FICHA TÉCNICA



Título obra El cómico proceso de José K.

Notas de autoría Franz Kafka / autor de la novela El proceso; Héctor Ortega / adaptación

Dirección Héctor Ortega y Ricardo Díaz Muñoz

Elenco Farnesio de Bernal, Ramón Barragán, José Luis Cuevas

Escenografía José Luis Cuevas

Notas de escenografía Francisco Solares / realización

Música Rafael Elizondo

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El cómico proceso de José K” en El Día, 8 agosto 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El cómico proceso de José K.

Malkah Rabell

Hace unas décadas, permitirse reír de un actor considerado serio, transformar en farsa una tragedia como lo han hecho la compañía georgiana de la URSS con Ricardo III de Shakespeare, hubiera sido considerado como un crimen, como un acto irrespetuoso contra las normas más caras de admiración por los monumentos artísticos. Hoy, la moda del humor negro introdujo muchos cambios. La gente en general, y el público en particular, trata de reírse con o sin excusas. Se oye reír al auditorio en cines y teatros por las razones más inverosímiles. Como por ejemplo, en una película de guerra, donde caen –en la pantalla– siete condenados a muerte. Kafka es un verdadero padre del teatro del absurdo, y en general de toda la literatura del absurdo. Cuando algo es demencial en nuestras reglas de vida social o política, lo llamamos "kafkiano". Y hoy el público se ríe con Beckett y con Ionesco. ¿Y nada puede sorprendernos que también se rían con Kafka? Desde luego, Deleuze y Guattari, sociólogo y psicoanalista, después de su libro de tanto éxito, el Anti Edipo, de hace unos 10 ó 15 años, éxito debido a la originalidad de su anti-conformismo que derribaba a los ídolos, es muy natural que hayan buscado algun tema poco usual para llamar la atención. Y no encontraron nada mejor que demostrar la comicidad de Kafka en su libro: Kafka, por una literatura menor (cito el título de memoria y me excuso si en algo me equivoco).

Coincidiendo con los dos autores franceses, el comediógrafo, actor y director de escena, Héctor Ortega, insiste: "Kafka ni es apolítico, ni triste. Por su imagen deformada, pocos sabemos que Kafka era un hombre vital y alegre que sabía reír y hacer reír a sus amigos, con esa revolución permanente que es la risa, la sátira que flagela los vicios de la burguesía, de la burocracia y de todo aquello que se considera solemnemente instituido."

Personalmente Kafka nunca me ha hecho reír. Tampoco llorar. Pero sigo con angustia el análisis kafkiano y siempre me extraña como la realidad nuestra imita la ficción kafkiana. En El proceso no es el empleado bancario, José K. que nos conmueve. Es la semejanza de su situación de persona que "...sin haber hecho nada malo fue detenido una mañana" que puede suceder a cualquiera de nosotros en la vida moderna, sin que supiéramos de qué se nos acusa. Desde luego, con la psicología actual, que se ríe de todo, tanto del pobre diablo como Charlot, como del antihéroe brechtiano, no se desperdicia la oportunidad de transformar en ridículo al burócrata José K. Pero si el director trata de hace reír con el texto de Kafka, me parece que lo más natural sería hacerlo de una manera "seria", dejando que la risa lo provoque el texto mismo y no las actitudes de los personajes. Actitudes que caen en la payasada. Ortega "ayuda" excesivamente al novelista checo. En este Cómico Proceso la comicidad no se debe a Kafka sino a la dirección de Héctor Ortega y Ricardo Díaz Muñoz.

El propio Héctor Ortega, en el papel del empleado bancario José K, carecía de esta naturalidad tan propia al estilo de Kafka, que a unos –quizá– hace reír, a otros angustia, y probablemente a no pocos deja indiferentes. Tal vez por esta abundancia de parlamentos que ha de pronunciar el personaje central, durante tres actos y durante casi tres horas de duración de la obra, el protagonista perdió mucho de su claridad de dicción y a veces hasta caía en la confusión. Y si hemos de tomar a este "Proceso" como farsa, entre los numerosos actores que han participado en ella, solo muy pocos han sabido crear a sus figuras dentro de semejante género. A los únicos que me han quedado grabados en la memoria, son Farnesio de Bernal como el comerciante, y Ramón Barragán en diversos papeles.

En esta puesta en escena han intervenido dos creadores de reconocida fama. El compositor Rafael Elizondo, cuya música original me encantó y más de una vez sacaba al público de una actitud indiferente. En cuanto al célebre artista plástico José Luis Cuevas, que se anuncia como responsable de la escenografía y del vestuario, francamente no sé hasta donde llega su responsabilidad y donde empieza la del realizado escenográfico Francisco Solares. La escenografía es algo muy distinto de un cuadro plástico. Es una técnica. Aquí la escenografía resultaba demasiado desordenada, con elementos amontonados en el breve espacio del foro Santa Catarina. El mural y las máscaras eran muy interesantes. Pero no eran más que copias de las creaciones de Cuevas. Y no sé hasta donde llegaba la copia. La verdadera creación de Cuevas, resultaba el dibujo en el programa: indudablemente valioso, que muchos guardarán en un marco.

Con todo y fallas, el espectáculo no deja de ser llamativo, por esta novedosa actitud frente a Kafka, que el director y protagonista juzga como: "...tal vez en nuestra puesta en escena he exagerado un poco. El ambiente logrado quizá no sea el verdadero espíritu de Kafka. Kafka es mucho más, lo sé. No obstante de una cosa estoy seguro. Estoy más cercano que quienes han creado una equivocada imagen de la personalidad y de la obra de Franz Kafka"