FICHA TÉCNICA



Título obra Ricardo III

Autoría William Shakespeare

Dirección Roberto Sturua

Elenco Ramaz Grigorievich Chjikvadze

Música Guia Kancheli

Grupos y compañías Teatro Académico Estatal de Georgia Shota Rustaveli

Eventos X Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Últimos ecos del FIC: los georgianos y Shakespeare” en El Día, 24 mayo 1982, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Últimos ecos del FIC: los georgianos y Shakespeare

Malkah Rabell

¿En qué consiste primordialmente una representación moderna? Creo que en primer término en la libertad de mezclar, aunar y usar a su antojo los más diversos estilos, géneros y hallazgos artísticos. Desde semejante punto de vista el Ricardo III que presentó en Guanajuato y que actualmente se ofrece en el DF el Teatro Académico Estatal de Georgia Shota Rustaveli es a todas luces un espectáculo modernísimo, que resulta muy difícil enmarcar en los reducidos límites de una determinada forma artística o dramática. La puesta en escena de Roberto Sturua, hasta donde nos permite juzgar nuestra ignorancia de idioma como él gregoriano –que nada tiene en común con el ruso y más bien suena a nuestros oídos con la guturalidad oriental–, permanece fiel a la mayoría de las imágenes y concepciones shakespearianas. Es decir que sigue –según parece– los lineamientos del texto del cisne de Stratford, aunque agrega algunos elementos como la "Muerte", que en persona nunca apareció en obra alguna de Shakespeare. Mas, este texto, y el propio argumento quedan sometidos a tantos cambios estilísticos, ambientales, psicológicos y sobre todo políticos, que nada fácil se nos hace concluir si el director transformó la tragedia del máximo poeta dramático inglés en comedia, farsa, parodia, trágica caricatura o sátira política. Como en el famoso libro de Jan Kott, también aquí Shakespeare se vuelve nuestro contemporáneo. que hace del poder la más sangrienta escala por la cual suben hasta la cima y ruedan hasta el abismo y la muerte, los tiranos de todos los tiempos. El PODER hacia el cual se llega subido sobre una montaña de cadáveres, y el cual se pierde cuando las víctimas prefieren la muerte a una vida de horror, miedo y esclavitud. Y cuando el tirano cae, como Ricardo III, las víctimas eligen... a otro tirano. Representación donde hay no pocas similitudes con situaciones contemporáneas, y hasta con las de su propio país.

El director, Robert Sturua, viste a sus protagonistas de trajes contemporáneos, en tanto usa elementos escénicos –como un carro con ruedas de madera–, de las más diversas y heterogéneas épocas. Los hombres del pueblo se cubren de harapos. Tampoco los grandes señores llevan trajes de lujo. Los adornos de pieles son en ellos usuales, y también lo son los agujeros y las roturas de las telas. Sólo las mujeres llevan vestimenta de época, todas de color negro. En general llama la atención lo fúnebre de la escenografía y del vestuario. Todo el foro es de tonos grises, negros y blancos y sólo de tanto en tanto alguna mancha roja, ya en una corbata, ya en algún foro. La música es ultra moderna, rock y batería ensordecedora, yuxtapuesta y tonalidades más suaves. Quizá la música de Guia Kancheli sea lo más impactante de la representación.

En cuanto al reparto, todos son excelentes actores, y hasta la mínima interpretación se halla a cargo de actores muy competentes. O como dice el programa de mano. "Poseedores cada uno de los actores de una gran maestría artística en lo individual, todos tienen un rasgo común, el carácter patético romántico". Sin embargo la primera figura, Ramaz Chjikvadze, en el personaje central de Ricardo III, no logró convencerme. No que dejara de ser un actor notable, sino debido a su personal antipatía, que no era el reflejo del protagonista, sino de la presencia física del actor y de su sobreactuación. Mas, quizá precisamente debido a su sobreactuación, que sólo se da en actores de un fuerte temperamento y excesiva expresividad, Ramaz Grigorievich Chikvaze logra entusiasmar al público.

Hace unos años, el Teatro Rustaveli de la URSS, se presentó en Guanajuato en un Festival Cervantino con la obra de Brecht. El círculo de tiza, igualmente bajo la dirección de Robert Sturua. Espectáculo que aunaba tantos elementos heterogéneos, como el circo y el dramatismo realista del teatro ruso, las máscaras antiguas, las canciones brechtianas el piano sobre la escena, hasta la plasticidad hindú, y las marionetas, que terminaba por cansar e indigestar. Mas, una vez llegado a la síntesis de dirección, actuación, escenografía, coreografía y música, el espectador, hasta el que se resistía, quedaba atrapado y lentamente se dejaba envolver por la admiración hacia tanta riqueza artística. Mucho de lo mismo sucede con este Ricardo III que transforma la visión británica en una visión georgiana de mayor patetismo, de excesivo ruido y de desatada gesticulación, pero que termina por conquistar hasta al más resistente.