha Navarro, Diana Bracho

Escenografía David Antón

Coreografía Jorge Ocejo

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Trío en el Teatro de la Nación” en El Día, 11 agosto 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Trío en el Teatro de la Nación

Malkah Rabell

Desde sus inicios, el Teatro de la Nación del IMSS consideraba como una de sus finalidades contar con una sala dedicada a obras del Continente Americano. Para este menester dedicó el Teatro Reforma en el cual se acaba de estrenar la pieza en dos actos Trío, del argentino Kado Kostzer. Pero caso raro, esta obra que tiene cierto tono costumbrista, no posee rasgo rioplatense alguno. No existe en ella alguna de estas huellas de una determinada idiosincracia étnica, que a menudo aparece casi contra la voluntad del propio autor. Si Trío no hubiera anunciado la nacionalidad de su dramaturgo, hubiéramos podido colocar esta historia de tres hermanas solteras, en cualquier parte del mundo. Lo que de ninguna manera se podía hacer con otras Tres hermanas, las de Chéjov, típicamente rusas. Quizá esta falta de etnicidad de las tres únicas protagonistas le resta fuerza dramática y hasta interés a Trío.

Drama de tres mujeres ya maduras, sobre todo la mayor, Leonor que no abandona la casa salvo los domingos para ir a misa. Personalidad trágica, es el pilar material y moral del hogar; es ella que lo mantiene con su trabajo de costurera para niños que considera como un arte, y es ella que acepta todos las tareas ingratas del cuidado de una madre anciana y enferma encarnada en el primer piso a la cual los espectadores sólo conocen por las charlas de las tres solteras. Pero el dramaturgo no parece tenerle mucha simpatía a su heroína. Más bien lo presenta como una maniática llena de locuras, cuyas manías aceptan las dos hermanas menores –Amando, que trabaja fuera y trae un soplo de aire a ese hogar claustrado, y Esther, la más joven, enferma de asma–, porque saben que sin Leonor se desmoronaría su estatus económica y recaería en ellas todas las desagradables obligaciones domésticas y familiares. A veces se nos ocurre que el autor hace gala de un equívoco sentido ético, cuando las dos hermanas le hacen saber a Leonor que sufre de un cáncer debido al "castigo de Dios" por haber corrido de la casa a una cuarta hermana porque ésta le quitó el único amor de su vida. En resumen todo el mundo en esa cosa del Trío, desde la madre que prefiere a la hija ausente, hasta las dos hermanas, aceptan y abusan del trabajo y de la persona de Leonor, pero nadie se lo agradece.

Formando el drama por escenas sueltas, episódicas, que no tienen mucha unidad entre sí, el primer acto atrae por un soplo de melancolía y cierta ternura. Pero el segundo se alarga con exceso –hasta imponer al espectáculo dos horas y media de duración–, se cuelga debido a escenas que realmente se hacen inútiles, como cuando las tres hermanas se ponen a imaginar, con una especie de alegría feroz, el entierro futuro de la madre, con todas las "elegancias" de una dama distinguida, porque "todo lo de mamá deber ser perfecto". Este rasgo tal vez si sea natural y propio a la clase media rioplantense. Lo que debe agradecérsele a la empresa es que no se le ocurrió imponer una adaptación mexicana.

Con Sonia Furió, Martha Navarro y Diana Bracho, en los papeles de Leonor, Amando y Esther respectivamente, la obra adquirió tres excelentes intérpretes, tanto en los momentos dramáticos como en la leve ironía que el autor impulsa a ciertas escenas sin llegar a un especial sentido del humor. La más joven de las tres, la actriz universitaria, Diana Bracho como Esther, parece muy merecedora de un premio a la revelación.

Bajo la dirección de Rafael López Miarnau la representación mantiene todo el tiempo un ritmo apropiado, no demasiado rápido, ni tampoco demasiado lento. Es la vida de la clase media, con su falta de pasiones visibles y sus pequeños intereses, con su fluir cotidiano de una vida monótona, que transcurre en el escenario con toda naturalidad. Obra que a falta de mayores conflictos sólo permite al director el manejo de los actores, hay que considerar que la excelente actuación de las tres protagonistas le debe no poco a la mano y a la inteligencia de Rafael López Miarnau.

No se puede pasar por alto la escenografía muy sugestiva de David Antón, con su perfecto reflejo de un hogar modesto, tal vez no tanto en cualquier rincón del mundo, sino precisamente en el Sur del Continente Americano.