FICHA TÉCNICA



Título obra Jesucristo superestrella

Dirección Manuel Gurría

Elenco Enrique del Olmo, Jorge Abraham, Luis de León, Manuel Gurría, Julissa

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Jesucristo Superestrella, espectáculo de semana santa” en El Día, 5 abril 1982, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Jesuscristo Superestrella, espectáculo de semana santa

Malkah Rabell

Se suele decir que toda segunda parte es mala. Parece que este dicho popular se aplica admirablemente al reestreno, con una casi totalidad del conjunto original, pero con una nueva dirección, de Jesucristo Superestrella. El estreno de esta Ópera Rock, si no mal recuerdo se llevó acabo en el año de 1975 en el teatro de los Ferrocarrileros, y me entusiasmó mucho. He olvidado muchos detalles, y lamento no encontrar mi crónica de aquel espectáculo. Pero me queda grabada una sensación de intenso ritmo dramático, de una fuerza emotiva, digna de una ópera. Tampoco recuerdo el nombre del director de aquel montaje. Pero tengo conservados en la mente la verosimilitud de un todo escénico, de su unidad artística. Nada de semejante sucede en el presente reestreno en el Teatro de la Ciudad. Probablemente el nuevo director, el inteligente y culto Manuel Gurría, se empeñó en transformar la ópera en una comedia, y a veces hasta en una farsa. Y lo que sobre todo logró es dar la sensación de un espectáculo para niños. En realidad los niños abundan en la sala entre un público muy extraño para una noche de estreno. Un auditorio con muchas tías y sobrinos, y en general con mucha "claque".

Empecemos por el principio. La música es hermosa, y es imposible negarlo o transformarla. Pero transmitida por grabaciones en un tono tan desatado, con sonidos tan altos que nos perforaban los tímpanos y nos impedían escuchar la letra de las canciones, por más que los actores-cantantes usaran micrófonos. ¡Cantantes de ópera con micrófonos! He aquí algo a lo que aún no estamos acostumbrados. Y por mi parte, nunca me acostumbraré. Es extraño como durante todo el espectáculo, esperábamos un minuto de silencio, un breve intervalo cuando bajara el sonido y dábamos un suspiro de alivio como –me imagino– siente un ser torturado a quien le dejan un segundo en paz.

En cuanto al escenario, cuando lo mirábamos, lo primero que se nos presentaba a la vista era una horrible escenografía, formada por unas rocas que parecían realizadas con telas y una escalera en el medio, lo que impedía el despliegue de los actores y de los coros. Del primer montaje me quedó el recuerdo de un gran espacio desnudo y bastante abstracto, que permitía mucho movimiento. En especial los movimientos de Judas, de fuerte dramatismo. En cambio en el presente caso, la escena de la muerte de Judas ofrecía material de un grand guignol para niños.

El vestuario en su mayoría permanecía fiel al del estreno, con túnicas blancas las mujeres, con pantalón y camisa igualmente blancos actores y coro. Mas, de repente apareció Magdalena con mini-falda de color chillón; Caifás y sus compañeros, Anás y sacerdotes uno y dos vestidos de trajes modernos negros, con unas especies de coronas doradas en la cabeza. ¡Ah! y Herodes con un traje de Comedia de Arte. Detalles que rompían la unidad de la representación. Pero sobre todo, el triunfo de la noche fue el final, digno de un cabaret cuando todos bailaban y cantan rock, con niños y angelitos en el escenario. Y el público aplaudía a rabiar. Lo que me extrañó es que el auditorio no subió al foro para bailar al estilo "Vaselina". Indudablemente la anterior puesta en escena era la de una obra reaccionaria tomada muy en serio. Esta vez parece ser tomada en broma. Pero el anterior montaje fue muy, muy bien realizado. En cambio en el presente caso nos encontramos frente a muchas payasadas.

En cuanto al reparto, era casi igual al del Teatro Ferrocarrilero. Magnífica voz la de Enrique del Olmo en el papel de Cristo, además posee mucha simpatía personal, Jorge Abraham, además de cantante es un excelente actor dramático, quien en la presente puesta en escena pierde muchas posibilidades de demostrarlo, ya que el personaje no ofrece esa dolorosa rebelión contra su propia naturaleza. Luis de León, como Caifás hace uso de una profunda voz de bajo, que se oye pese a todo el ruido circundante. Y en cuanto a Manuel Gurría, como Herodes, no sé lo que trató de demostrar. ¿Que era un homosexual? El homosexualismo de moda ya cansa un poco, aunque sigue haciendo reír. Julissa como la Magdalena me gustó mucho más en el anterior montaje, el del teatro de los Ferrocarrileros en 1975.

El resultado de todo ello, es un espectáculo que encantará a los niños y tal vez también a un auditorio especial –¿de ateos?– durante la Semana Santa.