FICHA TÉCNICA



Título obra Retablo del gran relajo

Autoría Hugo Argüelles

Grupos y compañías Compañía titular de la Universidad Veracruzana

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Dos obras de Hugo Argüelles” en El Día, 22 febrero 1982, p. 30




Título obra El cocodrilo solitario del panteón rococó

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Julio Castillo

Elenco Miguel Córcega, Mercedes Pascual, Héctor Ávila

Escenografía Alejandro Luna

Música Alicia Urreta

Vestuario Fiona Alexander

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Dos obras de Hugo Argüelles” en El Día, 22 febrero 1982, p. 30




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Dos obras de Hugo Argüelles

Malkah Rabell

En esta semana, que tal vez inicia un año dedicado a la dramaturgia nacional, con sus 4 estrenos de 3 autores mexicanos: Hugo Argüelles, Carlos Olmos y Víctor Hugo Rascón Banda, el primero ya presentó en sendos teatros 2 obras que me tocó ver un miércoles 17 y un jueves 18 de febrero. La primera: Retablo del gran relajo se debió a un montaje de Marta Luna que la Compañía Titular de la Universidad Veracruzana ofreció por única vez en el DF en el Teatro de la Ciudad. Ese Retablo del gran relajo atrajo tal cantidad de público que las puertas del teatro tuvieron que cerrarse dejando a la mitad de los espectadores afuera. Y aún hubo gente parada por todas partes, en los pasillos. en las escaleras y en los palcos. Un inmerso éxito popular, que lamentablemente no todos pudimos gozar por la mala acústica de esta hermosa sala construida para la danza y el canto, pero sin preocuparse mayormente por la claridad de la palabra. Sentada en un palco del segundo piso, veía muy bien, pero nada oía. El espectáculo desfilaba ante mi vista como una película muda, como una pantomima. Y teatro es palabra. Ante este texto que tanto hacía reír a quienes ocupaban los asientos de la luneta, y que no llegaba a mis oídos, renuncio a comentarlo. Tal vez vuelva en otra oportunidad más favorable sobre el mismo tema.

Al día siguiente, en el teatro Jiménez Rueda la Compañía Nacional, bajo la dirección de Julio Castillo, estrenaba otra obra del multifacético dramaturgo Hugo Argüelles: El cocodrilo solitario del panteón rococó, extraño título que ampara una tragicomedia mucho más realista de lo que semejante nombre deja suponer. Cuando Julio Castillo interviene en la dirección, a menudo resulta difícil discernir hasta dónde la creatividad del dramaturgo permanece independiente de la desatada fantasía directiva. Empero, sospecho que casi todo el primer acto, con sus 2 horas de duración, pertenece a Hugo Argüelles, sobre todo en lo que concierne a la estructura sicológica del protagonista, Librado Tecpan. Compleja figura típicamente mexicana, pero sin folclorismos, más bien con rasgos anímicos y honduras sociológicas que pudiéramos atribuir no tanto a Samuel Ramos, Octavio Paz o Santiago Ramírez, como a la peculiar e individual capacidad de observación del autor, que conoce a su pueblo hasta en sus menores y mayores manifestaciones humanas. Este conocimiento del material humano que habita pueblos y aldeas, que Hugo Argüelles ya demostró en tantas obras diversas, no permanece sólo detenido en Librado Tecpan; la multitud de pinceladas sicológicas alcanza a unos y otros: a las 3 esposas de Tecpan; al abogado; al militar que llegó a coronel sin mayores méritos, pero que sueña con el grado de general; al poeta que se considera voz auténtica de sus compatriotas; y a tantos otros personajes secundarios que forman una multitud de un cuadro completo, de un mural orozquiano, que puede abarcar un país, un pueblo entero.

El espectáculo juega con numerosas escenas colectivas, en las cuales interviene esa desatada imaginación de Julio Castillo que nunca descansa, y que sobre todo se desborda en los episodios finales, a veces hasta con exceso. La rica pléyade de actores con los cuales cuenta la Compañía Nacional hasta para las menores interpretaciones, permite crear cuadros dramáticos en gran escala, de un intenso colorido y de fuerza emotiva. Dramaticidad v colorido que subrayan la escenografía de Alejandro Luna y el vestuario de Fiona Alexander. En tanto que la musicalización de Alicia Urreta, no sólo sirve de fondo, sino que de repente transforma este drama, pieza o tragicomedia en drama musical.

En el papel protagónico, el siempre excelente actor Miguel Córcega, tiene la oportunidad de crear un personaje muy completo, de múltiples facetas: autodestructivo, ya inclinado a la intelectualidad, ya empeñado a representar la máscara de un "macho" pueblerino, en cierto modo un personaje misterioso, con su alter ego que resulta el cocodrilo, su único confidente, que sordo y mudo, tal vez mejor lo conoce. Lo que deja sin explicación la indiferencia de Librado Tecpan ante el "asesinato" de su único amigo. En su papel relativamente breve de esposa número uno del protagonista, Mercedes Pascual me parece haber creado una de sus mejores intervenciones. Fue emotiva y auténtica como nunca. No es posible mencionar a todos por la inacabable lista de nombres, pero se antoja mencionar el de Héctor Ávila como el cocodrilo, que desde luego no pronuncia una sola palabra, pero disfrazado de saurio permanece durante toda la obra en el agua del pantano en el panteón rococó, e interviene en las situaciones dramáticas como un ser provisto de razones y de lógica. Es un papel nada fácil.

Obra extraña, dirección extraña, deja en el espectador un sabor a sucesos raros en un mundo y en un ambiente extraños y misteriosos.