FICHA TÉCNICA



Título obra A desnudarse de risa

Espacios teatrales Teatro Principal

Notas La autora menciona que la obra se anuncia como espectáculo de Jorge Issaac

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un espectáculo pornográfico: A desnudarse de risa” en El Día, 5 julio 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un espectáculo pornográfico: A desnudarse de risa

Malkah Rabell

Podría llevar como título: Velada en un prostíbulo, y era de tal realismo que sus pseudo-actrices parecían auténticas prostitutas. Con un poco de inteligencia, de arte y de buen gusto, hasta la pornografía puede ser pasable. Pero rara vez, he visto tanta grosería, estupidez y falta total de calidad artística como en el presente caso, que se anuncia como "espectáculo de Jorge Isaac" y se ofrece en el teatro Principal. Decididamente, este teatro puede enorgullecerse de los extremismos más negativos en el campo del teatro én los últimos años en México, pero el peor de ellos se llamó La pulquería.

A desnudarse de risa ni es comedia, ni es farsa, ni siquiera es revista. Es un conjunto de escenitas, algunas más breves y otras más largas, en forma de sketches, que se desarrollan en torno de un chiste, por lo general obvio y desde luego sexual. Ciertas escenitas tienen como protagonistas a cuatro "beldades", según la empresa: "muy sexis", que sólo llevan un brevísimo tapa-rabos. Un desnudo total rara vez es hermoso. Para serlo ha de pertenecer a un cuerpo perfecto. Y la perfección anatómica es más rara que una perla de Oriente. Nada más pobre que la desnudez de estas cuatro damas cuyos nombres ignoro. Pues el espectáculo carecía de programa. Entre el público circulaban unos volantes como de feria, que anunciaban: "Sólo el sexo es mejor que esta comedia". ¿Cuál comedia? Sin argumento, sin personajes congruentes, sin ingenio verbal y sin unidad, el único elemento de comedia –más bien de farsa– que ostenta A desnudarse de risa es la obscenidad, y ésta se considera como la forma más baja del género cómico.

Otras escenitas tienen como núcleo el homosexualismo, que ya se sabe es la salvación de todo teatrista falto de imaginación y de dignidad artística. La última escena que presencié antes de huir, después de aguantarme dos horas, se desarrolla en un prostíbulo y es de una estupidez tal que para calentar al público una de las cuatro "actrices", improvisó un episodio para desembarazarse de la ropa.

Fue precisamente el público que más me extrañaba. ¿Por qué gasta un espectador sensato $180 por la entrada para ver semejante bodrio, sin obra, sin actores, sin dirección ni escenografía? Para escuchar chistes es mejor comprar un libro con los mejores cuentos humorísticos del año y leerlo cómodamente sentado en su casa, mientras llueve afuera. La mayoría de las comedias o farsas de los demás teatros comerciales del DF, ofrecen más elementos para interesar y hacer reír. Por de pronto, cualquiera de esos teatros cuenta con algunos actores de calidad. A veces toda la representación está a cargo de buenos intérpretes aunque abandonados a propia iniciativa por falta de dirección competente. Mas, en este A desnudarse de risa ni uno solo de los componentes del reparto podía llamarse intérprete. No los quiero denominar payasos, para no ofender a los auténticos representantes de semejante género, entre quienes más de uno ha pasado a la historia del arte cirquero. Tampoco los quiero comparar con la carpa. Porque la carpa resultaba más fresca y popular. La sala del Principal no se encontraba del todo repleta, mas, por ser la primera representación del día, la de la tarde, resultaba bastante concurrida. No obstante, se me hace que todas esas risotadas ni siquiera eran sinceras. Parecían más bien forzadas: "ya que vine para reírme, pues me voy a reír". Si uno observaba los rostros éstos parecían perdidos, como sorprendidos por algo que no captaban. Otros interpelaban a los actores como lo hacían antaño en las carpas.

Pero lo más claro para todo el mundo, es el resultado de semejantes espectáculos. Mientras existan, habrá público que en lugar de adquirir mayor sensibilidad y educación tanto artística como social en contacto con el arte dramático, pierde la poca que tiene y se transforma en seres incapaces de pensar y de admitir una creatividad superior ya sea en el campo teatral, ya sea en cualquier otra área de la creación humana.