FICHA TÉCNICA



Título obra Lagartija

Autoría Alexandre M. Volodin

Dirección Evgeni Lazariev

Elenco Rosario Zúñiga

Notas de elenco Rodolfo A. Nava / baterista

Grupos y compañías Alumno de cuarto año de la Escuela de Arte Teatral

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Lagartija, un hermoso espectáculo” en El Día, 9 septiembre 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Lagartija, un hermoso espectáculo

Malkah Rabell

El maestro soviético, Evgeni Lazariev, especialmente invitado a México para dictar en la Escuela de Arte Teatral del INBA, un curso sobre técnica de Stanislavsky, ofrece actualmente, con sus alumnos del 4o. año de la misma escuela, un espectáculo que por fortuna nada tiene de stanislavskiano Con la obra de otro soviético, Alexandre M. Volodin, Lagartija lleva al escenario la historia de dos tribus primitivas, los "Bisontes" y los "Escorpiones" en guerra desde muchos años. Dos tribus cuya época y situación geográfica ignoramos, pero que Lazariev presenta sin recargos antropológicos o naturalistas. El director más bien recurre a un realismo mágico, con una casi total ausencia de escenografía, reducida ésta a uno que otro indicio para sugerir el ambiente: un árbol, un tronco, y nada más. Los perros, el tigre, el pez, son actores sin máscaras ni trajes. Sólo el río lleva el rostro y él cuerpo cubiertos de un manto y capuchón y sostiene en sus brazos al nadador. El conjunto viste overol y camiseta negra. Una tribu se distingue de la otra por una cinta que rodea la frente de sus miembros, Mucho se sugiere: el cubo lleno, carece de agua; el arco carece de flecha. Todo ello aligera el espectáculo y le da alas. Y aunque la representación se lleva a cabo en un escenario a la italiana, muy tradicional, como es el del teatro Orientación, tal vez el director hubiese preferido un tablado circular o con un sistema de plataformas, tal como usaba su compatriota, el director Oklopkov.

El drama de Volodin, Lagartija no deja de ser-extraño y original, cuya finalidad es indudablemente otra cosa que el sencillo relato de la historia del rapto de una muchacha de la tribu de los "Bisontes" por un guerrero de la tribu de los "Escorpiones". Protagonista enviada en realidad como espía por su gente para averiguar el secreto de la nueva arma usada por sus enemigos: la flecha y el arco, Desde los inicios del espectáculo tenemos la muy clara sensación que el dramaturgo persigue una deducción definida, y desde el primer acto la esperamos con impaciencia. Y en efecto el autor llega a la conclusión –un poco como Giraudoux en su La guerra de Troya no tendrá lugar–, que pese a los ardientes pacifistas en uno y otro campo, la contienda entre ambas tribus continuará de todos modos, y de uno y de otro lado caerán víctimas, caerán sus mejores hijos, los que más desean la paz y el amor.

Además también tenemos la sensación, muy persistente, que muchos de los parlamentos y de los episodios se refieren, insinúan problemas locales, ante los cuales forzosamente nos quedamos en ayunas. Aunque algunos son bastante claros, como la insistencia de presentarnos algunos "Bisontes" que se pasan al enemigo, en cuyo campo viven más cómodos y felices, pero que terminan asesinados como enemigos por sus nuevos aliados, enemigos para los propios y para los ajenos. En realidad toda la obra, todo el drama, bajo el disfraz de una historia sencilla, pero poco común, está llena de problemas y de conceptos existenciales.

Quizá uno de los elementos más bellos de este montaje, es la música, a cuyo autor no se menciona en el programa de mano. En cambio se subraya el nombre del baterista, Rodolfo A, Nava, que acompaña todo el espectáculo de manera muy sugestiva.

Tal vez lo más débil de esta puesta en escena en la cual el director, Lazariev maneja 25 intérpretes, sin por ello dar la impresión de un montaje de masas, son los actores. Jóvenes intérpretes ya dueños de una buena técnica corporal, pero aún faltos de elementos vocales, los más difíciles de adquirir. La mayoría del conjunto, y sobre todo la figura central, Lagartija, Rosario Zúñiga, gritaban demasiado (vocalización mucho más artaudiana que stanislavskiana). Algunos de los jóvenes actores demuestran ya capacidad dramática, pero ante tal multitud de nombres, resulta difícil descubrir quién es quién.

En resumen, pese a ciertas fallas interpretativas, muy naturales en actores aún escolares, la representación ofrece un gran encanto y fuerza dramática. El interés reside tanto en la obra como en el montaje.