FICHA TÉCNICA



Título obra El corto vuelo del gallo

Autoría Jaime Salom

Dirección Manuel Manzaneque

Elenco Francisco Piquer

Grupos y compañías Compañía Teatral Española Tirso de Molina

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El corto vuelo del gallo de la compañía Tirso de Molina” en El Día, 9 enero 1982, p. 30




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El corto vuelo del gallo, de la compañía Tirso de Molina

Malkah Rabell

La pieza de Jaime Salom, que estrenó la Compañía Teatral Española Tirso de Molina, dramatiza la vida de un personaje contemporáneo desconocido en México, pero, según parece, bastante popular en España: el padre de Francisco Franco, Nicolás Franco. Según dice el dramaturgo: "Para poner en pie dicho personaje (y cuantos lo rodean, influencian, sufren o disfrutan) me he apoyado en los numerosos libros, artículos, memorias y estudios firmados por especialistas competentes, ampliamente difundidos en nuestro país, y que, al no haber sido negados, ni apenas controvertidos, constituyen, por así decirlo, una historia provisional de los últimos años en espera de otra más objetiva y desapasionada que sólo el tiempo y la perspectiva puede ir elaborando..." Por lo tanto, una figura que mereció tanta literatura –positiva o negativa, no lo sé–, algo hubo de tener para interesar al mundo de los plumíferos, aparte de ser el progenitor del desaparecido dictador. El autor de El corto vuelo del gallo, lo único positivo que trasmite del protagonista es su enemistad hacia su hijo. Parece sugerir: "hasta el propio padre fue antifranquista". Sobre todo lo dice y lo repite en el segundo acto, que se prolonga excesivamente y termina pea aburrir. En sus rasgos sicológicos, el padre no presenta ningún rasgo especial de grandeza anímica. Es una figura que puede parecer común y corriente: bebedor, mujeriego, enamorado de la vida y de los placeres, como encontramos muchos hombres en la misma clase burguesa a la que pertenece, y de la cual este Nicolás Franco sólo se distingue por su odio a la hipocresía, a la curia y por su amor a la libertad.

Sin embargo, surge la pregunta. ¿Si el protangonista no fuera el padre de dos hijos famosos: el generalísimo Franco y el célebre aviador Ramón Franco, seguiríamos con igual interés los avatares de esa vida en medio de un ambiente costumbrista? ¡No lo sé! Al personaje el autor trata de diseñarlo corno un gran enamorado, como un ser perseguido por el ideal de la libertad. Me parece que no es lo uno ni lo otro. La libertad es una vaga necesidad en esa vida, a la cual no ha sacrificado el menor esfuerzo. En cuanto al al amor, no es posible llamar de esta manera las aventuras nocturnas con cada nueva sirvienta a la que visita a hurtadillas.

Empero, el personaje de por sí está bien diseñado. Y en su torno el dramaturgo supo crear un ambiente que no tiene poco de costumbrista: la vida en un pueblo, con sus diversos tipos locales. Pero son sobre todo las figuras familiares que interesan: la esposa, la perfecta mojigata incapaz de la menor pasión física; Ramón, el futuro aviador ya de niño enamorado de las posibilidades que las alas ofrecen al hombre; la no menos hipócrita hija Pilar y el carente de personalidad hijo Nikolás que con cl tiempo se transforma en un financista de mucha importancia en el país. Quizá más que la del padre, nos hubiera interesado conocer la figura del hijo Ramón, el aviador que murió en un accidente aéreo, y a quien el autor desea a toda costa presentar como a un republicano sólo unido a las fuerzas militares de su hermano el generalísimo, por la facilidad de volar que le ofrecía. Sería sugestivo analizar con mayor hondura y detenimiento a una personalidad semejante.

Para crear el ambiente, donde la historia contemporánea va de par con situaciones personales de cada protagonista, Jaime Salom entreteje escenas del pasado, del presente y de un imaginativo futuro, premoniciones y fantasías sonadas, en un estilo que el autor considera de un realismo "fantástico y mágico". De igual realismo "fantástico y mágico" resulta la escenografía, que recuerda ciertos cuadros surrealistas. En el papel del padre, el actor Francisco Piquer crea un tipo muy verosímil, muy accesible a las imaginaciones, muy español de ciertas clases sociales. Quizá no sea un gran actor, pero es un intérprete con mucho oficio. Todo el conjunto artístico de la Compañía Teatral Española Tirso de Molina, tampoco llega a grandes alturas dramáticas, pero igualmente presenta esa facilidad de actores competentes. Lo que en conjunto da lugar a un espectáculo llamativo, de mucha disciplina y habilidad, que entusiasmó al auditorio la noche del estreno. Al director, como es natural, no lo conocemos en México, pero merece ser recordado: Manuel Manzaneque.