FICHA TÉCNICA



Título obra Deborah

Autoría Federico S. Inclán

Elenco Carmen Montejo

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Deborah con Carmen Montejo” en El Día, 12 agosto 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Deborah con Carmen Montejo

Malkah Rabell

Representación terriblemente heterogénea, el monólogo Deborah de Federico S. Inclán mezcla tal cantidad de elementos distintos, que a veces nos marea y perdemos el hilo del argumento. Lado al lado figuran: Margarita Gautier y Las troyanas, Orfeo desciende y Aove la policía, y hasta un poema de José Martí, por cierto muy bello, pero absolutamente innecesario, inútil en semejante contexto, sobre todo recitado todo entero por la protagonista. Y no sabríamos decir si este maremágnum de textos diversos, se debía al original de Federico S. Inclán, a la intérprete o a la dirección, mejor dicho a la falta de dirección. Porque, como de costumbre, Carmen Montejo ignora la dirección, y si la obra la tuvo en alguna oportunidad –ya antes lo representó en Quito–, sus huellas se han perdido, y en la presentación actual, el programa de mano no se cita a director alguno.

Todo el mundo sabe que Carmen Montejo es una gran actriz, admirada y respetada por críticos y público, sobre todo por un auditorio muy fiel, muy suyo, que la sigue desde años en los diversos teatros, y en las más distintas obras. Pero también desde años comete los mismos errores: abusa de su facilidad de moverse con toda libertad por el escenario y acapararlo; de ser siempre y permanentemente la "Estrella", la "Star", con mayúscula. Hasta cuando tiene director se diría que no se deja manejar, y aún no encontró la mano de hierro que pudiera domar su temperamento artístico, enmarcarla cada vez de un modo diferente en sus diversos papeles. Y por falta de dirección, la intérprete resulta repetitiva.

En el presente caso, Deborah es una actriz enloquecida, que encerrada en su camerín a la espera de la policía, por un delito que cometió y cuyo carácter recién se llega a conocer al final, rememora sus máximos triunfos en el teatro. Solamente considerada como demente podemos admitir que una persona durante toda la duración del espectáculo hable sola y salte de un tema a otro, de un papel a otro de su larga carrera, hasta llegar al final. Un final del cual sólo podemos decir –tal como lo dice el programa de mano– que es "inesperado". Por fortuna cada episodio de las obras que Carmen Montejo de veras interpretó, son interesantes y mantienen el interés del público tanto por el contenido como por la actuación de la protagonista. Lo que le valió que al caer el último telón el público de pie la ovacionara.

Pero me hubiese gustado oír la opinión del autor acerca de la realización de la protagonista. ¿Así la vio, a Deborah, Federico S. Inclán? ¿No pasaba con excesiva alegría y animación de la risa al llanto, y viceversa? Pero ya nunca podrá opinar en torno de su creación dramática. Federico S. Inclán falleció el 25 de marzo de 1981. Y si este espectáculo en el Julio Prieto es un homenaje a los 50 años de actuación de Carmen. Montejo –cuya carrera se inició muy temprano, la edad de 6 años, cuando en su Cuba natal actuaba con el nombre "Muñeca Sánchez"–, también debe serlo a la memoria de ese dramaturgo mexicano, quien como autor dramático se reveló en 1950 con Luces de Carburo, obra por la cual obtuvo el primer premio en las "Fiestas de Primavera" de aquel año. Del mismo autor dijo, Antonio Magaña Esquivel en su libro Medio siglo de teatroen México, que "...es con Emilio Carballido, el autor mexicano que mayor número de premios y de galardones obtuvo". Fue, probablemente, entre nuestros autores nacionales, el más hábil en el manejo de la construcción teatral tanto del drama corno de la comedia, y con frecuencia mezclaba los 2 ingredientes para obtener un melodrama, que rara vez dejaba indiferentes a los espectadores. Es lo que hace con Deborah. Introduce en el monólogo una sonrisa que aparece justo en los momentos más intensos y más dramáticos, y permite al público recuperar la calma. Lástima que la protagonista a su vez introducía morcillas que nada aportaban.

Con este monólogo: Deborah cada lunes, durante algún tiempo, las puertas del teatro Julio Prieto se abrirán para presentar a Carmen Montejo en una obra es Federico S. Inclán.