FICHA TÉCNICA



Título obra Adán, Eva y la otra

Autoría Dante del Castillo

Dirección Erika Mireles

Elenco Antonieta Teit, Esperanza César, Victoria Burgos, Miguel Loaiza, Héctor Reza

Grupos y compañías Actores egresados de la Escuela de Actuación del INBA

Espacios teatrales Galería de Artes Plásticas de la UAM

Eventos Cuarto Ciclo de Lecturas de la Nueva Dramaturgia Mexicana organizada por la UAM

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Lectura de Adán, Eva y la otra” en El Día, 30 junio 1982, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Lectura de Adán, Eva y la otra

Malkah Rabell

He observado que cuantas veces tuve la oportunidad de enfrentar una obra de autor mexicano en su doble aspecto: lectura y representación, me gustaba más la primera, ¿Será porque los autores nacionales son más novelistas y narradores que dramaturgos? Puede ser. El caso es que la lectura de la comedia (el autor la llama farsa) de Dante del Castillo: Adán, Eva y la otra, realizada por un grupo de actores egresados de la Escuela de Actuación del INBA, bajo la dirección de Erika Mireles, me encantó. Auspiciada por la Universidad Autónoma Metropolitana, parte del Cuarto Ciclo de Lecturas de la Nueva Dramaturgia Mexicana que la UAM organiza cada lunes en su Galería de Artes Plásticas, este texto se distingue no obstante de la mayoría de las otras creaciones dramáticas que he podido escuchar en el mismo ciclo: no pretende a lo social ni a lo político. Es, como el propio autor lo asegura: un texto para teatro comercial. Y sin embargo el teatro comercial la rechaza. ¿Por qué? Posiblemente porque es demasiado buena y porque bajo este título tan ligero: Adán, Eva y la otra tiene mucho más intenciones subyacentes de lo que parece a simple vista y de lo que hasta el mismo autor imagina.

Empezando por el título: Adán y Eva, o dicho de otra manera los padres de la humanidad, aunque sólo sea de un modo simbólico. ¿Y la otra? ¡Ah, esta otra! Parece una brujita. Una de esas brujitas de televisión, tan de moda en los últimos años y que ya fastidian: Las brujitas que aparecen, desaparecen, ponen en peligro los empleos de sus maridos y molestan a todo el mundo. Esta "otra" ¿es una de ellas? Así parece durante un buen rato. Y luego ¡Zas! es algo muy distinto. Es la fuerza complementaria de los otros dos. ¡La muerte! Adán y Eva. El eterno hombre y la eterna mujer, o la humanidad, y su final obligatorio... La muerte. Una bastante loquita: enamorada, caprichosa, ' inestable, brujita a sus horas, que quita y devuelve la vida, perseguidora de los hombres, a veces inflamada y otras insensible ... Es una muerte muy a la mexicana: que hace reír, Y si el autor la viste de un impermeable, yo la vestiría más bien a lo Posada.

También da la impresión que una idea central preocupa al dramaturgo, tal vez inconscientemente. O quizá le da vergüenza admitirlo y lo toma un poco en broma. ¿La vida termina realmente cuando el corazón cesa de latir y el cerebro de pensar? ¿O tiene una continuación perpetua bajo otras formas y otros nombres? ¿Existe la transmigración de la almas? El público puede tomarlo como quiera, ya en broma, ya en serio. Entre los asistentes a la lectura había más bien una tendencia a darle toda clase de nombres místicos y orientalistas

Farsa o comedia, me gusta más el segundo género, resulta demasiado seria para el teatro comercial que está decidido a no pensar y no permitir que lo hagan los espectadores. Además para esta clase de teatro hacen falta los chistes v los albures. De los cuales carece la obra de Dante del Castillo. En resumen para el teatro comercial, Adán Eva y la otra es una comedia excesivamente fina.

En cuanto a la parte interpretativa, la lectura a cargo de cinco jóvenes actores, fue perfecta. Antonieta Teit, como la muerte, hacía gala de muchísima gracia. Esperanza César (premio de Revelación 1981 otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro), como Eva, la esposa de Adán, que inesperadamente queda viuda, pero que en su desesperación percibe la futura esperanza, el futuro consuelo, tiene una dicción clarísima y pasa del tono ligero a lo dramático sin esfuerzo, o como sin esfuerzo, con toda naturalidad. Lo mismo le pasa a Victoria Burgos, la tía, que transmite la simpatía exigida por el personaje, cómico sin exageraciones. Sobre todo Miguel Loaiza, en su papel protagónico de Adán, va daba la impresión de un actor maduro. Y cierra el ciclo Héctor Reza, en un papel menor, el del médico.

En una lectura –como en un monólogo– la tarea principal del director es manejar las entonaciones y los matices vocales de los intérpretes. Por lo mismo, la perfección de esta lectura se debe en gran parte a la directora, Erika Mireles, aunque permanezca en la sombra.