FICHA TÉCNICA



Título obra Hedda Gabler

Autoría Henrik Ibsen

Dirección Germán Dehesa

Elenco María Luisa Medina, Cristina del Castillo, Álvaro Tarcicio, Jorge Tesman, Eligio Méndez

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Hedda Gabler, un espectáculo inesperado” en El Día, 2 noviembre 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Hedda Gabler, un espectáculo inesperado

Malkah Rabell

El anuncio de una representación con actores absolutamente desconocidos, con un director igualmente desconocido, que se arriesgan a ofrecer una obra tan compleja y tan exigente de una primera figura femenina de alto vuelo, como Hedda Gabler, se presta a mucha desconfianza. ¿Quiénes serán esos jóvenes anónimos, que se presentan en un teatro tan poco "calentado" como el Jesús Urueta? ¿Quién será Germán Dehesa, el responsable de la puesta en escena? ¿Y quién será María Luisa Medina, la Hedda Gabbler? Indudablemente, en semejante caso el público, sobre todo un público especializado, está dispuesto a encontrar lo peor. Y ante la agradable sorpresa de un espectáculo serio, reflexivo, profesional, realizado por intérpretes capaces, aunque aún faltos de madurez, se halla pronto a volverse en el extremo opuesto y entusiasmarse, tal vez con exceso.

Es difícil decir que María Luisa Medina haya logrado una creación extraordinaria en el monstruoso personaje de Hedda Gabler. Pero es cierto que la protagonista interpretada por la joven y agraciada actriz se antojaba menos desagradable, más humanizada, y hasta más original que la mayoría de las "Heddas" que conocemos. Lo que tal vez para Ibsen no sería un mérito. Ibsen mismo tenía una especial simpatía para las mujeres malvadas. Las bondadosas le resultaban "tontas", como Thea Elvsted. La Malvada le parece al dramaturgo noruego una rebelde, la que persigue la emancipación, su moderna valkiria capaz de oponerse a la mujercita mojigata de la hipócrita sociedad burguesa de su tiempo y de su país. Y desde luego Hedda Gabler es una aristócrata, en tanto Thea es un pobre producto de la clase media. Tanto María Luisa Medina, como la mujer capaz de orillar al suicidio, destrozando su máxima obra literaria, a su antiguo enamorado; como Cristina del Castillo como Thea, la víctima de la pobreza, de la falta de apoyo y de las condiciones de su propio carácter, nunca han llegado a provocar una nota falsa en toda la representación. Tal como entendió el director a esos 2 personajes femeninos, toda nuestra simpatía se dirigía a la deliciosa Thea, pero tampoco odiábamos a Hedda Gabler como la hemos odiado en otras interpretaciones. Ambas jóvenes actrices si aún no pueden ambicionar el lugar de "monstruos sagrados", ya en cambio prometen llegar a primeras figuras dentro de un porvenir muy cercano.

Entre las figuras masculinas, Álvaro Tarcicio, francamente me parece excelente como el juez Brack, con su tono cínico, su elegancia de hombre de mundo y su ligereza convencional. Me parece que Álvaro Tarcicio ya puede figuraren la mejor de las compañías profesionales. Igualmente Carlos Magaña fue muy correcto en el personaje del bondadoso, erudito, pero no muy inteligente Jorge Tesman, sin jamás caer en lo caricaturesco, lo que hubiese sido muy fácil en un papel con semejantes características de inocencia. La dirección supo subrayar ciertos pequeños detalles con mucha inteligencia, como el elegante frac del juez en contraposición con la poco graciosa levita del sabio distraído Jorge Tesman. En cuanto a Eligio Méndez, como el fascinante para las mujeres Elliot Lovberg, el escritor de inteligencia superior y carácter arrollador, no resultaba muy convincente, ni muy apropiado para ese nórdico personaje.

El ritmo de la representación se hacía un poco lento, un algo falto de bríos, lo que a veces adormilaba a un público según parece más acostumbrado a lo convencional. Una lentitud que no sorprendía en un director novel. En cambio extrañaba tanta excelencia en el manejo de los intérpretes de ese mismo director. Y sospechamos que no poco –o mucho– se debía a la colaboración de José Luis Ibáñez, único nombre conocido que figuraba en el programa.

Lástima que la pobreza del escenario, de las luces y de la escenografía, en este teatrito tan reducido y de pocas posibilidades, restó algo de calidad al espectáculo que merece todo el apoyo del público y la crítica.