FICHA TÉCNICA



Título obra El caso de la mujer asesinadita

Autoría Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia

Dirección Enrique Rambal

Elenco Lucy Gallardo, Enrique Rambal, Jorge Gallardo, Adriana Roel, Betty Catania, Ada Carrasco, José Peña (Pepet), Lucha Altamirano, Ramiro Orcí, Jorge Lavat

Escenografía José Reyes Meza

Espacios teatrales Teatro del Músico

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 4 abril 1965, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[El caso de la mujer asesinadita]

Mara Reyes

El caso de la mujer asesinadita. Teatro del Músico. Autores, Miguel Mihura y Álvaro de Laiglesia. Dirección, Enrique Rambal. Escenografía, Reyes Meza. Reparto: Lucy Gallardo, Enrique Rambal, Jorge, Adriana Roel, Betty Catania, Ada Carrasco, José Peña, Lucha Altamirano y Ramiro Orcí.

Fue el 16 de octubre de 1953 cuando Julián Soler estrenó El caso de la mujer asesinadita que habría detener un considerable éxito de taquilla por aquellas fechas –403 representaciones consecutivas– y que por lo que se ve –la sala llena– volverá a repetirse el éxito.

La única actriz que se mantiene de aquel elenco en esta reposición en que hasta el director ha cambiado, es Lucy Gallardo, que tiene por compañeros en los papeles estelares en vez de a Tito y Víctor Junco y Liliana Durán, a Rambal, Jorge Lavat y Adriana Roel. El reparto no sólo ha sufrido cambios por sustitución de nombres, sino por supresión de personajes. Los parlamentos de doña Paula, doña Lucía, Purita, Arístides y el chofer, quedaron repartidos entre Teresa, Rosaura, Renato y Lorenzo, de manera que una nómina para catorce actores quedó reducida a nueve, lo que para toda empresa es un buen ahorro. Estas supresiones, por otra parte, no modifican en nada el sentido de la obra, tales personajes eran en verdad innecesarios y fue un acierto de Rambal eliminarlos.

La estructura de la obra es ingeniosa por cuanto resuelve su arquitectura cuadrangular haciendo intervenir al “más allá” como mecanismo para hacer el cambio de parejas. Si bien este tratamiento ha dejado de ser una novedad, éste no ha perdido su lozanía. La comedia camina con ligereza en el primer y el tercero de los actos, no así en el segundo, debido a que el conflicto no llega nunca a hacer crisis, manteniéndose en un estado latente, tácito, más que explícito o explosivo.

No es ésta de las obras que se prestan para que los actores realicen brillantes caracterizaciones. La Lucy Gallardo, el Enrique Rambal, el Jorge Lavat y la Adriana Roel que vemos son los mismos que hemos visto en otras comedias. La relación entre actor-personaje es inversa de la ideal. No se trata de actores que se amoldan a uno personajes, sino de personajes que se amoldan a unos actores. Esta característica, hereditaria del teatro español de principios de siglo, la encontramos lo mismo en Mihura que en Alfonso Paso y en todos los fabricantes de comedias al mayoreo, así como en la generalidad de los actores de los teatros comerciales que confían más en su atractivo personal que en el atractivo de los personajes que interpretan. Saben que su público los busca a ellos y responden complacientes a esa demanda.

El reparto fue completado por Betty Catania, Ada Carrasco, José Peña “Pepet”, Lucha Altamirano y Ramiro Orcí. Betty Catania, que se ha incorporado al teatro mexicano, se dio a conocer por primera vez a nuestro público en Historias para ser contadas que puso en México un grupo argentino: el “Teatro de los 21”, que vino a nuestra capital en 1961, grupo con el que ella trabajó desde su fundación (1957). Es un elemento valioso que ojalá nuestros empresarios sepan aprovechar.

La escenografía naturalista de Reyes Meza es la más apropiada, para este género de teatro enfocado a la simple diversión y sin ningún propósito expresivo –ideológico o estético.