FICHA TÉCNICA



Título obra De cama en cama

Autoría Alfredo Varela

Dirección Gina Romand

Elenco Kippy Casado, Jorge Ortiz de Pinedo, Gina Romand, Miguel Manzano, Humberto Dupeyrón

Espacios teatrales Teatro Venustiano Carranza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. De cama en cama, comedia como otra cualquiera” en El Día, 15 marzo 1982, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

De cama en cama, comedia como otra cualquiera

Malkah Rabell

Si no fuera por su estúpido y de mal gusto título, esta comedia de Alfredo Varela, sería como otra cualquiera del teatro comercial, con los eternos qui pro quo, algunos chistes de doble sentido, algunos albures, un número no muy discreto de situaciones forzadas para que resulten "picantes", y una cadena de morcillas, tanto debidas a los actores como al mismo "autor". Cama no había por ninguna parte, y sólo una vez se citaba que la protagonista era como una pulga que salta de cama en cama. Lo que además era una falsa acusación. Tampoco haba desnudos. Ni siquiera a medias. Los desnudos los teatros frívolos lo dejan actualmente para las Universidades que pueden permitirse gozar de la falta de censura. Las "audacias" eróticas que las Casas de Estudio emplean pueden dejar chiquitos a los defensores del burlesque más atrevido. Pero la diferencia entre ambos campos es que los teatros Universitarios se dedican a buscar experimentaciones, originalidades, hallazgos. Para imponer un hallazgo, un director universitario es capaz de arruinar una obra de Shakespeare, Lope de Vega o Paul Claudel. En cambio el teatro frívolo de México (y de todo el mundo) busca asegurar la taquilla con elementos que durante décadas y hasta durante siglos, han asegurado el éxito del género.

El autor, y en muchas ocasiones empresario y director escénico, Alfredo Varela, se ha quejado a menudo de esos estúpidos críticos que no admiten del lenguaje del pueblo en el escenario. ¿Cuál lenguaje del pueblo hay en De cama en cama? He aquí una obrita por un comediógrafo mexicano, que se sitúa en México con personajes del ambiente nuestro. No obstante tenemos constantemente la sensación de que estamos en algún país diferente, que la psicología de los personajes nada tiene de común con protagonistas nacionales. Tenemos una vaga sensación de adaptación de alguna comedia foránea. ¿Dónde se ha visto en México a una sirvienta que trate de hablar francés, aunque lo arruine por completo? En los tiempos que corren, una muchacha que alborota todo el barrio con sus encantos y piernas a la "Mistinguette" como las tiene Kippy Casado, en lugar de ser criada, trabajaría de modelo en Televisa. En su actual ocupación sufre sin cesar del miedo de perder el empleo, y ni siquiera trabaja en una casa rica. Porque los ricos –los auténticos– no emplean una sola persona de servicio, sino varias. Además vivirían en una casa más lujosa que la presentada por la modesta escenografía del teatro Venustiano Carranza. En fin, se podría señalar más de un ejemplo de falta de mexicanidad y hasta de actualidad. Lara imponer ambas cosas se recurre a una especie de sobre-estructura hecha de chistes y morcillas, como llamar al protagonista Otto Madrazo, lo que mal pronunciado da el sonido de Caro Madrazo y le permite imitar el habla y las actitudes del candidato del PRI, y contar el pasado y el presente de los personajes políticos e históricos del mismo apellido. Todo ello los llamó morcillas porque nada tienen de común con el argumento ni con la estructura de la comedia.

La obra en dos actos, Es bastante ingenua, pero hábilmente construida, y el público se ríe y divierte precisamente con la sobre-estructura de chistes, morcillas y ciertas escenas picarescas. La dirección de Gina Romand, la ex "Rubia Superior", no existe y no vale la pena mencionarla. Por fortuna la representación cuenta con un reparto de "viejos lobos de mar", con actores súper hábiles en el oficio, que no buscan crear sino emplear todos los viejos trucos de las tablas para hacer reír. Kippy Casado de repente logró controlar su temperamento meridional, y ella que siempre parecía sirvienta cuando hacía de aristócrata, ahora que hace de criada parece aristócrata. Jorge Ortiz de Pinedo, que demostró cuando hacía parte de la Compañía Nacional que tenía madera de un excelente actor, en su presente papel de Otto Madrazo, toma tan poco en serio a su personaje que todo el tiempo se ríe de su propio sentido del humor y del de sus compañeros de trabajo. Gina Romand, simplemente exagera su personaje de escritora de telenovela, y hace gala de todas las partes visibles de la figura. Miguel Manzano, como el padre de Fifí-Ruperta, la criada, bien criada, es el actor de mucho oficio como siempre. En cuanto a Humberto Dupeyrón, es la primera vez que lo veo actuar, y me parece muy capaz, muy dúctil y temperamental tanto en la técnica corporal como en la verbal. Además es el único con deseo de crear algo con su papel, él del manso y no muy inteligente novio de Fifí, que recibe las bofetadas para la alegría de público y actores.

Cuando vi De cama en cama, ésta cumplía las 100 funciones.