FICHA TÉCNICA



Título obra La criada malcriada

Autoría Serge Veber

Notas de autoría Jorge Landeta / adaptación

Dirección Fernando Cortés

Elenco María Victoria, Joaquín Cordero, Ariadne Welter, Manolita Saval, Óscar Pulido, Armando Arreola

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro 29 de Diciembre

Notas Manolita Saval es Juana María Saval Ballester

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 abril 1965, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[La criada malcriada]

Mara Reyes

La criada malcriada. Teatro 29 de Diciembre. Autor, Jorge Landeta. (Adaptación de una obra de Serge Veber). Dirección, Fernando Cortés. Escenografía, David Antón. Reparto: María Victoria, Joaquín Cordero, Ariadne Welter, Manolita Saval, Óscar Pulido y Armando Arreola.

Deberíamos regocijarnos por la inauguración de este nuevo teatro de comedia. No obstante, el haber hecho tal inauguración con una obra como La criada malcriada es como para borrar el regocijo.

En México se está desarrollando un fenómeno que amenaza al teatro, mucho más que lo que fue la aparición del cinematógrafo, por que ataca al teatro desde dentro. Este fenómeno es la invasión de los teatros frívolos sobre los teatros de comedia. Lo que empezó con la simple inclusión en un reparto de alguna “actriz” o “actor” de sketches, se ha convertido en una degeneración extrema. Las obras teatrales son “adaptadas” para que sirvan al nuevo género que nada tiene que ver con el teatro. Cualquier autor es bueno –hasta Sófocles, si Jorge Landeta se lo propusiera– para servir como fondo a los albures y chistes baratos de los “actores”; unas cuantas alusiones a los anuncios comerciales que diariamente aparecen en la televisión o se escuchan por radio, unas cuantas vulgaridades que provoquen risa, unas muchas morcillas para aderezar el guiso y la comedia queda “adaptada a la escena mexicana”.

Ya no se necesita ser actor para intervenir en una comedia, con sólo saber decir chistes se está a la altura suficiente para ser considerado como tal; con el único requisito de no ser mudo y de tener la osadía de salir a un escenario a usurpar un lugar que no se tiene, cualquiera puede darse de alta de actor (o de actriz).

No afirmo que los sketches no deban existir, pero que existan en su sitio: en la carpa, en los blanquitas, margos, follies; que no se vistan con pretensiones y menos que invadan terrenos ajenos. ¡Acaso en este asunto no vale eso de la autodeterminación! Puede haber buenos sketches y mal teatro... ¡quién lo discute! Pero que cada quien permanezca en su casa.

Y si digo que esta invasión es una amenaza para el teatro no es por lo que hagan los adaptadores y actores de este género deleznable al que no puedo llamar “teatral” por no ofender al teatro, ¡ellos son libres de hacer cuanto gusten!, sino porque han encontrado eco en un público que con su apoyo está haciendo que el teatro pierda su carácter de expresión artística.

Mientras María Victoria, como “actriz”, y Oscar Pulido, como “actor” se presentan a teatro lleno, Carmen Montejo en Los desorientados, y Carlos Ancira en Víctimas del deber, realizan sus interpretaciones frente a un público “selecto”. ¡He aquí la forma en que se manifiesta la amenaza! La incultura y la tendencia al mal gusto y a la vulgaridad que revela nuestro público capitalino con sus actos, es la que constituye un peligro para el teatro.

Después de este comentario considero inútil hablar particularmente de la adaptación de Jorge Landeta de la comedia de Serge Veber –y menos hablar de la original–, ni de la dirección escénica de Fernando Cortés o de la actuación de Joaquín Cordero, María Victoria, Ariadne Welter, Óscar Pulido, Manolita Saval y Armando Arreola. Comentar su trabajo es darle beligerancia a un género que en mi concepto está fuera de las fronteras del teatro.