FICHA TÉCNICA



Título obra Luzzinaciones

Autoría Frederik Vanmelle

Dirección Frederik Vanmelle

Elenco Odiseo Bichir, Mara Brufau, Ferarso Castañeda, José Natividad López, Javier Pérez, Sergio Pérez, Francisco Petatan, Carlos Quintana, Susan Thompson

Grupos y compañías Theater Frederik

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Espectáculo nuevo del Theater Frederik ” en El Día, 21 abril 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Espectáculo nuevo del Theater Frederik

Malkah Rabell

El Theater Frederik que dirige y encabeza artísticamente Frederik Vanmelle, es oriundo de Bélgica, pero no habla ni en francés, ni en flemish, sino en ese idioma universal de las manos, del rostro y del cuerpo que es la pantomima, un lenguaje sin palabras, un idioma mudo. Cuando lo vi por vez primera en México, más o menos por el año 1980, me parecía sobre todo un estupendo espectáculo de un solo hombre, y la mayoría de los números de su programa eran realizados por el propio Frederik. El resto del conjunto, poco numeroso, sólo participaba en pequeñas partes secundarias, como anunciar de una manera peculiar, los sketchs ejecutados por el primer actor, o como acompañantes de éste en ciertos actos del programa. Mas, actualmente, Frederik Vanmelle se presentó en el Teatro de la Ciudad el 14 de abril, con una docena de integrantes, todos actores mexicanos, entre quienes figuraban: Odiseo Bichir, Mara Brufau, Ferarso Castañeda, José Natividad López, Javier Pérez, Sergio Pérez, Francisco Petatan, Carlos Quintana y Susan Thompson. Con este conjunto el director trata de renovar su arte y su programa, que ahora, bajo el título de Luzzinaciones, se compone de números, debidos al conjunto, que parecen a menudo ballets más que pantomimas. Como el temperamento del director se inclina más bien hacia lo risueño y el humor, también los números del conjunto lo son, como, por ejemplo, Tristeza que parece una burla del melodrama y emplea el llanto para pañuelos de espacios cada vez más amplios. Y esta Tristeza despierta una interminable carcajada.

El Theater Frederik utiliza numerosos recursos que tradicionalmente el espectáculo de la pantomina no usaba, tales como las luces fluorescentes, la cámara negra, la música, los sonidos, los gritos, hasta los mugidos y otras voces de animales. A veces, también aparece la palabra. Mas ésta es un lenguaje que nadie sería capaz de reconocer. Es el lenguaje que utiliza la compañía en un número llamado Las chismosas, en el cual todos andan vestidos de pájaros y hablan incansablemente. Pero ni en flemish ni en francés ni siquiera en en español. Sino en un idioma harto desconocido, pero que usan todas las chismosas del mundo para denigrar a sus amistades, a sus vecinos, o simplemente a gente que se les cruzó en el camino. El maquillaje con sus largas narices, así como las túnicas de tonos rojizos que van hacia lo violeta, le dan a estas charlatanas un aspecto de pajarracos con este ruido que hacen las bandadas de aves al ocupar las copas de algún árbol. Es quizá el más gracioso de los números del programa y ya hizo sus pruebas en los antiguos programas.

El nuevo programa usa para algunos números de conjunto, unas "formas monumentales" según los denomina el programa de mano, que sirven para cubrir de cuerpo entero a los bailarines. Estas "formas monumentales" van deformándose a medida que la coreografía avanza y debajo de las "formas" aparece el cuerpo auténtico del bailarín. Tal sucede en el número Improvisación que según explica el programa de mano es "una improvisación de toda la compañía. Los movimientos están inspirados en los de la naturaleza y especialmente en los insectos. Con música de Vangelis".

Pero los números más interesantes y los que mayor éxito obtuvieron en este espectáculo llevada a cabo en el Teatro de la Ciudad –colmado de público, con espectadores sentados en el suelo y en las escaleras, o en los más incómodos rincones–, fueron como siempre los creados por Frederik. Y entre éstos el éxito máximo lo obtuvo su Tour de force en el cual transformaba los aplausos del público en una extraña sinfonía, dirigiendo sin batuta, con la sola ayuda de sus manos, el palmotear de los espectadores.

Aunque algunos piensen que se trata de un espectáculo para niños, no lo es. Hasta puede decirse que ese 14 de abril, los numerosos menores que se encontraban en la sala quedaron exhaustos por la duración del espectáculo y sus padres tuvieron que abandonar la sala. En cambio, los adultos, para quienes realmente va dirigida la representación, éstos se divertían, aplaudían, reían y gozaban tanto con los números antiguos como con el repertorio nuevo.

El Theater Frederik que dirige y encabeza artísticamente Frederik Vanmelle, es oriundo de Bélgica, pero no habla ni en francés, ni en flemish, sino en ese idioma universal de las manos, del rostro y del cuerpo que es la pantomima, un lenguaje sin palabras, un idioma mudo. Cuando lo vi por vez primera en México, más o menos por el año 1980, me parecía sobre todo un estupendo espectáculo de un solo hombre, y la mayoría de los números de su programa eran realizados por el propio Frederik. El resto del conjunto, poco numeroso, sólo participaba en pequeñas partes secundarias, como anunciar de una manera peculiar, los sketchs ejecutados por el primer actor, o como acompañantes de éste en ciertos actos del programa. Mas, actualmente, Frederik Vanmelle se presentó en el Teatro de la Ciudad el 14 de abril, con una docena de integrantes, todos actores mexicanos, entre quienes figuraban: Odiseo Bichir, Mara Brufau, Ferarso Castañeda, José Natividad López, Javier Pérez, Sergio Pérez, Francisco Petatan, Carlos Quintana y Susan Thompson. Con este conjunto el director trata de renovar su arte y su programa, que ahora, bajo el título de Luzzinaciones, se compone de números, debidos al conjunto, que parecen a menudo ballets más que pantomimas. Como el temperamento del director se inclina más bién hacia lo risueño y el humor, también los números del conjunto lo son, como, por ejemplo, Tristeza que parece una burla del melodrama y emplea el llanto para pañuelos de espacios cada vez más amplios. Y esta Tristeza despierta una interminable carcajada. El Theater Frederik utiliza numerosos recursos que tradicionalmente el espectáculo de la pantomina no usaba, tales como las luces fluorescentes, la cámara negra, la música, los sonidos, los gritos, hasta los mugidos y otras voces de animales. A veces, también aparece la palabra. Mas ésta es un lenguaje que nadie sería capaz de reconocer. Es el lenguaje que utiliza la compañía en un número llamado Las chismosas, en el cual todos andan vestidos de pájaros y hablan incansablemente. Pero ni eh flemish ni en francés ni siquiera en en español. Sino en un idioma harto desconocido, pero que usan todas las chismosas del mundo para denigrar a sus amistades, a sus vecinos, o simplemente a gente que se les cruzó en el camino. El maquillaje con sus largas narices, así como las túnicas de tonos rojizos que van hacia lo violeta, le dan a estas charlatanas un aspecto de pajarracos con este ruido que hacen las bandadas de aves al ocupar las copas de algún árbol. Es quizá el más gracioso de los números del programa y ya hizo sus pruebas en los antiguos programas. El nuevo programa usa para algunos números de conjunto, unas "formas monumentales" según los denomina el programa de mano, que sirven para cubrir de cuerpo entero a los bailarines. Estas "formas monumentales" van deformándose a medida que la coreografía avanza y debajo de las "formas" aparece el cuerpo auténtico del bailarin. Tal sucede en el número Improvisación, que según explica el programa de mano es: "una improvisación de toda la compañía. Los movimientos están inspirados en los de la naturaleza y especialmente en los insectos. Con música de Vangelis". Pero los números más interesantes y los que mayor éxito obtuvieron en este espectáculo llevada a cabo en el Teatro de la Ciudad –colmado de público, con espectadores sentados en el suelo y en las escaleras, o en los más incómodos rincones–, fueron como siempre los creados por Frederik. Y entre éstos el éxito máximo lo obtuvo su Tour de force en el cual transformaba los aplausos del público en una extraña sinfonía, dirigiendo sin batuta, con la sola ayuda de sus manos, el palmotear de los espectadores. Aunque algunos piensen que se trata de un espectáculo para niños, no lo es. Hasta puede decirse que ese 14 de abril, los numerosos menores que se encontraban en la sala quedaron exhaustos por la duración del espectáculo y sus padres tuvieron que abandonar la sala. En cambio, los adultos, para quienes realmente va dirigida la representación, éstos se divertían, aplaudían, reían y gozaban tanto con los números antiguos como con el repertorio nuevo.