FICHA TÉCNICA



Título obra Leoncio y Lena

Autoría Karl Georg Büchner

Dirección Luis de Tavira

Elenco Leszek Zavadka

Coreografía Tulio de la Rosa

Música Federico Ibarra

Notas de Música Armando Zayas / dirección musical

Vestuario José de Santiago

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Notas Semblanza de Georg Büchner con motivo del montaje de su obra Leoncio y Lena

Referencia Malkah Rabell, “El extraño caso de Georg Büchner” en El Día, 5 octubre 1981, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El extraño caso Georg Büchner

Malkah Rabell

La puesta en escena de una de las obras de Georg Büchner: Leoncio y Lena, por el Teatro Universitario bajo la dirección de Luis de Tavira, pone de relieve un nombre poco conocido y que merece una mayor notoriedad. ¿Quién es Georg Büchner?

A la edad en que la mayor parte de los escritores empieza a encontrar la voz de su creación y a balbucear sus primeros hallazgos, Georg Büchner ya lo había dicho todo, ya ponía punto final a una obra inconclusa, inmadura, afiebrada y como escrita bajo un permanente estado de insanía mental. Ponía fin a todo lo que puede decir un joven de 24 años, con esa precocidad de los predestinados a una muerte prematura. Moría en aquel 1837, cuando los románticos ganaban sus primeras batallas.

Al leer a Büchner, quien ignora su fecha de nacimiento queda perplejo para clasificarlo. ¿Un seguidor de Brecht? ¿Un expresionista algo demodé? ¿Un "absurdista" algo indeciso ante las reglas de esta tendencia? ¿Un revolucionario admirador de Ernst Toller? Cuán sorprendido queda ese lector al averiguar los orígenes de ese dramaturgo. Sin duda hay mucho en su manera de encarar la vida de los jóvenes rebeldes de su tiempo, los del Sturm Und Drang. ¿Pero en quién se inspiró para introducir sus canciones en sus tres únicas obras, esa forma tan brechtiana de cantar, venga o no al caso? ¿En quién se inspiraron sus cambios permanentes de escenografías, como si nunca pensara representar sus obras y dejará a sus personajes vagar de un lado para otro de una manera literaria? Sólo en las representaciones medievales podemos encontrar semejantes escenificaciones simultáneas, que luego retomaron los expresionsitas.

¿De quién heredó Büchner su lenguaje director, descarnado, saturado de gritos sociales, y conceptos filosóficos, dignos de algunos naturalistas? ¿De quien heredó los monólogos subjetivos, reflejos del alma? En su obra no sólo asoman las más diversas corrientes de la literatura actual, sino que surgen personajes dignos de los acontecimientos históricos de nuestro siglo, como el Doctor de Woyzeck, que tiene las características de un doctor Mengele. Hay en la obra de Büchner un espíritu de premonición vecino del sortilegio.

Nacido en 1813, Georg Büchner era hijo de un médico de Darmstadt y hermano de un conocido filósofo, Ludvig Büchner, autor de varias obras muy discutidas en su tiempo. Georg estudió medicina tratando de seguir los pasos de su padre, mas, espiritualmente ya había sido conquistado por la literatura. Pertenecía, como gran parte de su generación, al movimiento rebelde de los estudiantes dedicados a luchar contra el régimen político. Igual que a muchos de sus compañeros, la policía lo persiguió. Huyó a Zurich, donde obtuvo un cargo de docente de medicina en la Universidad y donde no tardó en fallecer víctima de una fiebre tifoidea.

A través de las páginas dolorosas y a menudo desordenadas de su obra de sus tres piezas teatrales: La muerte de Dantón; Leoncio y Lena, y la última: Woyzeck, así como en los trozos de su novela inconclusa: Lentz, cuyo protagonista es un joven poeta malogrado y enloquecido del siglo XVII, que se parece mucho a ese personaje alucinado que es Woyzeck. A través de todas esas páginas escritas como en estado de delirio, poseído por la fiebre, se infiere que la muerte no fue un accidente final en esa joven existencia, sino un hecho esperado, presentido. El no murió de la fiebre tifoidea, sino de la fiebre que lo consumía desde la adolescencia. La fiebre de la premonición.

El dolor ante las injusticias cometidas por los hombres contra sus hermanos, los hombres, es un grito que atraviesa todos sus dramas, y sobre todo Woyzeck, ese pariente cercano de Hinkemann. Como el héroe de Ernst Toller, también Woyzeck es degradado por los hombres y desposeído de lo único que aún le importa en la vida: el amor de su mujer. Ambos, Woyzeck e Hinkemann, para aportar unas monedas al hogar, se dedican en secreto a una labor que les repugna: Hinkemann, que odia la sangre, acepta tragar ratas vivas ante la diversión de un público de feria; en tanto Woyzeck acepta el papel de conejillo de Indias y se somete al sadismo del "Doctor". Otros muchos detalles son semejantes. Sin duda, Büchner es la fuente de Ernst Toller.

Escrito con menos desorden, La muerte de Dantón carece en cambio de la densidad dramática de Woyzeck. En Dantón la inteligencia prevalece sobre la emoción, y las ideas estallan como cohetes. Fresco demasiado extenso para una sola noche de representación, refleja una revolución que devora a sus propios hijos, y resume la seguridad del autor de que los muertos sólo procrean muertos y la sangre de los inocentes no logra nutrir al pueblo hambriento. "Ya ves, procurador general de los faroles, tus mejoras a la iluminación pública no dieron más claridad a Francia..." echa en cara a Desmoulin uno de los condenados a la guillotina, cuando los acusadores de ayer van a reunirse en la cárcel con sus víctimas. El enfoque de los personajes es completamente moderno, con una resonancia a lo Romain Rolland.

No menos moderna es la deliciosa obrita que los teatros experimentales van redescubriendo: Leoncio y Lena. Algunos críticos la pretenden precursora del teatro del absurdo, lo que me parece excesivo. El lenguaje de Büchner no pertenece al reino de las adivinanzas. Su filosofía y sus morales son demasiado claras y comprensibles. La obra más bien pertenece al reino de las hadas, al cuento infantil, o tal vez pretende ser una parodia de argumentos iguales que han transitado por todo el siglo XIX a través de una dramaturgia de la nueva burguesía. Con música de Federico Ibarra la comedia de Büchner se transformó en ópera. Una ópera que en lugar de texto se basa en imágenes. Una ópera visual, que se presenta en el teatro Juan Ruiz de Alarcón.