FICHA TÉCNICA



Título obra Un padre... muy padre

Notas de Título Este cura / título original

Autoría Alfonso Paso

Elenco Miguel de Grandy, Benny Ibarra, Alberto Insúa

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un padre... muy padre” en El Día, 18 enero 1982, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un padre... muy padre

Malkah Rabell

Paño de lágrimas de todo conjunto improvisado que busca repertorio, Alfonso Paso, a pesar de los años que pasan, sigue divirtiendo y hasta haciendo pensar a un determinado público, por su habilidad en construir una comedia y por su don de excursionar en los más diversos campos sociológicos, económicos y a veces políticos de su país, para señalar las fallas de sus componentes y las del ambiente en que viven. Lo que no deja de ser una valentía tanto artística como humana, sobre todo en un país que ha pasado 40 años de dictadura. Más aún, Alfonso Paso, despreciado por la crítica "inteligente", y por los espectadores con complejo de superioridad, no deja de ser un maestro liberal, esclarecedor de muchos vestigios medievales que todavía sobreviven en la mente de sus fieles admiradores. Si tomamos en consideración que el prolífico comediógrafo se dedicó a defender las causas más ajenas a la comprensión de un público cerrado como el suyo, desde la plástica moderna hasta las novelas audaces; desde el amor libre y los hijos ilegítimos hasta las pobres y fracasadas vidas del hombre de la clase media, el hombre de la "corbata", y que incursionó en todo tipo de problemas que pesan sobre su país, España, desde la crisis de vivienda hasta la tiranía de los caciques en ciertos pueblos españoles, hemos de mostrar mayor comprensión por las fallas de su obra y la falta de honduras de sus puntos de vista.

En la comedia que actualmente presenta una compañía heterogénea y acéfala de director en el teatro Jorge Negrete: Un padre... muy padre (cuyo título original mucho más apropiado es: Este cura), el comediógrafo con agudo sentido del humor ofrece el cuadro –que no deja de ser dramático– de un pueblo español: Alcanchel; donde el cura, el Padre Juan, para bautizar el hijo ilegítimo de una "cualquiera", según la llama la "gente bien", ha de enfrentar el peligro de ser destrozado física y moralmente por el alcalde –que no es de Zalamea–, y por todo el pueblo aterrorizado y sometido a la tiranía de éste. Desde luego, después de muchos avatares, todo termina bien debido a un supuesto milagro, que el cura es el primero en negar, pero nadie le hace caso: ¡Un milagro, es un milagro!, sobre todo cuando éste conviene a los poderosos. Probablemente en las salas de los teatros españoles en los años cuando la obra fue escrita, el público se divertía y lenta, inconscientemente aprendía a mirar con ojos menos destructivos a las "pecadoras" que osaban tener hijos fuera del marco matrimonial. El enfrentamiento con semejantes problemas en México es muy distinto, y el público, por cierto muy reducido en el Jorge Negrete presenciaba el espectáculo casi con indiferencia.

Por fortuna, la comedia no fue adaptada a México, como por lo general sucede con las obras de Alfonso Paso y de otros comediógrafos españoles. Es por primera vez que veo en el escenario a Miguel de Grandy, actor a todas luces español, tanto por su acento como por toda su manera de actuar, y quien en el papel del Padre Juan, sin hacer una creación ni mucho menos, se mostró muy dueño de su oficio, con esta facilidad histriónica tan natural entre los intérpretes españoles. En el papel de Domitilo, Benny Ibarra no logró el tono de la comedia, y pese a todas sus exageraciones no hizo reír. Como el médico que ayudó a la parturienta "pecadora", Alberto Insúa, también víctima de la violencia desencadenada por el alcalde y sus secuaces, es igualmente un actor con tablas. Se puede decir que el espectáculo se deslizó sin pena ni gloria, sin efectiva creatividad, pero tampoco con especiales fallas.