FICHA TÉCNICA



Título obra Moctezuma

Autoría Homero Aridjis

Dirección Juan Ibáñéz

Escenografía Pedro Coronel

Vestuario Pedro Coronel

Eventos X Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Moctezuma” en El Día, 31 mayo 1982, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Moctezuma

Malkah Rabell

Las noticias llegadas de Guanajuato, en tiempos del Festival Cervantino hablaban de un fracaso resonante de la obra del poeta Homero Aridjis: Moctezuma dirigida por Juan Ibáñez bajo los auspicios del Instituto Politécnico Nacional. Me imagino que el enojo de la crítica más que a la representación se debía a la conocidísima falta de urbanidad y de modales del director que desde hace muchos años se cree con el derecho de exigir mucho y dar poco. La única vez que tuve la oportunidad de conocerlo fue después de un espectáculo infantil que me despertó mucha admiración. Y me alegré de encontrar al autor de la puesta en escena, Juan Ibáñez, en la sala para transmitirle mi entusiasmo. Pues, bien, su reacción fue de insultarme por ser la única crítica en el teatro. ¿Habrá tenido igual actitud con los compañeros de Guanajuato?

En cuanto a Moctezuma, desde luego no puede llamársele drama. Carece de argumento, de acción, de unidad y psicología. Es más bien un espectáculo visual, y hasta un espectáculo hermoso en este campo. Homero Aridjis, excelente joven, dos veces becario de la famosa Fundación Guggenheim, posee aún poca experiencia teatral, y el lenguaje y la construcción dramáticos le son ajenos. Lo que vemos en el escenario es una representación de pocas palabras, que casi no entendemos, y en cambio de muchos movimientos plásticos, de técnica corporal, que tampoco entendemos, pero que llegan a nuestros sentidos por el color y la forma. Por ese telón de fondo con sus figuras geométricas y esos trajes, más que nada debidos a la fantasía del gran pintor mexicano, Pedro Coronel –quizá nuestro mÁximo exponente de la pintura abstracta, al lado de Rufino Tamayo–, autor de la escenografía y del vestuario.

De las cuatro partes de la obra: Moctezuma en la casa de lo negro"; "Moctezuma en la casa de las Aves"; "La matanza en el templo mayor, la muerte de un Dios"; y "Moctezuma en el Mictlán", sólo me quedan en la memoria pocas escenas, como la de los grilletes que los conquistadores ponen en los tobillos del emperador azteca, y que le quitan cuando éste se dispone a entregarles su tesoro imperial. La mayor parte de la obra es más bien abstracta, digna de un poema y que nos interesaría leer, pero que, nada tiene de común con el drama. La personalidad de Moctezuma permanece desconocida, indescifrable, y para quien tiene pocas noticias acerca de ella, sale del teatro tan ignorante como a la llegada.

Lo que más queda en la memoria del espectador son los movimientos plásticos, quizá debido en gran medida a la coreografía, y la belleza pictórica de los trajes de la escenografía. Sobre todo por esas fantásticas formas pardas de las aves y de los animales que se encuentran en la casa del emperador: "Seres extraños que primero son testigos de la codicia de los conquistadores, y luego del último banquete de que gozara en vida su dueño". Igualmente entusiasman los trajes de los conquistadores que poco o nada, tienen de época histórica sino que son debido a la fantasía muy sugestiva del artista-escenógrafo. Y así, mismo, la imaginación del espectador queda presa por las máscaras de los muertos en el "Mictlán", donde el emperador "llega al mundo de los muertos" y donde según nos explica poéticamente el programa de mano: "El mismo Moctezuma llega a la conclusión de no haber hecho nada positivo durante su reinado, a no ser las anexiones por medio de la guerra, e incluso tiene que aceptar haberse equivocado con los conquistadores al haberlos confundido con un dios que volvía para salvarlo. Luego se prepara para iniciar el viaje al otro mundo hasta llegar al Choconaumictlan, al lugar de la extinción total, acompañado por su séquito y de un perro degollado; pero al llegar a la mitad del río, desaparece en la nada eterna, en lugar de fundirse con el Sol al término del viaje como le hubiera ocurrido a un guerrero muerto en el combate".

¡Lástima que todo ello ha de explicarnos el programa de mano, en lugar de hacerlo por medio de la acción dramática de la obra!

En resumen, se trata de un espectáculo visual, más bien una exposición de cuadros, cuyo único interés reside en la creatividad de Pedro Coronel.