FICHA TÉCNICA



Título obra Romántica

Autoría Margarita Urueta

Dirección Daniel Salazar

Elenco María Luisa Medina, Álvaro Tarcicio, Emilio Echeverría, Aída Renée, Helia Vasconcelos

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Eventos Nueva Dramaturgia Mexicana

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Romántica” en El Día, 14 junio 1982, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Romántica

Malkah Rabell

La dramaturga mexicana, ya en cierto modo veterana, Margarita Urueta, considera su nueva obra: Romántica como comedia de suspenso. En realidad de suspenso nada tiene y nos pasamos dos horas esperando vanamente la sorpresa, el impacto, el shock emocional, el miedo, o algo por el estilo. ¡Nada! En cambio, al final, nos enteramos que a partir del segundo acto nos hallábamos frente a un misterio metafísico que un sector bastante amplio de la humanidad considera posible. Es decir, que los muertos, apenas fallecidos pueden aparecerse a los vivos y continuar al lado de éstos durante algún tiempo, ejerciendo todos sus actos vitales. Hay algunos autores famosos que han creído en esa segunda vida, como por ejemplo, Thorton Wilder quien en todas sus obras nos habla de lo limitado de la vida humana y eterno fluir del tiempo, que nos devuelve a nuestros seres queridos en alguna o en otra forma. Para Margarita Urueta, dos personas que acaban de fallecer pueden convivir con sus seres amados durante unas horas antes de que éstos se enteren que acaban de fallecer. Lamentablemente la autora no ha sabido imponer a su texto ni el conflicto dramático, ni el ritmo necesario, ni la creación psicológica de los personajes. Todo este texto se arrastra, no vive, ni logra interesar al público.

El director de escena, Daniel Salazar no logró imponer al drama el alma del cual carece, aunque tuvo bajo su dirección a un grupo de jóvenes actores capaces y entusiastas. Sobre todo intervinieron en su puesta en escena dos intérpretes a los cuales tuvimos la oportunidad de ver y aplaudir en el mismo escenario del pequeño y bastante incómodo teatro Jesús Urueta, en la obra de Ibsen, Hedda Gabler. Se trata, en primer término, de María Luisa Medina, premiada por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro por su espléndida actuación en el drama ibseniano, que llamó la atención de toda la crítica capitalina por sus dones interpretativos. La joven actriz no se amilanó ante un personaje minúsculo, secundario, casi inexistente: una vieja costurera en la casa dé Amapola y su tío. Personaje con el cual trató de crear un carácter. Lo que, desde luego, no pudo lograr por faltarle al papel material dramático que explotar. Lo mismo le sucedió a Álvaro Tarcicio, quien en Hedda Gabler estuvo excelente en el papel de juez, y aquí, en el de Agustín, el tío de la heroína, dedicado con toda su alma a esta muchacha, el único recuerdo que le queda de un amor desdichado, por falta de consistencia del personaje trató de imponerle un amaneramiento feminoide, que en el presente caso, el de un hombre solitario en una casa abandonada, psicológicamente es aceptable. Álvaro Tarcicio hizo todo lo que pudo y más allá de lo posible para insuflar vida a una criatura nacida dramáticamente muerta.

En los papeles juveniles, de Amapola, la heroína de la presente historia, que llega de París donde estudió música, Aída Renée, actriz, que veo por primera vez, es agradable físicamente y tiene una clara dicción, y se entrega a su personaje con entusiasmo y una fe que el personaje no merece. Lo mismo le sucede a Emilio Echeverría, en el papel de Víctor, el novio, igualmente músico que conoció en París a Amapola y vuelve a México acompañando a la joven. Intérprete simpático y muy disciplinado en su quehacer artístico tanto él como Aída Renée dan la impresión que en condiciones más favorables dar mucho más de sí mismos. El único personaje que posee cierta vitalidad es la madre, Helia Vasconcelos trató de aprovecharla. Lástima que sólo tenía una aparición en el segundo acto.

Lo que demuestran estos jóvenes actores, es que en nuestro ambiente teatral crece y va desarrollándose cada vez más una pléyade de jóvenes intérpretes capaces que necesitan un mayor campo de acción.