FICHA TÉCNICA



Título obra Lances de amor y fortuna

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Notas de autoría Luis de Tavira / adaptación

Dirección Luis de Tavira

Escenografía Arnold Belkin

Música Rocío Sanz

Grupos y compañías Actores del Foro Veracruzano

Espacios teatrales Foro Veracruzano

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Lances de amor y fortuna” en El Día, 8 febrero 1982, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Lances de amor y fortuna

Malkah Rabell

Por el consenso, de los siglos, Pedro Calderón de la Barca es considerado como el más grande poeta barroco de su tiempo, el siglo XVII. Más, resulta que Luis de Tavira, director de escena y adaptador de esa comedia calderoniana, Lances de amor y fortuna, es aún más barroco que su autor. Y entre ambos barroquismos ya no sabemos a qué santo encomendarnos. Nos enloquecen tantos saltos y brincos; tantas maromas; tanto circo y simulacro de juegos de foot-ball americano sin pelota, para reflejar las batallas; tanto "encuere", tanto hablar parados de cabeza con las piernas en el aire; tanto mostrarnos el "trasero" en las más increíbles posturas, especialmente las que se toman en la oscuridad de un excusado, con los correspondientes ruidos estomacales. En fin, todo ello no es sólo desagradable, vulgar e indigno hasta de una carpa, sino caótico y a menudo incomprensible.

Nunca he tenido la oportunidad de leer el original de Lances de amor y fortuna, y no sé dónde termina Calderón y dónde se inicia Tavira. Pero puedo imaginar que esta obra tiene bastantes originalidades propias. Como por ejemplo ese final desdichado de comedia –cuando Calderón en cambio termina algunos de sus dramas poéticos con un final feliz–, con la muerte del enamorado sincero, honesto y heroico, en tanto el sinvergüenza queda dueño del terreno en amor y en fortuna. La adaptación de Tavira logra rescatar algunas escenas con auténtica belleza, como las primeras del espectáculo, cuando las dos hermanas, la princesa Estela y la princesa Aurora pelean por el reino; o la escena del mar tormentoso cubierto de veleros en miniatura que llevan en sus cabezas los intérpretes que hacen de olas. La música de Rocío Sanz es hermosa; la escenografía de Arnold Belkin no deja de ser fría con sus formas geométricas; y el empleo de las figuras mitológicas, leviatanes y cupidos, podrían ser sugestivas, si no fueran tantas. Sobre todo los jóvenes actores del Foro Veracruzano han hecho un esfuerzo sobrehumano para someterse a todas las exigencias del director. Han sido intérpretes, cirqueros, acróbatas, bailarines y deportistas.

Pasa una cosa extraña con Luis de Tavira. Es muy genial en sus creaciones. Es capaz de llegara las más altas cumbres artísticas, como en sus estupendos espectáculos: El alma buena de Sechuán, La gran revolución o los veinte primeros minutos de El extraño jinete (creo que lo llamaron El oficio de tinieblas). Pero también es capaz de caer en los más extravagantes fondos destructivos, hasta rozar lo pornográfico y lo escatológico, como en Santa o como en este actual espectáculo: Lances de amor y fortuna donde ha ido más lejos que en Santa tanto en lo positivo como en lo negativo, sobre todo en lo barroco. Yo pensaba que todas esas "audacias" para irritar a los "cochinos burgueses del público" habían pasado de moda, estaban fuera de onda, y el teatro teatral, realista y lógico ya volvió por sus fueros. Todos estos hallazgos con los cuales llenó Tavira sus representación como una granada con granos, ya no asustan a nadie, solamente molestan ya veces aburren. Ya Margules hace 15 años hizo hablar parados de cabeza a sus juveniles intérpretes en Fausto de Marlowe; ya Julio Castillo hizo masturbarse a Luis Torner en El verano; ya Héctor Mendoza desnudó a todo el mundo en la mayoría de sus representaciones, y ya casi no lo hace.

¡Ay, compañero Tavira! por qué no confía en sus propias fuerzas para hacer arte, simplemente arte humano, que entusiasme a todo el mundo, en lugar de insistir en la búsqueda de elementos para sacar de sus casillas a los espectadores "respetables". Sobre todo según me pude dar cuenta hasta los espectadores juveniles, hasta la "chaviza" quedó a disgusto y sólo aplaudía con una mano, más por cortesía que por convicción, menos por gusto que por ese miedo de parecer tontos ante los amigos si admitían que el rey está desnudo.