FICHA TÉCNICA



Título obra La Educastradora

Autoría Roberto Athayde

Dirección Gerard Huillier

Elenco Virma González

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La educastradoracon Virma González” en El Día, 7 septiembre 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La educastradora con Virma González

Malkah Rabell

Los monólogos están de moda, o tal vez se deben a necesidades obvias, El diario de un loco; Deborah; El autorretrato; La hora del vals; y ahora La educastradora en el teatro de la Alianza Francesa, son una prueba bastante clara de una temporada de monólogos.

Por lo general, los monólogos se nos antojan escritos especialmente para protagonistas dementes. Únicamente los orates pueden hablar a solas durante toda el transcurso de un drama. La educastradora, del autor brasileño Roberto Athayde, no sufre de semejante restricción, aunque el personaje, es precisamente anormal. Más, la intérprete no se ve obligada de hablar consigo misma. Todo el soliloquio se dirige –al auditorio; la sala hace de clase y la maestra, la señorita Paloma, actúa como si se encontrara frente a sus alumnos. La intérprete, Virma González, que a menudo actúa en espectáculos de cabaret, como una show woman, conoce maravillosamente el arte de relacionarse directamente con el público, de hacerlo hablar y responder a sus "provocaciones", Virma González consigue, con mucha facilidad y habilidad, la inmediata respuesta oral, del espectador, en el intercambio de opiniones entre la persona en el escenario y la sentada en la oscuridad de la sala.

El autor, Roberto Athayde, al diseñar la figura de su protagonista, hizo hincapié en la sicología de una solterona, producto de una sociedad hipócrita, dominada por los prejuicios sexuales, que considera necesario ocultar las exigencias del sexo. Solterona frustrada, la señorita Paloma, usa y abusa de ese dominio todopoderoso que tienen los maestros sobre una clase de menores. Una maestra que transforma su miserable poder sobre un grupo de niños, en un delirio de prepotencia, de egomanía, de paranoia. Un grupo de niños sin voz ni voto, inermes en una sociedad de adultos que les niega todo derecho y toda posibilidad de defensa. El dramaturgo, que en la época cuando escribió la obra contaba con 27 años, todavía guardaba viva en su memoria el odio al sistema escolar de enseñanza que hubo de sufrir en su niñez, transmite su repugnancia a través de ese personaje de "educastradora" que usa, por lo menos en el segundo acto, el uniforme nazi. Esta paranoia de la "educastradora", de la señorita Paloma, parece prefigurar otros poderes de igual ignominia, en un país de régimen totalitario.

Por otra parte, el personaje está observado bajo una lupa científica, y según opinión de sicólogos, la maestra Paloma ofrece los rasgos de una "maníaco-depresiva", actitud que se basa en la forma como se relaciona con sus discípulos –es decir, en el presente caso, con público–, manera de ser que va desde la agresividad hasta la depresión máxima. Cuando la señorita Paloma se halla deprimida tiene inhibiciones y cuando deja de serlo, empieza la agresividad. O mejor dicho, es la expansión de la personalidad que se proyecta. Una extraversión que parece jubilosa, pero que ni siquiera llega a la euforia, sino a la desinhibición, con un tono afectivo más elevado. En tanto en otros momentos, su tono afectivo baja al mínimo, hasta llevarla finalmente al suicidio, acto muy frecuente en los depresivos. La forma como la maestra asocia las ideas son típicas de una enferma mental. Aunque tiene razonamientos lógicos, no desarrolla una idea. De ahí se desprende esa sensación de locura que da su largo soliloquio, con todas sus groserías y agresividades al público... es decir a sus alumnos. Esta clase de enfermos emplean por lo común un lenguaje soez, tal como lo pone en la boca de la protagonista el autor. Desde el punto de vista de la dinámica de su personalidad, es una pobre mujer solitaria, soltera, dominada por la hipocresía del ambiente, falta de amor y de alicientes, de amigos y de posibilidades de intercambio de sentimientos y de opiniones, que descarga su amargura y su necesidad de dominio sobre las pobres criaturas indefensas de su clase.

Pero el logro de este espectáculo es sobre todo debido a la interpretación, a Virma González que, bajo la dirección de Gerard Huillier, consigue mantener apasionados a los espectadores por el personaje en el escenario, que no deja de repetir una y otra vez las mismas premisas. En este personaje más bien dramático, la protagonista crea un papel de carácter, que la transforma como sin el menor esfuerzo, en la maestra centrada en su propio YO, que habla de sí misma como si fuera una tercera persona. Virma González ES la educastradora.

El punto de vista psiquiátrico impuesto al personaje impone mayor importancia al director. La actriz no pudo estudiar el "caso" tan a fondo por su propia visión. Fue el director, Gerard Huillier, que hubo de construirlo, por lo menos en lo que a la coyuntura de la enfermedad clínica concierne, para que la intérprete a su vez pudiera transmitirlo al público.