FICHA TÉCNICA



Título obra Zoila Sonrisas

Autoría Mary Boylan y Roberto Dalidah

Notas de autoría Angélica Ortiz / adaptación

Dirección Manolo García

Elenco Judy Furlong, Óscar Servín, Angélica Vale

Escenografía David Antón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Zoila Sonrisas” en El Día, 19 agosto 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Zoila Sonrisas

Malkah Rabell

Un poco por curiosidad, y otro poco porque es más fácil asistir a una matinée que a un espectáculo nocturno, en esta época de lluvias cuando no se consigue taxi y hay que viajar apretujados en un camión, y volver a altas horas de la noche en condiciones aún peores, pues debido a estas razones asistí un viernes a las 11 de la mañana a la representación que anuncia a la pequeña Angélica Vale como estrella: Zoila Sonrisas.

Esta extraña manifestación de "talento" infantil hace mucho que me llama la atención. ¿Por qué dos artistas de fama y de fortuna, se dedican a explotar a una niña que probablemente no llega ni a los cinco años?

Seguramente los padres de esta criatura no lo toman como explotación sino que lo consideran como un "homenaje" a las virtudes histriónicas de su vástago. Sin embargo, en una edad cuando una niña necesita el ambiente de un jardín de infantes, con maestros y otros niños de igual edad, nada más malsano que la atmósfera de la farándula, entre adultos y problemas que no la atañen. Sobre todo cuando se la presenta como estrella y desde tan tierna edad empieza a adquirir las deformaciones de una primera figura de las tablas, con su desatada vanidad, su egoísmo y egocentrismo. Semejante caso sólo puede explicarse y disculparse si se trata de un menor "fenómeno", cuya aparición en el escenario es realmente algo extraordinario, y no hay derecho de quitarle al público la posibilidad de admirarlo. Nada de tal sucede en el presente caso. Angélica Vale es una niña corriente, como los hay miles, que se presentan en veladas televisivas realizadas para buscar talentos infantiles.

En el escenario, en su papel de Zoila Sonrisas, Angélica Vale parece un pequeño autómata a quien le enseñaron los movimientos, los gestos y las palabras como a una maquinita que repite todo mecánicamente. Al cabo de un rato, se hace insoportable ver a esta reducida mala actriz, cuya única virtud, aparte de ser la hija de dos conocidas personalidades, sea, tal vez, tener un buen oído y el sentido del ritmo (algo tuvo que heredar de sus padres, cantante y músico). Lo que la ayuda a seguir el canto y la danza de los demás actores.

En cuanto a la representación de la comedia musical de Mary Boylan y Roberto Dalidah, adaptada por Angélica Ortiz, quizás en distintas circunstancias podría resultar divertida, con su casa de huéspedes donde viven sólo actores sin empleo, que no pueden liquidar sus mensualidades a la dueña, la que a su vez carece de medios para pagar el alquiler y se halla a punto de ser desalojada. Sobre todo es a un auditorio de niños a quienes se dirige el espectáculo, con su escenografía de David Antón que representa una casa de muñecos que se abre y cierra como un juguete. Mas, en el presente caso, a pesar de contar con algunos actores profesionales de calidad, como, por ejemplo July Furlong y Óscar Servín, y hasta con un director de bastante renombre, como Manolo García, la representación se hacía monótona y larga. Los intérpretes adultos parecían cansados, como si hubieran pasado la noche en vela, y aún no lograban recuperar su agilidad natural. Daba la impresión como si todos al sentirse inútiles, simples peones en ese tablero escénico donde se hallaban para darle la réplica a la star, la única importante, Angélica Vale, perdieron sus bríos y sus ganas de actuar, y sólo se dedicaran a cumplir, de la manera menos entusiasmada, con la estricta obligación de sus papeles. Y lo más triste resultaba que el auditorio, tanto de los adultos como de los niños, parecía tan falto de entusiasmo como los actores.