FICHA TÉCNICA



Título obra Basur-eros

Autoría Israel Horovitz

Dirección Susana Alexander

Elenco Luis Miranda, Miguel Couturier, David Mussan, Brígida Alexander, Bárbara Córcega

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Basur-eros” en El Día, 13 enero 1982, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Basur-eros

Malkah Rabell

El dramaturgo norteamericano, Israel Horovitz se distinguió en algunas de sus obras, por una técnica novedosa, que se basaba en el tour de force de crear una pieza teatral con el mínimo de elementos dramáticos tradicionales. Horovitz, como los autores del "absurdo" buscaba una situación en lugar de un conflicto o de una acción. Su obra El primero se sitúa en una "cola" en la cual cada uno de sus componentes trata de ocupar el primer lugar, dispuesto a todas las violencias e injusticias para lograrlo, y con este rudimento de drama mantiene el interés constante del público. Su pieza Acróbatas se sitúa en un número de acrobacia, que como los números cirqueros auténticos dura 20 minutos. Y durante su transcurso la pareja de funámbulos trata de dilucidar su situación matrimonial, llegando a la conclusión que el único camino es el divorcio. En su obra que actualmente se presenta en el teatro Granero: "Basur-eros", ¿cuál es su finalidad? ¿qué situación trata de sugerir? Al parecer, el escenario ofrece una escuela de idiomas, donde se imparte –en la versión mexicana– el español (seguramente inglés en el original) y una serie de discípulos originarios de los rincones más diversos del mundo, francés, italiano, japonés, chino y alemán, acuden a familiarizarse con la lengua del país, enloqueciendo todos por la común babélica incomprensión, y haciendo enloquecer a la maestra al emplear cada uno de ellos el lenguaje de su propio origen.

Es fácil suponer que el dramaturgo trata de imponer un microcosmos del macrocosmos universal, una imagen reducida del mundo, donde, como en la Babel bíblica "descendió Jehová y dijo: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desertar ahora de lo que han pensado hacer... Ahora pues descendamos y confundamos allí su lengua para que ninguno entienda el habla de su compañero".

En ese Basur-eros, por igual que en El primero, se presenta una imagen reducida del hombre y del mundo en que le toca vivir y construir. En El primero cada uno de los seres que hacen la "cola" ante una institución anónima e invisible quiere ser el "primero". Cada uno de esos seres es vil y sin escrúpulos para lograr el primer lugar. En la institución lingüística de su actual obra –¿comedia, farsa? difícil titularla– sucede algo extraño. Todos allí reunidos se llaman: "basura... basurero", en los más diversos idiomas. smednik, en polaco; la poubell, igual cosa en francés; mulleimer, en alemán. Y así todos. ¿Qué trata de insinuar el autor?. ¿Que todos somos basura? Es ir un poco lejos.

E igualmente demasiado lejos va esa técnica que emplea todos los idiomas a la vez en el escenario, haciéndolos traducir por un traductor simultáneo. Todo ello crea en la escena un caos espantoso. Lo que termina por llevar a la monotonía, aunque el público no cesa de reír desde el principio hasta el final. Mas, hasta la risa necesita una lógica más firme, una razón de ser basada en algo más serio y más tangible que el mero vacío. En ese Basur-eros resulta que todo el tiempo nos reímos, luego llega un momento cuando la risa nos cansa. Dejamos de reír y sorprendidos nos preguntamos: "¿Y, por qué tanta risa?" Y no encontramos respuesta adecuada.

Del conjunto de ocho actores, no todos son conocidos. La directora, Susana Alexander hasta ha buscado a una actriz japonesa para que emplee correctamente su idioma. Mas, el único que logró llevar su papel de italiano a las máximas alturas de la comicidad, fue Luis Miranda. Quien realmente nos hacía reír con elementos de gran actor, con conocimiento de causa, él, a quien siempre hemos considerado corno un actor dramático. Todos los demás, quien más, quien menos, cumplieron con su cometido sin llegar a mayores perfecciones. Miguel Couturier, se dedicaba a la tarea de traductor. David Mussan, habla en idish lo que puede resultar cómico en Nueva York donde residen gran cantidad de personas que conocen este idioma, pero lo que no sucede en México. Brígida Alexander resulta realmente cómica manejando en alemán escenas desesperantes de incomprensión humana. Y Bárbara Córcega –hija de Miguel Córcega y Bárbara Gil– en el papel de la maestra, de plano exageraba la violencia y llegó a un exceso de gritos sin matices.

En cuanto a Susana Alexander, en su tarea de directora, tuvo el mismo defecto de la obra. Exageró el efecto de la risa, y... cansó.