FICHA TÉCNICA



Título obra Miscast

Autoría Salvador Elizondo

Notas de autoría Juan José Gurrola / paráfrasis

Dirección Juan Juan José Gurrola

Elenco Mauricio Davison, Juan José Gurrola, Dolores Berinstain

Escenografía Alejandro Luna

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Miscast: espectáculo de la onda” en El Día, 2 junio 1982, p. 13




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Miscast: espectáculo de la onda

Malkah Rabell

Anoche asistí a la representación de Miscast –que se anuncia como paráfrasis de Juan José Gurrola a la obra de Salvador Elizondo–, y aún no llego a la conclusión si me gustó o no. Me temo que si el director-adaptador fuera cualquier otro, diría yo, y dirían muchos otros, que el "rey anda desnudo". Pero como se trata de nuestro genio nacional, la sinceridad resulta mucho más difícil de expresar. Me pregunto también si una representación debe divertir tan sólo a los actores, o en primer término al público. Los actores parecían divertirse mucho. Sobre todo cuando, como en la parte final, se dedicaron a improvisar.

En cuanto a los espectadores me parece que se divertían mucho menos. Por lo menos en lo que a mí se refiere. Fue de dos o tres carcajadas espontáneas no pude ni sonreírme. ¿Será que me falte sentido del humor? ¡Posiblemente! Pero, ahí va otra pregunta ¿Con divertirse es suficiente? Entonces, ¿por qué no ir simplemente a ver un vaudeville del teatro comercial?

Cierto, lo anti-solemne está de moda en el mundo artístico occidental. sobre todo en los ambientes pictóricos, que han decidido ser "divertidos". Y Juan José Gurrola, artista exponente de las más novedosas corrientes en el escenario universal, y quien en los últimos tiempos se dedica mucho a la pintura y expone en una galería muy en la "onda", es natural que trate de imponer este movimiento en el teatro. Mas, al intentar de huir de la solemnidad, cae en los brazos de lo intrascendente y frívolo. Creo que el original de Salvador Elizondo no es muy apropiado para divertir. O bien Elizondo ha elegido mal a su director o bien Juan José Gurrola ha elegido mal el texto para su paráfrasis.

Y ahora ¿qué es paráfrasis? Cualquier diccionario le dirá: "Explicación o interpretación amplificada de un texto, Y también traducción libre hecha en verso". De la paráfrasis de Juan José Gurrola el programa de mano hace la siguiente sinopsis: "Una organización clandestina secuestra a un hombre conocido como el 'Increíble', para someterlo a una metamorfosis: lo obligan mediante un violento proceso de lavado mental, a tornar como suya la identidad del Dr. Mariarty. Los agentes secretos encargados de esta misión puesto que son actores, representaran (siguiendo siempre el guión que ha dictado la Organización) a los personajes que el nuevo Dr. Mariarty deberá reconocer como reales; él, a pesar de todo, conserva aún vagas imágenes, recuerdos de identidades que algunas veces ha tenido el hombre de Shangai quizá, o el camarada Orlacz, u otras tal vez. Conforme va adquiriendo conciencia de su increíble condición, va poniendo en entredicho las identidades de sus carceleros; identidades que con un guión dudoso e incompleto, sólo dependen ya de la habilidad de los actores." Sinopsis firmada por Juan José Gurrola.

De los actores, sólo puede asegurar que a mi gran alegría encontré entre el reparto a un joven intérprete estupendo, a quien desconocía: Mauricio Davison. El espectáculo mereció ser visto aunque sólo fuera por la actuación de ese "increíble" actor. También Gurrola me pareció excelente en sus diversos personajes, como el del comisario alias doctor Watson, quien a su vez es el director de escena. En cada uno de ellos cambiaba de acento y de personalidad. También Dolores Berinstáin es una actriz cuyo profesionalismo se imponía. Todos los demás son aficionados.

En cuanto a la paráfrasis, alguna que otra frase acerca de la identidad humana de cada quien, suena un poco a Pirandello. Pero la mayoría de este juego, de este "divertimiento" más bien me recuerda las comedias de la televisión norteamericana con los agentes secretos que siempre cometen tonterías estilo parodia. La parte más divertida parece ser la del tercer acto cuando los actores de este fantasioso juego deciden arrojar al olvido el guión y terminar el espectáculo por sus propios medios. Lo más gracioso es cuando Alejandro Luna, a quien recurre el conjunto para que siga dirigiéndolo, declara que es escenógrafo y no director (y por cierto que su escenografía para Miscast es muy sugestiva y funcional), pero se deja convencer y con mucha comicidad se pone a la tarea de guiar a sus actores. Aquí hasta yo me carcajee. Y no pude menos que aplaudir la shakesperiana escena en inglés que nos presentó Mauricio Davison.

En fin, parece que todo el mundo se divertía, o por lo menos hacía lo posible Para semejar la diversión.