FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre que yo maté

Autoría Maurice Rostand

Dirección Xavier Rojas

Elenco Miguel Palmer, Beatriz Aguirre, Miguel Manzano

Notas Obra adaptada a la televisión en el programa Teatro Universal en el Canal 13 de México.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El hombre que yo maté, teatro en televisión” en El Día, 30 septiembre 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El hombre que yo maté, teatro en televisión

Malkah Rabell

En su programa Teatro Universal el Canal 13 presentó el lunes 28 de septiembre, un drama muy interesante y muy poco conocido: El hombre que yo maté de Maurice Rostand, hijo del famoso Edmond Rostand autor de Cyrano de Bergerac. No, no se trata de una obra policíaca. Muy lejos de ello. Se trata de una de esas piezas que por los años inmediatos al término de la Primera Guerra Mundial, abundaban tanto en los escenarios europeos como en las pantallas del cine mudo. Obras que variaban de conflicto, y a veces de argumento, pero conservaban el mismo espíritu. El de ansia por una nueva fraternidad entre los pueblos por un amor y una solidaridad entre la gente más allá de las fronteras. Por aquella época había nacido entre los intelectuales y los artistas un odio contra los patrioterismos, contra los desatados nacionalismos, que sólo servían a los politiqueros y a los negociantes de armas, los culpables de la sangrienta contienda. Un espíritu antibélico que se reflejaba en muchas obras, sobre todo de Giraudoux, de Jacques Bernard y de Paul Reynal. Semejante espíritu se refleja igualmente en El hombre que yo maté.

El protagonista es un joven francés que renta a un alemán de igual edad en un gesto de instintiva defensa cuando se encuentra solo en una trinchera y de repente se enfrenta al casco del "enemigo". Y ese cadáver del soldado "enemigo", con su rostro de inocencia y. de inmadurez, martiriza, no deja en paz la conciencia del "asesino", quien una vez terminada la guerra va en busca de la familia del soldado muerto, para pedir de rodillas perdón. Y así empieza la obra. Una familia alemana enlutada como había familias enlutadas en cada rincón de Europa: esposas sin maridos, padres sin hijos a todo lo ancho del continente europeo. Una familia alemana que había perdido su único hijo y vivía, desde tres años, postrada en su dolor. Con un padre furiosamente chovinista, con un odio feroz contra esos "asesinos franceses", y una madre mucho más comprensiva, con un sentimiento de piedad para todas las mártires que, como ella, lloraban a sus hijos desaparecidos. Y sucede lo inesperado. Ese extranjero, a quien toda la aldea odia por su condición de francés, termina por reemplazar al hijo muerto en tierra extraña en el corazón y en el hogar vacío de sus padres.

Bajo la dirección de Xavier Rojas, que demostró una profunda comprensión para un problema tan ajeno al ambiente latinoamericano, un reducido grupo de actores, cuatro en total, logró crear los caracteres adecuados. Miguel Palmer como el francés asesino involuntario, muy exacto en sus reacciones subjetivas, con su rostro de expresión intensa, con sus gestos medidos y en clara dicción muy matizada. Beatriz Aguirre, muy bella con su cabellera blanca, y como rara vez, natural en su papel de la madre alemana. En la interpretación del padre, el nacionalista encerrado en su odio contra un pueblo que desconoce pero que juzga como enemigo para toda la eternidad, como asesino de su hijo, Miguel Manzano fue quizá excesivamente monocorde. No sé quién fue la novia, nunca la vi actuar y su cara me resulta desconocida, se trata de una actriz muy joven y bien parecida, pero con cierta dificultad en la pronunciación. La dirección de Xavier Rojas creó la atmósfera necesaria y fue perfecta desde la primera escena cuando el involuntario asesino se confiesa con un sacerdote, escena que parece un prólogo, hasta el emotivo final.

En estos días, parece que en el Canal 13 es donde podemos encontrar los mejores programas. Sobre todo los días cuando no nos alimentan con constantes programas deportivos. La reducción de programas noticiosos –que ya eran excesivos– también nos vienen bien. Y ante una falta completa de programación novedosa en los canales de Televisa, donde se repiten hasta el infinito viejos repertorios, o bien se nos ofrecen viejas películas habladas en inglés cuyos subtítulos en español son imposibles de leer. Ante semejante pobreza, el Canal 13, y a veces el canal 11, son los únicos que nos salvan durante las noches de insomnio. Y no hablo como critica, sino como una simple televidente.