FICHA TÉCNICA



Título obra Bolero

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Fernando. R. Rogero, Nancy Pujol, Rocía Pusada, Gilberto González, Benjamín Salazar, Sabino Martínez, Rodolfo Moreno, Clara de la Torriente, Jesús Reyes, Juan Carlos Méndez

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Notas El Teatro de la Universidad estuvo ubicado en Av. Chapultepec no. 409.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un bolero estudiantil” en El Día, 7 octubre 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un bolero estudiantil

Malkah Rabell

El espectáculo: Bolero debido, texto y puesta en escena, a Héctor Mendoza, que se presenta actualmente en el Teatro de la Universidad, en avenida Chapultepec 409, es una reposición. Fue estrenado el año pasado en el Auditorio Julián Carrillo de la Radio UNAM, con los mismos actores, estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. Se trata de un conjunto de historias cortas, especie de sketches debidos a la vida estudiantil, unidos entre sí sólo por el hilo de la atmósfera universitaria fuera de las aulas, en la intimidad de cada uno de los estudiantes cuando conviven en la misma casa-pensión, o algo por el estilo. Otro de los lazos de unión de este espectáculo, es la música de antiguos boleros que inicia y finaliza cada uno de esos relatos dramáticos, que resultan bastante cómicos y mantienen la hilaridad del público. Son también los boleros que imponen el título a cada una de esas obritas en un acto, como Amor de la calleo Amorcito corazón. Dos historias bastante inverosímiles, pero graciosas. La primera, la de un estudiante que en estado de embriaguez se encuentra con un "amor de la calle... con su carita pintada y su corazón de lirio..." que da la casualidad es una muchacha ajena al oficio que en un momento de apuro económico, lejos de su ciudad natal, Guadalajara, sin amigos ni familiares, recurre a este estratagema, y en lugar de un amante de paso encuentra un amigo lleno de atenciones y de solidaridad. Los dos intérpretes, remando R. Rogero y Nancy Pujol son aún bastante inexpertos.

Otra historia, comedia en 2 cuadros, Amorcito corazón, como el bolero del mismo título, es la de una muchacha novia de un estudiante, feminista ingenua, que se dedica a quitarle lo novato en cuestión de amor a un amigo de su enamorado. En esta actuación, Rocía Posada no ha mejorado nada desde el año pasado y sería bueno que también le quitaran la novatez histriónica a ella. En cambio los 2 intérpretes masculinos: Gilberto González y Benjamín Salazar –sobre todo el primero– se comportan con mucha mayor seguridad en las tablas. Gilberto González es quizás el más capaz, el más natural, de todo ese grupo de comediantes estudiantiles.

Probablemente, la farsa en un acto: Adiós para siempre, historia de 2 estudiantes ligados por una larga amistad y por un largo odio oculto, hecho de celos y competencia universitaria y amorosa, sea la historia más simpática, la mejor lograda literariamente y sicológicamente más profundizada de todo el espectáculo. Sus 2 intérpretes, Sabino Martínez y Rodolfo Moreno, tienen frescura y agilidad histriónica.

En cambio, historia en cierto modo desagradable es la última: Amor perdido, que seguramente ha de situarse en la época anterior a la popularización de la penicilina y de los antibióticos, ya que su meollo se basa en el contagio de una enfermedad venérea entre estudiantes que ignoran los remedios. También aquí se trata de una farsa en un acto. Pero esta farsa resulta más bien melancólica y hace reír por causas nada alegres, como el cinismo de una pareja que se aprovecha de un tercer compañero. Los 3 personajes, a cargo de Clara de la Torriente, Jesús Reyes, Juan Carlos Méndez, son excesivamente ruidosos y exageran sus caracteres, sobre todo la muchacha, y no se los puede considerar más allá de un esfuerzo a nivel estudiantil, de principiantes.

No creo que estas breves escenas merezcan la calificación de gran valor artístico, aunque son divertidas, escritas hábilmente, y dirigidas con esta maestría que particulariza a Héctor Mendoza, considerado con toda razón como el mejor maestro de actuación de la juventud de las escuelas de "arte teatral".

No sabemos muy bien a qué época pertenecen esos personajes enamorados de los "boleros", pero nos parecen muy lejanos, debido a unos tiempos por los cuales no pasó el año 1968 y cuyos estudiantes universitarios demuestran una completa indiferencia por problemas nacionales o internacionales. El Bolero será, como dice Héctor Mendoza en la introducción del programa de mano, "una canción sentimental que marca toda una época en México" pero hoy el estudiante tiene mucho mayor interés por la canción de protesta.