FICHA TÉCNICA



Título obra Lecciones para matrimonios

Autoría Leslie Stevens

Dirección Manolo García

Elenco Nadia Haro Oliva, Roxana Chávez, Raúl Ramírez

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Lecciones para matrimonios de Ibsen” en El Día, 6 enero 1982, p. 32




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Lecciones para matrimonios

Malkah Rabell

No tengo nada contra las comedias ¡Al contrario! Una buena comedia, un poco distinta de las ya vistas, un poco más original que las habituales comedias escritas al por mayor para los teatros de los "bulevares" del mundo entero, es una verdadera bendición, ya que divierte durante algunas horas, hace reír y olvidar las preocupaciones cotidianas en este mundo de angustias en que vivimos. Pero he aquí el problema: ¿dónde conseguir semejante ave rara? Pregunta que seguramente se hace tres veces al da todo productor de teatro que maneja este género, y no es por nada que la mayoría de las compañías en busca de repertorio recurre a Alfonso Paso. Interrogante que también repite el espectador antes de salir de casa los sábados de noche en el DF o los domingos por la tarde. ¿Dónde puedo ver una comedia que no repita los mismos chistes, las mismas situaciones y los mismos diálogos que ya he visto y escuchado tantas veces? Desde luego, el público que va al Arlequín ya no se pregunta nada. Va un poco a ciegas, debido a una larga costumbre. Igual que se va a diario a la misma panadería. O por igual que abrimos la televisión y nos ponemos a mirar cualquier babosada, porque a las 20 horas necesitamos nuestra ración televisiva, así como mucha gente a determinada hora necesita su copa de alcohol.

Pues, fui al Arlequín para ver Lecciones para matrimonio, porque en este primer domingo del año que se inicia, no había dónde ir. Espere por lo menos divertirme. Y no logré siquiera reírme un poco. La comedia del norteamericano Leslie Stevens es completamente común y corriente, con su historia de un matrimonio formado por un profesor de sociología y una comentarista de la televisión, a cuya casa llega la hija de un amigo sueco. Y la sueca considera lo más natural solicitar al "Herr Profesor", al dueño de casa, un perfecto marido monógamo, que le haga un hijo, porque espera traerlo al mundo con la belleza de la madre y la inteligencia del padre. Ya Bernard Shaw contestó a semejantes esperanzas. La idea tal vez no sería tan mala, si se basara en un diálogo más novedoso, más inteligente, en una técnica más original, en personajes más singulares. Pero toda la obrita, con sus dos actos y un intermedio, parece a tal punto copiada sobre otras comedias de los "bulevares", de tal modo moldeada sobre obras semejantes, que se antoja ya vista por lo menos diez veces. Y lo mismo sucede con los actores. Nos dan la impresión que ya los hemos visto en los mismos personajes, bombardeándose mutuamente con morcillas en una constante improvisación. Y todo ello en lugar de divertir provoca cansancio y hasta aburrimiento.

Hubo una época, no tan lejana, cuando la propia Nadia Haro Oliva se despojaba de ropa para mostrarse en paños menores. Lo que le iba muy bien por ser mujer de agraciada silueta y de mucha elegancia, que suele usar el corpiño y la faja con no menor elegancia que los vestidos, trajes y abrigos. Actualmente Nadia Haro Oliva, con mucha inteligencia se retiró de semejante práctica, y en Lecciones para matrimonio su papel es de dama madura, esposa fiel y consejera de amor en la radio o en la televisión. Pero no por ello su teatro renunció a esa especie de striptease a medias. Lo hace la actriz juvenil, la sueca Ingrid, interpretada por Roxana Chávez, que, lamentablemente ni es bonita, ni bien formada, ni sabe vestir y aún menos actuar. En cuanto al excelente actor Raúl Ramírez que interpreta el papel del marido, Fred, en esa oportunidad se muestra tan indisciplinado, tan dado a las morcillas y a la improvisación, que termina por impedir la actuación de Nadia Haro Oliva, que vanamente trata de mantenerse dentro de su tipo, y a veces, con las tablas que tiene, llega al mismo ritmo que su colega.

Cuando falta disciplina en el escenario, se suele reprochárselo al director. Y este es Manolo García. La única excusa que le encuentro es que con semejante libreto lo único que puede hacer el director es darle libertad a sus actores para que rehagan el texto a su manera. Creo que lo ha hecho. Y sospecho que el público se lo agradeció. Ya que aplaudió el final con mucho entusiasmo.