FICHA TÉCNICA



Título obra Ciudad sin sueño

Autoría José Ramón Enríquez

Dirección José Ramón Enríquez

Elenco Arturo Ríos, Paloma Woolrich, Miguel Flores

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Ciudad sin sueño, ” en El Día, 7 abril 1982, p. 32




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Ciudad sin sueño

Malkah Rabell

Los poemas dramáticos por lo general se adaptan poco al escenario y permanecen bastante herméticos para la comprensión del espectador medio, y hasta para el más ambicioso. Este es el caso de Ciudad sin sueño, de José Ramón Enríquez, poeta nacido en México, DF, quien cumple 37 años y cuya obra se presenta en el teatro Sor Juana Inés de la Cruz en el Centro Cultural Universitario. Tampoco el título de la pieza es fácil de comprender. Es un título que se presta a múltiples sugerencias, menos a la realidad de la obra de Enríquez. Nos encontramos ante un montaje donde ni hay ciudad ni hay sueño, y según trata de explicar el autor en el programa de mano: "Érase que se era todo falso... Papá y mamá, como los mentores, correas de transmisión, lo programaron para habitar un espacio distinto al que era el suyo... Así de pronto, Daniel–el joven–cotidiano se vio obligado a recorrer los círculos de un mundo diseñado en su contra... Un sólo encuentro, con nuevos rostros y diversas tesituras, llegó para ofrecerle claves o puertas o puntos de fuga; pero ese mismo encuentro, cada vez, se disolvía... Y Daniel, guiado por la muerte, fue perdiendo sus rasgos en ese ámbito atroz, donde todos lo hemos perdido: nuestra propia ciudad, nuestra recámara..."

Y he aquí que nos hallamos ante dos enigmas: comprender la obra, y comprender la explicación que de ella trata de ofrecer el poeta. Desde luego la poesía no siempre es necesario comprenderla. Con sentirla hasta la más profunda de las células, basta. Y parece que tal estado de cosas lo logra José Ramón Enríquez, autor y director a la vez. Y aunque como dramaturgo no es hombre de teatro ni reúne las más preciadas obligaciones de éste; lo es mucho más como director y su movimiento escénico, su dinamismo como tal, logra atraer al público estudiantil y universitario, y mantenerlo con interés durante la hora y media de la representación.

Trataré de explicar lo que yo misma entendí del texto dramático: Un joven, Daniel, acompañado de un Virgilio muy personal, desciende a los infiernos y se encuentra que lo que llamamos infierno es una cárcel donde los verdugos emplean la picana y la violencia muscular, medios de tortura de poca imaginación, pero de mucho sufrimiento. En otro de los círculos que se ve obligado a recorrer de un mundo diseñado en su contra..., se encuentra con otro de los condenados, Arthur, hacia quien se ve atraído. Pero hacia quien siente auténtico amor, es hacia la Muerte, a la que llama "Mar", joven caprichosa, cambiante, violenta y suave a la vez, como el Mar... Estas ideas, y estas premisas, dan lugar a escenas no muy unidas, pero que de tanto en tanto presentan un dramatismo que mantiene inmovilizado al espectador.

El conjunto se halla formado por siete jóvenes actores, y se puede decir que todos están bien dentro de las exigencias, ya mayores, ya menores de sus distintos papeles. Sobre todo las dos principales figuras: Daniel interpretado por Arturo Ríos, y Mar, actuada por Paloma Woolrich, resultan excelentes. En cuanto a esta última fue una revelación y una sorpresa, porque el papel no le queda ni física ni moralmente, y no obstante lo lleva adelante con muchos conocimientos dramáticos y con toda naturalidad, como una actriz ya madura que crea un personaje. También me llamó la atención Miguel Flores, en sus distintas interpretaciones, ya del titiritero y tragafuego, ya de Arthur y el Militante, aunque pienso que debía hacer unos cambios mayores entre cada una de esas figuras.

A pesar de su poca comprensión, el espectáculo resultó interesante en el pequeño y experimental teatrito de Sor Juana Inés de la Cruz, con todas sus posibilidades de cambios ya de la sala, ya del escenario. Parece que también el público responde favorablemente, y pese a la lejanía y desolación del lugar, no deja de asistir a las representaciones diarias.