FICHA TÉCNICA



Título obra El díario de un loco

Autoría Nikolái V. Gógol

Dirección Alejandro Jodorowsky

Música Raúl Cossío

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las 1,600 representaciones de El díario de un loco” en El Día, 26 agosto 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las 1,600 representaciones de El diario de un loco

Malkah Rabell

Después de tantos años: 18; y de tantas funciones: mil 600; ya se hace muy, pero muy, difícil decir algo nuevo acerca del único intérprete de ese monólogo: Carlos Ancira; acerca de la obra: El diario de un loco; acerca del director: Alexandro Jodorowsky –a quien el intérprete siguió fiel durante todo ese tiempo, lo que más bien es cosa rara–; y acerca del autor: Gógol.

No obstante, para mí la representación resulta nueva. La vi en sus inicios y desde entonces el recuerdo se hizo vago, esfumado en la lejanía. Y lo más novedoso me pareció el público. Un auditorio en su mayoría joven que agotó las localidades. Espectadores que hace 18 años aún iban a la escuela primaria, o estaban en pañales. Un auditorio de nueva generación cuyo entusiasmo tal vez supera al de sus padres. No recuerdo en el estreno de hace casi dos décadas tantos aplausos como en la actualidad, cuando para finalizar los presentes se levantaron, y de pie gritaban bravo. Con semejante público las numerosas actuaciones ya no imponen monotonía alguna y cada "lunes" se renueva el interés del actor por su personaje.

Según recordaban los iniciadores del Teatro de Arte de Moscú, Nicolás Gógol exigía siempre: "verismo en la representación de la vida". Y no puede dejar uno de extrañarse, que Alejandro Jodorowsky, que en el transcurso de su carrera pasada se ha dedicado a las más barrocas o abstractas búsquedas artísticas, haya seguido al pie de la letra tal exigencia gogoliana en el presente caso. Y a su vez, Carlos Ancira ha respondido a ella con todas sus posibilidades interpretativas y ha creado a su protagonista con una autenticidad que, milagrosamente, hoy se antoja fresca, nueva y absolutamente dentro de los lineamientos del teatro moderno. Dieciocho años después del estreno, aún nos sorprende esa lenta marcha hacia la locura definitiva que durante 2 horas de actuación expone, desarrolla y cierra con broche de oro el intérprete, en un papel que no sólo crea un carácter, sino, corno en toda la obra de Gogol, ofrece una imagen "nacional realista", es decir la de un país y de una época, la de Rusia en tiempo de los zares.

Todo el mundo sabe que nada es más difícil que el arte del monólogo. Nada más complejo que mantener el interés del público con la presencia de un personaje único en el escenario. A veces se piensa que los monólogos se escriben exprofeso para personajes dementes. Únicamente los orates pueden hablar a solas durante todo el transcurso del drama. Pues en este complejo arte, Carlos Ancira logra mantener en tensión a todo el auditorio y cada uno de los episodios cuyo corte marca la repentina oscuridad, fueron recibidos con prolongados aplausos. Sobre todo en la última parte, cuando nos damos cuenta que este enfermo mental, convencido de ser el rey de España, en realidad ya se encuentra en el manicomio, donde lo martirizan con los viejos sistemas supuestamente curativos, de camisa de fuerza, de duchas heladas y golpizas, es cuando el actor logra adquirir su máxima fuerza dramática, su máxima altura interpretativa. Y para subrayar el dramatismo de esos momentos, la música de Raúl Cossío, que acompaña en tono menor toda la representación, alcanza su mayor intensidad, logra una especial sugestión e impone a todo ese final un carácter desgarrador.

Un actor, como Carlos Ancira, que consigue mantener el apasionado interés no de SU público, sino de públicos diversos, de distintas generaciones que van sucediéndose en la sala de sus funciones, ha conquistado ya un lugar definitivo en la historia teatral de su país.