FICHA TÉCNICA



Título obra Trampa de muerte

Autoría Ira Levin

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Berta Moss, Magda Guzmán, Humberto Zurita, Miguel Suárez, Manolo Fábregas, Enrique Félix

Escenografía David Antón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Trampa de muerte” en El Día, 17 marzo 1982, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Trampa de muerte

Malkah Rabell

Comedia o drama de suspenso, Trampa de muerte de Ira Levin –el autor de El bebé de Rosemary– no es precisamente una obra policial en el sentido estricto de la palabra. Aquí el detective y su influencia en el enigma, y su intervención en los sucesos, están ausentes. Aquí no se trata de buscar quién es el asesino, que conocemos desde un principio, sino de adivinar quién va a ser la víctima, o mejor dicho la próxima víctima. Hay misterio, hay curiosidad, y hasta hay miedo –que a veces hace gritar al público–. Miedo por lo que puede suceder, y sobre todo por lo que sucede ante nuestra vista y siempre nos sorprende, aunque se recurra al mismo "truco", Lo que es un sistema nada fácil.

Ira Levin ya se dio a conocer en México con una obra de misterio igualmente extraña: La habitación de Verónica. En el presente caso el autor nos introduce en el corazón de una obra teatral policíaca que escribe un dramaturgo norteamericano especialista en el género. Y a través de los dos actos y ya no sé cuántos cuadros, penetramos en la técnica de cómo concibe su drama el escritor desde su mesa de trabajo, sentado frente a su máquina, en tanto la acción pasa del cerebro del creador a una especie de realidad. Así que en el escenario hay dos acciones yuxtapuestas: la que el autor escribe y la que la vida real hace con sus escritos. Realidad que a cada rato cambia ante la sorpresa del espectador. Desde luego no les voy a contar el argumento a los futuros posibles espectadores, que de furia serían capaces de transformarse en los asesinos y yo en la víctima.

Obra muy hábilmente construida con sus misterios y sus novedosas técnicas policiales, divierte y mantiene en suspenso al público con –tal vez, una pizca de ironía de parte del autor por el género policial. Lo que a veces nos hace sospechar que quizás se trata de una parodia, pero hecha con tanta seriedad, que tanto el director como los actores transmiten con toda gravedad y respeto por el texto, que no podemos escapar al suspenso a todo lo largo del drama –o de la comedia–, y cuando termina constatamos con nostalgia: ¿cómo, ya terminó, pero si todavía hay algunos misterios por resolver? El espectáculo esta realizado con toda corrección. Esta corrección casi perfecta tan peculiar de Manolo Fábregas. Aunque hay un detalle que podríamos reprocharle. El homosexualismo de los dos personajes que interpretan Manolo Fábregas y Humberto Zurita es muy necesario de subrayar para comprender uno de los rasgos principales del drama, para explicarse las razones de los sucesos y de los crímenes. El director, Manolo Fábregas, tal vez con la mejor intención del mundo, fastidiado ya por tantas exageraciones y tanta insistencia que la misma característica despierta en muchas puestas en escena, ha dejado esta necesaria particularidad en la sombra.

En medio de una escenografía muy sugestiva y funcional, debida a David Antón, cinco actores han logrado dar vida a sendos personajes de no poca complicación. En primer término recordemos a Berta Moss en el papel de la clarividente, la alemana Helga Von Torp, que conserva aún el acento de su país, de origen. Su actuación nos devolvió a la Berta Moss de sus mejores tiempos, que el público nunca ha olvidado pese a tantos papeles mediocres en la televisión, y premió con cálidos aplausos sus entradas y salidas del escenario. Humberto Zurita, pese a haber heredado el papel casi a último momentos, fue excelente en todos los rasgos del personaje, ya como el ingenuo escritor, ya como el cínico asesino. Magda Guzmán, en el papel de la insoportable esposa, típica de ciertas clases sociales y de ciertos pueblos, que se entromete en todos los actos de la vida le su esposo, no podía menos que ser insoportable y exagerada. Mas, es una actriz que sabe actuar en silencio, con el rostro y las actitudes. En su breve papel del abogado, Miguel Suárez, fue el correcto actor de siempre. Y por fin, Manolo Fábregas, que según parece reemplazó a última hora a Enrique Félix, aún parecía no haber dominado del todo al protagonista, y en ciertas escenas aún buscaba el tono exacto.